lunes, marzo 14, 2011

VIVIMOS EN UNA CIVILIZACIÓN DE CARTÓN PIEDRA


Nadie se atreve a especular sobre el número 
de muertos y desaparecidos. 
Los daños ocasionados ascienden 
a 100.000 millones de dólares. 
600.000 personas desplazadas y millones de hogares 
sin energía eléctrica. 
Situación de alerta máxima en 4 centrales nucleares. 
El temblor de 9 grados Richter ha desplazado 
la isla 2,4 metros según la NASA. 
Es la crisis más grave que afronta Japón desde la II Guerra Mundial.

¿Te imaginas tener estas gigantescas olas ante tus narices? Creo que no debes tener ni tiempo para decidir que hacer. Pónte en la piel de esos pobres nipones que vieron esta imagen en viva piel y cierra los ojos porque segundos después serás devastado por la descomunal fuerza de la naturaleza.

Esta vez ha sido el país del Sushi, pero vendrán otros, en otras partes, de improviso, iguales o incluso más fuertes; la naturaleza no avisa, no llama a la puerta, ataca por sorpresa y produce el espanto, la tragedia, llevándose por delante todo aquello que está a su paso, sin importarle tipo, cantidad o condición. Nadie sabe porque, pero de repente todo se vuelve en contra y se desata la catástrofe. ¿Reacciones físicas producidas por alteraciones naturales o hechos consecuentes causados por el funcionamiento de las sociedades humanas? Se desconoce por el momento la verdadera casuística pero la cuestión es que de vez en cuando la bestia ruge y se traga todo lo que su garganta le es apetecible.

No somos dioses, y menos adivinos, ni tan siquiera merecemos la etiqueta de inteligentes, simplemente somos mortales ambiciosos y prepotentes que desafían todo orden natural establecido y que al tiempo pagamos las consecuencias. Construimos mundos en base a ciencias y pasiones, y en cuestión de segundos, toda construcción, por tecnológica y resistente que sea, se viene abajo quedando demostrado que nuestra sociedad es arquitectura e ingeniería de papel. Vivimos en una civilización de cartón piedra bajo la filosofía de bípedos carentes de límites.

No podemos controlar la naturaleza y menos las fuerzas que ésta desata, pero tampoco podemos controlar las fuerzas que desatamos contra ella; el saber, por tanto, se convierte es un devenir de especulaciones, donde el poder natural es tan grande que ninguna mente viva es capaz de resolver sus enigmas. Nos gusta jugar a ser dioses, creemos que todo está bajo nuestro control, sin embargo nadie puede hacer frente, ni tan siquiera igualar, el intensísimo poder creativo y destructor del Cosmos. Somos simples puntitos, ni tan siquiera visibles según la perspectiva de visión que tengamos, pero nos creemos gigantescos, poderosos, capaces de doblegar cualquier contratiempo; esa osadía se paga con creces y es el peligro que acecha constantemente a la supervivencia de la Humanidad.

No importa que cambiemos el clima, los hábitats, las especies o los equilibrios reinantes, la cuestión es mantener la estructura del supuesto bienestar y seguir ganando fortunas para que no decaiga, creemos que somos invencibles y que el presente es lo único que nos importa, el futuro es para los que vengan después. éstos ya se las arreglarán frente a los desmanes del progreso. Que la fuerza del universo se apiade de nosotros porque la supervivencia de la raza humana pende de un finísimo hilo.

KarlFM.-

1 comentario:

  1. Es tan evidente nuestra fragilidad que sólo el egoísmo y la avaricia parecen obviarla. La desgracia natural parece inevitable, lo que no es óbice para que no tengamos la prepotencia de desafiarla. Pero todo se declina en favor de un desarrollo y crecimientos suicidas bajo la aparente máscara de un bienestar.
    Escelente reflexión... como todas las tuyas.
    Un abrazo

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