sábado, junio 16, 2012

LA MISTERIOSA MUERTE DE ALFONSO DE BORBÓN



Nunca se ha estudiado ni comentado en los colegios españoles, poca gente lo sabe y los que lo saben no lo tienen muy claro. El 29 de marzo de 1956, mientras veraneaba en la residencia familiar de Estoril (Portugal), Juan Carlos de Borbón, el que se convertiría más tarde en rey de España, disparó accidentalmente a su hermano Alfonso, causándole la muerte. Fue una muerte que nunca fue investigada por la justicia española ni por la del país luso. Algunos historiadores "borraron el capítulo de las biografías del rey". Que sobre el asunto no se hablara en la época de la dictadura de Franco es algo lógico según la política que se ejercía por entonces, pero no deja de resultar curioso que después del establecimiento de la democracia en la vida española se siguieran ocultando hechos pasados. Si bien la muerte de Alfonso de Borbón no es un hecho que sea totalmente desconocido, sí que es cierto que la poca divulgación y contradicciones que se pueden encontrar en libros y foros hacen que sea un suceso confuso y cercano a la leyenda urbana (Historia Siglo XX. Suite 101).
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Juan Carlos de Borbón nació con honores de heredero, pero, llegado el momento, además de pasar por encima de su propio padre, tuvo que superar un par de obstáculos más: dos Alfonsos, que le habrían podido quitar la Corona. Uno se encontraba en la rama de Jaime, el tío sordomudo, que se retractó mil veces de su renuncia al trono. Cuando Alfonso de Borbón Dampierre se casó con la nieta de Franco el problema de la sucesión a la corona se complicó más.

Otro problema importante con el que se encontró Juan Carlos fue la competencia de su hermano Alfonso, tres años menor. Es cierto que no había ninguna duda de que Juan Carlos era el primero en la línea sucesora, pero entre los Borbones, saltarse a alguien no era excepcional en absoluto.

Alfonso era el listo de la familia, le llamaban Senequita, todo el mundo hablaba de su aguda inteligencia y gran sensibilidad. Era sin lugar a dudas el predilecto de su padre. Una supuesta lucha de predilecciones desapareció muy pronto: Juan Carlos tenía 18 años y 83 días cuando accidentalmente le disparó un tiro a su hermano. El otro problema del primo Alfonso de Borbón Dampierre no se consideró resuelto hasta el día de la coronación de Juan Carlos, aún así, murió misteriosamente (1). 

(1) Su muerte ocurrió mientras se encontraba inspeccionando las pistas de Beaver Creek después de la celebración de unas pruebas de esquí femenino; se encontró a su amigo Toni Sailer (1935-2009), campeón de esquí austríaco y bajaron juntos por las pistas; al llegar a la meta, Sailer se paró al ver un cable demasiado bajo y fue a avisar del peligro a los esquiadores. Sin embargo, Alfonso de Borbón pasó por la izquierda de Sailer y el cable le sesgó el cuello. Al parecer, un empleado llamado Daniel Conway había estado manipulando el cable de acero. La muerte de Alfonso fue instantánea. La muerte de Alfonso fue inmediata).

Juan Carlos avisó a su padre a gritos. Cuando Don Juan subió y vio como su hijo se estaba desangrando en el suelo, en aquel momento cogió la bandera de España y la puso sobre el cadáver y exigió a Juan Carlos que, allí mismo jurara que no lo había hecho a propósito ... oficialmente la Embajada española distribuyó a través de la agencia EFE la versión de que el accidente había tenido lugar cuando Alfonso limpiaba el arma (se le había disparado al propio Alfonso). Pero ... la revista italiana Settimo Giorno publicó una versión distinta que se aproximaba mucho más a la verdad. 

El hermano de Don Juan, Jaime, pidió una investigación, pero Don Juan no la consideró oportuna y no se llevó a cabo. En un documento fechado en 1957,  Jaime finalizaba el mismo refiriéndose a la muerte de Alfonso, con la siguiente frase: “exijo que se proceda a ésta encuesta judicial porque es mi deber de jefe de la Casa de Borbón y porque no puedo aceptar que aspire al trono de España quien no ha sabido asumir sus responsabilidades”. No obstante la investigación por la muerte de Alfonso de Borbón, nunca se llevó a cabo. Este desafortunado suceso ha debido marcar la vida del monarca Juan Carlos.

Anotaciones del libro Un Rey Golpe a Golpe. Biografia no autorizada de Juán Carlos de Borbón. Patricia Sverlo.-

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La versión más aceptada de la muerte de Alfonso es que Juan Carlos y Alfonso jugaban en el patio con el revolver supuestamente descargado cuando les entró hambre. Alfonso se ofreció para ir a buscar algo de comida mientras Juan Carlos se quedó jugando con la pistola. Justo cuando éste estaba apuntando a la puerta, Alfonso la abrió con la comida asustando a su hermano, que disparó colocando "accidentalmente" el tiro entre ceja y ceja. Aunque intentaron reanimarle, Alfonso ya estaba muerto. 

Este hecho afectó mucho emocionalmente a su madre, María de las Mercedes, que estaba presente durante el accidente y tuvo que recuperarse en una clínica alemana a causa de depresiones porque se creía responsable por haber dejado a sus hijos jugar con el arma, para evitar que, aburridos en un atardecer lluvioso, siguieran peleándose.

Como siempre, la gran prensa española y el gobierno franquista trataron de liberar de toda responsabilidad y acusación a Juan Carlos, el elegido por el Caudillo Francisco Franco para ocupar la jefatura de España tras su muerte, pero los hechos fueron rápidamente manipulados. A la censura se sumaron los nobles de España que regularmente visitaban la ciudad portuguesa de Estoril, así como la prensa de Portugal, sometida a la dictadura del derechista general Salazar. El historiador Paul Preston dio su tesis sobre el controversial suceso en su libro, Don Juan Carlos. El Rey de un Pueblo.

La decisión de silenciar los detalles fue adoptada personalmente por Franco ya que el arma que acabó con la vida de Alfonso, un revólver del calibre 22 había sido regalado a Juan Carlos por el mismísimo dictador. Lo curioso del hecho es que el día del supuesto accidente el futuro rey de España contaba con 18 años de edad y un año de instrucción militar en la Academia General Militar de Zaragoza. Alfonso recibió sepultura en el Cementerio de Cascais, al mediodía del sábado 31 de marzo de 1956. Juan Carlos asistió a la ceremonia vestido con el uniforme de oficial cadete de Zaragoza. Tras la ceremonia cogió la pistola que había matado a su hermano y la tiró al mar. Incapaz de soportar la presencia de su hijo mayor, Juan de Borbón (padre) le ordenó que volviera a la Academia Militar. El general Martínez Campos y el comandante Emilio García Conde se habían presentado allí con un avión militar español en el que el príncipe Juan Carlos fue devuelto a Zaragoza, por orden de Franco, obviamente.

¿Homicidio culposo? Lo menos, irresponsabilidad de parte de Juan Carlos de Borbón, quien con sus conocimientos de armas, puesto que cursaba en la Academia Militar de Zaragoza, y con 18 años de edad jugaba semejante juego con su hermano menor. La verdad es que la familia lo encubrió para que el fuera rey de España.
 
Paul Preston, reconocido historiador e hispanista, nacido en Inglaterra, autor de diversas obras de Historia Contemporánea de España y Doctor en Historia por la Universidad de Oxford; miembro de la Academia Británica de Historia.



No cabe duda de que en los palacios las habas se cuecen en cuencos nobles aunque en el fondo el olor a col se esparce por todas partes. Es cocina exclusiva, donde toso queda en familia y los manejos no trascienden más allá de las cornisas reales. Fuera lo que fuera, solo lo saben los implicados y testigos directos ya que las pruebas se las llevé el tiempo, el silencio y el pacto. Lo que se come y digiere en palacio es asunto de estirpes, el resto de ciudadanos ni  plato ni migajas; el festín es para águilas de corona azul no para gaviotas carroñeras.  Si fue asesinato, homicidio, accidente, solo los implicados lo saben de los cuales solon uno sigue vivo. De todo es sabido que en las cortes reales las intrigas, las envidias por el poder, las artimañas e incluso los delitos dem sangre, son tan ciertos como que existe la vida. Si las piedras hablaran nos quedaríamos horrorizados de lo que han visto. En la Iglesia, en la realeza, en los gobiernos, en cualquier parte donde el poder lanza sus flatulencias. Por eso yo me pregunto mil veces ¿para qué demonios necesitamos a un  matarife de elefantes y a un ligón de sangre azul?

KarlFM.-






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