martes, agosto 23, 2011

WALTER RISO: PUEDES SER INFIEL A TU PAREJA SIN DEJAR DE SERLE LEAL


Cuando te enamoras de una persona que no te conviene, la esperanza no es lo último sino lo primero que debes perder. Para perderla, empieza por mortificar tu ego: admite tu fracaso. Sólo después podrás elaborar el duelo con ayuda de buenos amigos mentirosos que te digan lo estupendo que eres (evita a los malos, que te dirán lo maravillosa que era tu pareja). Aprende a perder, humilla a tu ego, liquida la esperanza, escucha a los buenos mentirosos, elabora tu duelo... Todo ese proceso te irá sacando del hoyo. Pero el empujón definitivo no te lo dará el terapeuta, sino el hartazgo. Cuando te canses de ser un idiota, descubrirás que el principio de todo amor es tenerse a uno mismo.”
  
Si de verdad le interesa saber cómo está su relación de pareja. Antes saber que lamentar. Coja un papelito y váyase a un banco del parque y escriba arriba bien grande el nombre de su pareja. Y ahora hágase la pregunta: ¿por qué no debería quererle? Si vuelve a casa con el papelito en blanco, es que le queda pareja para rato, pero si la lista de razones crece y crece: No debería quererle: porque no me escucha, porque ronca, porque sale sin mí, porque llega tarde.

¿Por qué no hacer una lista de sus cosas buenas en vez de sus defectos? Porque la complicidad no se manifiesta en el gusto, sino en la ausencia de disgusto. Esta lista no es de defectos objetivos, que tal vez a usted incluso le gusten, sino de las cosas que a usted le disgustan, que no es lo mismo. Porque ahora estamos hablando de pareja y no de enamoramiento súbito.

En el enamoramiento, los contrarios se atraen, pero esa atracción dura poco y sólo se transforma en el cimiento de una pareja estable si evoluciona hacia la complicidad, la afinidad y, al cabo, el respeto que la mantendrá unida durante años. Y para lograr eso es más necesaria la ausencia de disgusto que el propio gusto.
  
El combustible de una pareja duradera es el me he amistado y no el me he enamorado. Es la paulatina construcción racional de afinidades y no el abandono al arrebato: más que coincidir de repente en que nos gustan las mismas cosas, es ir dándonos cuenta de que nos disgusta lo mismo.

Si algún día llegamos a esa construcción no será gracias a un gran acierto repentino, sino merced a una sucesión de fracasos aleccionadores. Todos construimos nuestra convivencia en pareja a fuerza de fracasos racionalizados. Para que una relación dure, hay que racionalizar el amor sin dejarse llevar por él como si fuera una canción del verano cursi.

Pero no espere llegar a la pareja de su vida gracias al arrebato de una noche. Son cosas distintas, aunque persista la cultura estúpida de idealizar el amor contrariado que nos mata y nos resucita. Esa sandez sirve para vender canciones y perfumes, pero no para encontrar pareja estable y satisfactoria.

No digo que nuestro ego no necesite de vez en cuando la conquista –tanto o más que el goce del coito–, pero en el postcoito tendrán ustedes que poder hablar de algo... Y para no aburrirse entonces necesitarán algo de complicidad.

A medida que buscas pareja –y a menudo la biología nos convierte en incapaces de no buscarla– y las relaciones van acabando, vuelves a buscar otras. Y, poco a poco, ya no te guías tanto por la entrepierna ni tampoco por el corazón, sino que usas más la razón.

Llegamos a la madurez amorosa a partir del fracaso y, en el proceso, más que buscar lo que quieres, tratas de evitar lo que no quieres. Así, vas haciendo una lista más o menos consciente de incompatibilidades, y evitarlas es decisión de la razón y la voluntad.

Por ejemplo. Te apasionan los carácteres fuertes, pero ya has aprendido tras los 700 golpes que no te convienen, así que aprendes a evitarlos. O más sencillo: ¿te gusta cocinar? Bien. ¿Pero también te gusta comer? ¿No? Pues, fuera: yo no como a gusto si no es en compañía.

Entre dos personas maduras se puede ser infiel, pero leal. Se puede ser infiel al cuerpo de la pareja, pero leal al pacto que tienes con ella. La lealtad es ser fiel a ese pacto con tu pareja y no tanto a su cuerpo. Si ustedes acuerdan que cada uno sale los sábados y hace lo que quiera, pues bien: ese es su pacto. Sólo lo romperá y será desleal si repite otro día. Cada miembro de la pareja debe tener su propio espacio de intimidad y que cada uno respete el del otro. Lealmente. Nada me daría más miedo que la sinceridad total, que sería poder meterme en la mente de la persona querida. Lo sugiere Stanley Kubrick en Eyes Wide Shut, una película que a mí me pareció terrorífica.

A veces en la consulta soporto a parejas insultándose y, cuando les sugiero que se separen, me miran ofendidos y se cogen las manos y me contestan: ¡Pero nos amamos! Y les digo: Pues ¡qué lástima!, porque serían ustedes mucho menos desgraciados cada uno por su lado. Vienen señoras llorando y les pregunto cómo las dejó su pareja, y es una película de terror con monstruo. Pero me la cuentan llorando cuando deberían contarla riendo por su liberación. La terapia es lograr que se rían.

Decir "no sé" a menudo no es sinónimo de ser ignorante, sino de aceptar las propias limitaciones. Dos palabras que liberan a quien las pronuncia y abren el camino de la exploración terrenal; de todo aquello que nos aguarda al otro lado de la barrera mental construida a base de dogmatismo y prejuicios. Quien se muestra ante los demás como el Dios que lo sabe todo, que nunca se equivoca ni es capaz de dejar a un lado sus ideas para escuchar al prójimo, se perjudica a sí mismo. Es lo que ha constatado a lo largo de su carrera Riso, psicólogo especialista en terapia cognitiva y bioética que acaba de publicar El arte de ser flexible.

El 80% de las personas que trato tienen una mente rígida, compuesta por patrones y esquemas que les cuesta revisar. ¿Por eso enferman? La rigidez mental afecta a la salud, la calidad de vida y a la capacidad de ser feliz. Por eso las personas rígidas se deprimen más y padecen trastornos de ansiedad. Además, como no son capaces de adaptarse al cambio, viven en un estrés permanente.

Y no padecen sólo enfermedades. Acaban solas y aisladas del mundo como consecuencia de sus problemas de relaciones interpersonales; son egocéntricas, les cuesta controlar sus impulsos y acaban generando odio, rencor, resentimiento e ira contra los demás. También sufren los que están a su alrededor, porque las personas rígidas no son capaces de negociar, de encontrar los puntos medios, de adaptarse a las circunstancias, lo cual genera estrés en aquellos que las rodean ya sea en el núcleo familiar, afectivo o profesional. Sienten una gran ansia de poder, les gusta tener discípulos y fundar sectas; son arrogantes, piensan que lo saben todo y se bastan por sí solas; pero, sobre todo, las distingue la falta de autocrítica, nunca dudan de sus acciones ni pensamientos. Se sienten presionadas y suelen mostrar agresividad verbal o física. Se comportan de manera dictatorial puesto que se niegan a revisar sus creencias y acciones. Los fundamentalistas no son sólo los que atentan contra las torres gemelas, sino que se encuentran también en la calle, en casa y en el colegio.

¿Cómo se previenen y sanan las mentes inflexibles? Desde el colegio, aprendiendo el valor de la humildad, de conocer nuestras propias limitaciones y saber que el mundo no gira sólo a nuestro alrededor. Otra cosa que enseñaría en la escuela es a decir "no sé" sin sentirse ridículo. Yo digo mucho "no sé", a mis pacientes les enseño a decir "no sé", se lo digo a mis alumnos de la universidad. Y siento un gran alivio porque me saco de encima el paradigma del "yo lo sé todo".

Una mente rígida puede dejar de serlo, aunque sólo cuando se enfrenta a situaciones límites. Conocí a un paciente que pensaba firmemente que los drogadictos eran locos y peligrosos. Un día descubrió que su hijo consumía drogas y pasó a verlos como enfermos. Tenemos que aprender a cuestionar nuestras ideas. Si la lógica te demuestra que estás equivocado, debería ser suficiente para cambiar tu manera de pensar. Sin embargo, muchas veces preferimos recurrir al autoengaño, sesgamos la información a favor de nuestras creencias porque es más fácil confirmar una idea que cambiarla por otra.

¿Qué papel juega el humor? Es metafórico, te lleva al absurdo, hace de la contradicción un motivo de risa, lo que asusta a las personas con mente rígida, que prefieren la solemnidad, porque el humor es subversivo. Una persona que no ríe nunca es insoportable para cualquiera que esté cerca. ¿Qué significa estar casado con una persona así? Es una pesadilla tener que compartir la vida con una persona extremadamente perfeccionista, obsesiva, que considera trascendente todo lo que le ocurre, que se ofende ante cualquier broma, no perdona ni cinco minutos de retraso ni un calcetín tirado en el suelo.

¿Qué caracteriza al flexible? Suele distanciarse de sus propios pensamientos; sabe reírse de él mismo. Tengo un amigo que en sus discursos se autocita, es su propio referente. No hay nada más ridículo que tomarse en serio a uno mismo.  ¿Cómo hay que empezar a abrir nuestras mentes? Hay que entender que la excepción a la regla te permite tener una mejor visión de la vida; le enseñamos a los niños el valor de la perseverancia para triunfar, pero no a saber perder, a decir: ¡De acuerdo, bajo las armas, perdí y me importa un rábano! Este también es un valor.

Hay que saber posicionarse en el camino del medio tratando de evitar los extremos, el pensamiento dicotómico, el todo o nada, el blanco o el negro… Una mente flexible es capaz de ponerse en la piel de su interlocutor y escuchar. Cito el ejemplo del japonés que le lleva arroz a su difunta y en el cementerio se encuentra con un occidental, quien le mira con sorna y le dice: ¿Usted cree que su mujer va a comer arroz? Y el japonés le contesta: ¿Y usted que la suya olerá sus flores?

La bioética dice que cuando mantengamos una conversación o negociación con alguien que tenga un punto de vista diferente al nuestro, es recomendable poner nuestras ideas dentro del congelador. De esta manera conversaremos y escucharemos sin prejuicios. Luego, será momento de confrontar y llegar a una conclusión.

¿Qué define a la mente líquida? Son fruto de la posmodernidad. Si bien es autónoma, vive en la contradicción permanente puesto que prefiere no tomar partido ni tener ideología alguna; le da lo mismo todo y es indolente. ¿Enferma? Sí, puede derivar en una personalidad esquizoide, es decir, aquella que monta un círculo a su alrededor impenetrable, por lo que mantiene un contacto superficial con la gente. Desde luego, nunca entregaría mi alma a una mente líquida porque no la va a tener en cuenta.

¿Qué tipo de mente es la más predominante? Antes, era la rígida; ahora, la líquida, que nació de la muerte de la ideología. Ni rígidas ni líquidas. Lo ideal es entender que uno tiene que tener principios pero ser capaz de revisarlos cuando sea necesario. Las cosas cambian o te pasan por encima.  ¿Qué buscan las mentes rígidas cuando van a su consulta? Alivio. No piensan en cambiar porque sería incómodo para ellas. Sin embargo, las crisis son importantes para ordenar el desorden. ¿Y una vez abren su mente? La mayoría piensa: ¡Lo que me perdí! Había un mundo ahí que podía haber descubierto y no lo hice porque tenía miedo a explorar. Entonces, abren los ojos al mundo. ¡Sienten alivio, liberación, alegría y duermen mejor por las noches! La asertividad nos permite una mejor defensa psicológica y nos hace personas más seguras.

Walter Riso,
Psícólogo
autor de Manual Para No Morir de Amor y El Arte de Ser Flexible.

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