domingo, junio 12, 2011

UNIDAD 731: LA FÁBRICA DEL HORROR EXPERIMENTAL

 
  
 

Dicen que la naturaleza salvaje es muy cruel pero no conozco mayor crueldad que la surgida de las propias entrañas de la raza humana cuya historia está teñida sangre, tortura y macabridad. Cuesta llegar a comprender como ciertos seres humanos han sido y siguen siendo capaces de transgredir las fronteras de toda posible normalidad y descender voluntariamente a lo más tenebroso de sus almas malévolas. Conocer cierta historia de la humanidad es duro pero necesario para comprender y recordar a donde nunca debemos llegar.


KarlFM.-



El 18 de septiembre de 1931, Japón ocupó el todo del nordeste de China. La Unidad 731, fue un programa de investigación y desarrollo encubierto sobre armas biológicas del Ejército Imperial Japonés, que emprendió letales experimentos sobre humanos durante la Segunda Guerra Chino-Japonesa (1937-1945) y la Segunda Guerra terribles crímenes de guerra cometidos por militares nipones. El científico nipón que estuvo a cargo de esos experimentos fue el general Ishii Shiro. La teoría de Ishii Shiro se basaba en que la guerra moderna sólo podría ser ganada con el uso de la ciencia y su capacidad para producir armas de destrucción masiva. Ishii Shiro y su unidad para la investigación bacteriológica se establecieron en la zona china de Manchuria ya que el ejército japonés les podía mantener un suministro ilimitado de prisioneros chinos para realizar toda clase de experimentos humanos. Ishii Shiro y su equipo fueron indultados al término de la Segunda Guerra Mundial por el gobierno de Estados Unidos a cambio de sus secretos en la guerra bacteriológica con la excusa de una posible guerra con la Unión Soviética. Veamos en que consistieron dichos experimentos.

Diseccionaban sin anestesia personas vivas para experimentos de laboratorio, en ocasiones asesinadas simplemente para documentar la muerte. Las vivisecciones fueron realizadas a prisioneros infectados con diversas enfermedades. Los científicos llevaron a cabo cirugía invasiva en los cautivos, eliminando órganos para estudiar los efectos de la enfermedad sobre el cuerpo humano. Estas fueron practicadas mientras los pacientes estaban vivos, porque se creía que el proceso de descomposición afectaría los resultados. Entre los presos infectados y viviseccionados se encontraban hombres, mujeres, niños y lactantes.  Las vivisecciones fueron también perpetradas en mujeres embarazadas, algunas veces embarazadas por los mismos doctores, y los fetos eran extraídos. Las extremidades de los prisioneros eran amputadas con el fin de estudiar la pérdida de sangre. Estos miembros quitados fueron algunas veces vueltos a unir del lado contrario del cuerpo. Otras veces las extremidades de los prisioneros eran congeladas y amputadas, mientras otros miembros eran congelados y después descongelados para analizar los efectos de la gangrena y la putrefacción resultantes sin tratamiento. A algunos prisioneros se les extrajo quirúrgicamente el estómago y se les ligó el esófago a los intestinos. Partes del cerebro, pulmones, hígado, etc., fueron extirpadas de algunos prisioneros. El número de personas utilizadas para este fin era de 400 a 600 cada año.

A partir de la segunda mitad de 1940, las tropas agresoras japonesas empezaron el uso a gran escala de armas bacteriológicas, y desencadenaron todo tipo de enfermedades infecciosas como el cólera, el tifus, la pestilencia, ántrax, difteria y bacteria de la disentería. Parásitos, ropa infectada y provisiones contaminadas fueron lanzadas dentro de bombas sobre varios objetivos. Las resultantes epidemias fueron responsables de haber matado alrededor de 400.000 chinos. Pulgas infectadas de peste fueron criadas en las instalaciones del laboratorio siendo diseminadas por aviones sobre localidades chinas habitadas (Ningbo en 1940 y Changde en 1941) matando a miles de civiles chinos.

Congelaban a los prisioneros y los sometían a técnicas de deshidratación severas para documentar su agonía y analizar cuánto duraba el cuerpo humano sobreviviendo a tales tormentos además de determinar los efectos de la putrefacción y la gangrena sobre la carne humana. Algunos experimentos fueron realizados para definir la relación entre la temperatura, quemaduras y supervivencia humana.

Dieron a los niños golosinas con ántrax. Se pusieron a prueba lanzallamas sobre humanos. Personas fueron atadas a postes y usadas como blancos para probar bombas de gérmenes, armas químicas y bombas convencionales. Se usaron blancos humanos para probar granadas puestas a varias distancias y en diferentes posiciones. Después entraban para comprobar los daños a la población y se llevaban enfermos todavía vivos para abrirlos y perfeccionar el arma.

Algunos prisioneros fueron colgados cabeza abajo para observar cuánto tiempo les tomaría asfixiarse. A otros les fue inyectado aire en las arterias para determinar el tiempo que tardaban en mostrar los síntomas iniciales de una embolia. A algunos cautivos se les inyectó orina de caballo dentro de sus riñones. Otros fueron privados de alimentos, agua y sueño para precisar la duración de tiempo hasta la muerte. Otros presos fueron situados dentro de cámaras de vacío hasta que morían.

Unos cuantos prisioneros fueron puestos dentro de máquinas centrífugas, haciéndolos girar hasta morir. Sangre animal fue inyectada en algunos otros, estudiando los efectos de esta acción. En cámaras de gases fueron probadas varias armas químicas, usando siempre personas.  Fueron inyectadas burbujas de aire en el flujo sanguíneo de otros prisioneros para simular una apoplejía. También se inyectó agua de mar en otros tantos cautivos para determinar si podía servir como sustituto de la solución salina y contaminaron las fuentes de agua para comprobar los daños causados.

Algunos de los experimentos llevados a cabo allí incluían inyectar a los sujetos con bacteria causantes de la peste bubónica producidas en moscas infectadas, para luego registrar la evolución de la enfermedad e incluso disecarlos en estado consciente.

Los japoneses no dejaron nada sin probar: hongos, fiebre amarilla, tularemia, hepatitis, gangrena gaseosa, tétano, cólera, disentería, fiebre escarlata, ántrax, muermo, encefalitis de las garrapatas, fiebre hemorrágica, difteria, neumonía, meningitis cerebroespinal, enfermedades venéreas, peste bubónica, tifus, tuberculosis y otras endémicas de China y Manchuria. Realizaron pruebas con cianuro, arsénico, heroína, con veneno de serpientes y de pez erizo. En este programa murieron más de 10.000 personas. Algunos murieron como consecuencia de las investigaciones. Otros fueron ejecutados cuando quedaron tan débiles que no podían continuar en los laboratorios.

En otros puntos se hicieron tests con insectos, y todo tipo de gérmenes. Se probaba la resistencia humana al botulismo, ántrax, brucelosis, cólera, disentería, fiebre hemorrágica, sífilis y también la resistencia a los rayos X. Estos experimentos indujeron al desarrollo de la bomba bacilar defoliante y la bomba de parásitos, usada para esparcir la peste bubónica. Algunas de estas bombas fueron diseñadas con cuerpos de cerámica (porcelana), una idea propuesta por Ishii en 1938.

En Japón, aún hoy la simple mención de la Unidad 731 causa rechazo, malestar, incredulidad e incluso negación. A pesar de esto, las autoridades niponas anunciaron recientemente la apertura de una nueva investigación sobre los restos humanos hallados en una fosa común descubierta en 1989, en la que se encontraron más de cien cadáveres que, se cree, corresponden a víctimas de la macabra unidad.

Los cuerpos presentan señales de cortes de sierra, así como perforaciones en los cráneos. Al parecer, la mayor parte de los restos corresponden a asiáticos no japoneses, por lo que se cree que podrían pertenecer a prisioneros chinos. Además, la nueva investigación planea realizar nuevas excavaciones en enclaves señalados por Toyo Ishii, una antigua enfermera que formó parte de la unidad, y que ha facilitado importantes datos sobre sus prácticas.

La película Los Hombres Detras Del Sol narra las "actividades" de la Unidad 731 japonesa en China, durante la ocupacion en la 2ª guerra mundial. La película está hecha en honor a las víctimas con la intención de que no se olvide lo que pasó. Su título original es Hei tai yang 731. Evidentemente la pelicula tuvo un gran rechazo en Japon cuando se estreno en 1988 ya que los japoneses no daban crédito a lo que veían pero fue real. Dicen que el mayor enemigo del hombre es otro hombre, eso no es asi, su mayor enemigo es el mismo, a solas con sus fantasmas, y con la impunidad que le da el poder. Existe otra película sobre las atrocidades de la Unidad 731, Philosophy of a Knife (Filosofía de una Navaja), dirigida por Andrey Iskanov y estrenada en Junio 2008. 

No he querido mostrar en mi espacio imágenes ni videos de esa atrocidad porque lo que corre es tan horrendo que prefiero no verlo ya que despues paso malos ratos. Quien quiera verlo ya sabe .... Google o You Tube y colocar Unidad 731 o en su defecto en inglés Unit 731.

2 comentarios:

  1. Genial como siempre! tu blog es de lo mejor, sigue así!
    un saludo

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  2. Muy bien por difundir las atrocidades de la Unidad 731, casi nadie conoce esta historia.
    Se podría añadir el pacto de USA con Ishii, tras la rendición de Japón, causa de que este espanto permaneciera en secreto hasta que se comenzó a desvelar en los 80.

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