domingo, agosto 19, 2012

LA ISLA DE LOS MUERTOS






La vida es tan peculiar que, tras codearse con la muerte, se engalana de misterios y encrucijadas que erizan la piel de toda presencia que habita entre sus fauces, es así como nacen las leyendas, los lugares malditos, los hechos que se inscriben en la Historia como pasajes de miedo, locura, dolor y sufrimiento, dejando ese tufo oscuro que alimenta las más espantosas maldiciones. Son momentos que es mejor pasar de largo, no acercarse a ellos, porque un solo segundo de parada en ellos te quebranta los huesos. Son espacios enervantes, sulfurosos, que si te atrapan terminas engullido como una mosca que se evapora en la espiral liquida de los desagües de cualquier habitáculo maltrecho.

Poveglia es uno de esos lugares que a veces es mejor no pronunciar ya que su propio canto te astilla los percutores neuronales hasta tal extremo que la cabeza se queda como una cacerola vacía. Se trata de una pequeña isla situada entre Venecia y Lido, en la laguna de Venecia, al norte de Italia. Un pequeño canal divide la isla en dos partes. No es un lugar especialmente agresivo por los oleajes ni los vientos, pero algunas veces, sus aguas son capaces de arrastrar restos humanos carbonizados procedentes de su terrorífica historia. En consecuencia su visita hoy en día sigue estando totalmente prohibida. Y es que por todas las maldiciones, hechos y leyendas que se ciernen sobre esta isla, ningún barco, ni turístico ni pesquero, se acerca a sus costas ni siquiera pescan en sus alrededores porque cuando lo hacen sus redes conllevan huesos o restos humanos.

KarlFM.-


La oscura historia de la isla de Poveglia comenzó durante la época romana cuando se usó para aislar las víctimas de la peste que asoló la Europa de aquellos tiempos. Siglos más tarde la isla serviría para idéntico fin.

A comienzos del  Renacimiento, siglo XIV, Europa sufrió una tremenda plaga de peste bubónica. En Venecia se cebó especialmente, un lugar del que era imposible escapar, sus sucias aguas, la humedad y el trasiego de mercaderes, hicieron el resto. Se llegó a tal extremo que no había sitio dónde dejar los cadáveres, se apilaban como montañas de naipes, pero no era suficiente y había que buscar una salida a la situación desesperada.

Ante tal desastre humano las autoridades de la ciudad deciden en consenso con el clero que los cuerpos sean trasladados a la isla de Poveglia.  Los cadáveres eran trasladados a la isla y en enormes fosas eran incinerados. Según un censo de la época la peste  aniquiló más de un tercio de la población europea. Es por ello, que las autoridades médicas y civiles decidieron que no sólo había que llevar a los muertos, sino también a todos aquellos que padeciesen los síntomas. Hasta allí fueron confinados hombres, mujeres y niños todavía vivos y lanzados a las piras crematorias con el fin de expirar los males.





La isla se convirtió en un extenso paraje de almas apestadas, desoladas, deambulantes y muertas; se estima que más de 300.000 seres humanos pasaron y murieron allí. La llaman la isla de los muertos porque con el tiempo la isla se ha convertido en una zona podrida debido a la creación de una gruesa capa de ceniza pegajosa. Suena a cuento de terror pero el núcleo de la isla es, literalmente, una masa incalculable de restos humanos que parece ser muy buena para las viñas que se plantan allí.

En un intento de que la isla volviera a funcionar, los italianos instalaron una especie de psiquiátrico que desgraciadamente contribuyó aun más a enturbiar el maldito ambiente del lugar. El Director del psiquiátrico comenzó a experimentar con los pacientes nuevos métodos de curación, lobotomías y trepanaciones eran prácticas habituales en los pacientes con herramientas rudimentarias como taladros de mano, cinceles y martillos. Muchos de ellos fueron llevados a la torre del campanario, donde fueron torturados y sometidos a una serie de inhumanos horrores.











Los pacientes empezaron a flipar, contaban horribles historias sobre fantasmas que pululaban por la isla, sonidos extraños que engullían los espacios y acontecimientos espeluznantes que sembraron el pavor isleño; pronto las leyendas y acontecimientos se mezclaron generando un clima de horror entre los venecianos que provocaron una infernal aversión hacia Poveglia. Con el tiempo el director se volvió loco y en uno de sus ataques, se lanzó desde la torre del hospital pero no le mató en el acto, sino que mientras se retorcía de dolor en el suelo, una especie de niebla salió del suelo y lo estranguló hasta la muerte. Se rumorea que el espíritu del médico sigue entre los ladrillos del campanario y alguna que otra noche, se puede escuchar el repicar de la campana en toda la bahía. Aquel acontecimiento fue el final del psiquiátrico que hoy día aún permanece cerrado en Poveglia.

Después de este suceso la isla volvió a quedar vacía y fue cerrada por el gobierno italiano hasta que una familia adinerada la compró. Actualmente todavía son los dueños de la misma pero desde la lejanía ya que tan sólo la habitaron durante un día debido a que vivieron un extraño suceso que nunca quisieron desvelar, pero se sabe que su hija salió ilesa al tener que darle 14 puntos en la cara. Actualmente la familia solo utiliza Poveglia para plantar sus viñedos, pero solo por el día. Todos los que van allí salen atemorizados por los lamentos que escuchan y el extraño ambiente que se respira.









Varios psíquicos han visitado la isla y  el hospital abandonado, pero todos ellos han sentido allí un miedo a la muerte atroz. De vez en cuando algunos temerarios han esquivado las patrullas de la policía para explorar la isla, pero todo el mundo que lo ha hecho se ha negado a regresar diciendo que hay una atmósfera pesada maligna, que sientes como si alguien respirara sobre tu cuello, ves sombras en movimiento y que los gritos y gemidos de los torturados que atraviesan la isla hace insoportable permanecer allí.

Un informe de unos buscadores de emociones equivocadas que huyeron de la isla, dice que después de entrar en el hospital abandonado, una voz sin cuerpo les ordenó: Salgan inmediatamente y no vuelvan. Ellos nunca pudieron hacerlo.

Fuentes:

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