lunes, octubre 24, 2011

TODOS LOS NIÑOS PUEDEN SER EINSTEIN



La capacidad potencial de todo el mundo es suficiente para lograr cualquier cosa. Cualquier progenitor puede formar entre su familia a seres irrepetibles y geniales que ayuden a progresar a la sociedad en la que viven, y por consiguiente hacerles más felices a ellos y a los que lo rodean. A partir del cuarto hijo todo es fácil, pues entre ellos lo hacen todo: ponen la mesa, se hacen la cama, los mayores bañan a los pequeños. Si un niño ha de pensar adecuadamente, necesita que le enseñen a pensar; si ha de resolver problemas, necesita adquirir la habilidad de resolverlos; si ha de utilizar su cerebro de modo creativo, necesita practicar la creatividad intelectual, y para todo ello, precisa la suficiente motivación y confianza en sí mismo", comenta este experto en educación. Los niños quieren leer desde los dos años... pero los frenan hasta los seis años. ¡Qué pena! La capacidad intelectual de los niños es prácticamente infinita.

¿Pueden los padres interferir en la inteligencia de los hijos? ¿Nacen los peques con unas capacidades determinadas, o es posible convertirles en pequeños genios desde casa? El profesor Fernando Alberca de Castro, autor del libro Todos los niños pueden ser Einstein, lo tiene claro: a los niños no sólo hay que enseñarles matemáticas y lengua, hay que enseñarles a pensar. El cerebro se va haciendo más capaz conforme la experiencia es mayor y se ejercita más la inteligencia. Por eso los adultos son en realidad mucho más capaces que los niños. Lo que sí se da en los niños es una mayor atención e interés en aprender o experimentar.

Albert Einstein no aprendió a leer hasta los siete años, su maestra lo calificó como mortalmente lerdo; le costó sangre, sudor y lágrimas acceder a la Escuela Politécnica, y después de conseguirlo y finalizar su carrera, su tesis doctoral no causó la más mínima impresión al tribunal que la juzgó, considerándola bastante mediocre. Su propia madre decía que era retrasado mental. Hasta los nueve años no habló bien. ¿Qué le pasó pues para llegar a ser tan genial? Einstein usó el hemisferio derecho para resolver problemas del izquierdo. Visualizaba una solución, y su esposa le ayudaba a formularla matemáticamente. Pero era el hemisferio derecho, el intuitivo y creativo, el que resolvía, no el izquierdo, el matemático. Einstein acabó convirtiéndose en uno de los científicos más geniales del mundo como Thomas Alva Edison, Graham Bell, Stanley Kubrick o Federico García Lorca, que forman parte de la lista de genios que fueron malos estudiantes

Lo que puede pasarle a cualquiera: motivación y método. Motivación. Einstein tuvo que irse a otra escuela. Pero allí un profesor de historia hizo lo que nadie antes: pedirle opinión sobre las cosas. Esto motivó a Einstein. Si sientes que confían en ti, creces, para ser merecedor.

Alberca aboga por el afecto en vez de la amenaza y la sanción para acabar con el fracaso escolar. Todos los niños pueden ser Genéticamente hay muchas alteraciones que dan como consecuencia brillantes habilidades, pero los genios que hacen progresar a la humanidad y reconocemos como grandes sabios, fueron en su mayoría personas de inteligencia normal, aunque muy bien aprovechada. Einstein? Tus hijos pueden alcanzar cualquier logro intelectual.

Todos los escolares pueden ser motivados y todos pueden triunfar. Cada uno nace con su inteligencia. El coeficiente de inteligencia es innato, permanece inalterable y no sirve para nada. Lo determinante es la motivación. ¿Qué edad es la más adecuada para comenzar a ejercitar el intelecto de los niños? En orden de importancia: de 0 a 3 años en primer lugar. Después de 4 a 6. De 7 y 12 en tercer lugar. Y a partir de ahí, siempre. El coeficiente intelectual apenas varía a lo largo de la vida. Pero la inteligencia sí. La capacidad que nuestro cerebro tiene para resolver los problemas que se nos planteen, esa sí puede ir creciendo a lo largo de nuestra vida.

La escuela pone los focos en la sanción, fomenta el miedo al error cuando debería ponerlos en el acierto y en la creatividad.  Nuestra escuela parece reñida con la inteligencia. ¡Es imposible que haya un 30% de tontos! Desconfiamos de los alumnos, los educamos para evitar el fracaso y no para tener éxito. Aprendamos a jugar al éxito.

¿Cómo hay que reaccionar cuando estamos ante un mal estudiante o trabajador? Dándose cuenta de que las malas calificaciones o el poco rendimiento son una consecuencia en vez de una causa, y que generalmente están relacionadas con la baja autoestima o el deseo de llamar la atención por un problema emocional. Y en ambos casos comenzar por la motivación –de la que hablo de forma principal en el libro-, y por practicar algunas técnicas de estudio: lectura, subrayado, resumen, esquemas, presentación, una memoria más eficaz, concentración y relajación.

Somos animales emocionales. Nada estimula más a un alumno que el afecto. Si tu hijo detecta que confías en él, querrá superarse. A los niños les atrae el reto, la heroicidad. Si tu niño puede abrocharse el abrigo, no se lo abroches tú. Oriéntale en los deberes, pero dile que sabes que él los resolverá. Si se los resuelves tú, le enseñas a ser incapaz.

Si pudiera imponer una sola reforma escolar, dedicaría toda la primaria a una sola y única cosa: ¡aprender bien a leer y escribir. Nada hay más decisivo: se abren la puerta a todos los conocimientos. Y cuantas más cosas aprendan leyendo, más inteligentes serán. El aprendizaje es experiencia, el resto es información, dijo Einstein. No aprendes cosas porque eres inteligente: aprender cosas te hace inteligente. Y si de verdad eres inteligente, serás feliz. La inteligencia consiste en resolver problemas, y el problema más difícil es ser feliz.¿Puedo enseñarles a mis hijos cómo vivir felices? Hay que enséñales a superar obstáculos. A ver lo extraordinario en lo ordinario. A que todo acto tiene consecuencias y a amar de verdad.

¿Cómo se ama de verdad? Sin esperar nada a cambio. Nada reporta tanta felicidad como hacer feliz al otro sin que siquiera se entere. Haciendo eso nuestros hijos serán  inteligentes y felices, dependerán menos de los azares y serán capaces de lo que se propongan. Y lo inteligente podría ser proponerse no estudiar una carrera.

Fernando Alberca de Castro

44 años. Córdoba. Ocho hijos únicos (17, 16, 15, 13, 11, 9, 6 y 4 años). Indignado. Católico pero harto de la pobreza y la mentira. Si educas a niños, sonríe y exige. Experto en educación. Licenciado en Filosofía y Letras y Máster en Dirección de Centros Educativos. Ha sido profesor y director en distintos centros docentes de Huelva, Cáceres, Zaragoza y Asturias. Miembro del Comité de Arbitraje del Programa Argos 2004 para el Fomento de la Lectura, del Ministerio de Educación y Ciencia del Gobierno español. Ha sido colaborador en distintos medios de comunicación de radio, prensa y televisión. Ha publicado numerosos libros.

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