jueves, enero 20, 2011

CADA VEZ ES MÁS DIFÍCIL VIVIR EN SEGUN QUE PAISES

Esa manía de querer globalizar las cosas bajo un mismo símbolo o creencia es una trampa que ahoga y liquida los contrastes, las diferencias y las diversidades, elementos que enriquecen a las personas, a los países y catapultan el desarrollo.

Karl Flaqué Monllonch


Vivir hoy en día en cualquier parte es muy complicado pero existen lugares donde vivir se ha vuelto una pesadilla o un infierno. El mundo ha cambiado tanto que nadie sabe exactamente a dónde iremos a parar; nos hemos convertido en simples piezas de un sistema cuya única función es nutrirse a cualquier precio, no importando para nada las personas y sus respectivas calidades de vida. La inteligencia ha quedado supeditada al interés, la sensibilidad ha quedado trastocada y la sabiduría ha desaparecido. La política en lugar de gestionar con equilibrio, honestidad y sensatez se ha vuelto desequilibrante, avara, corrupta y sierva a los poderes ocultos; la economía en lugar de ayudar a mejorar las sociedades se ha convertido en un gigantesco monstruo que devora la vida de personas; la cultura está supeditada al poder y la libertad no es más que un sueño hecho trizas. Trabajar con seguridad y estímulos, tener una casa digna, asegurar las pensiones para la jubilación, disponer de salarios justos, garantizar una educación y formación competente, así como una sanidad coherente, ajustar los gastos públicos de forma racional y llana, entre muchas otras cosas, son tareas hoy en día casi imposibles de mantener, todos van a lo suyo y buscan el máximo enriquecimiento personal. Los valores van desapareciendo, los derechos menguando y las deudas creciendo, no solo deudas financieras sino deudas incluso sociales y psicológicas. No es lógico que en pleno siglo XXI aun estemos divagando sobre cómo mantener en armonía la famosa Pirámide de Maslow, la inteligencia humana debería haber logrado el bienestar de todos y erradicar la pobreza del mundo desterrando de una vez por todas esas diferencias tan marcadas que crispan la Humanidad.

No importa que tengamos creencias e ideologías que se basen en la justicia, la igualdad, el bienestar, las tenemos como elementos decorativos ya que en la realidad no las aplicamos. Todo huele a azufre, porque el diablo campa a sus anchas, bien entre los ciudadanos a pie, bien entre las entidades oficiales o empresas privadas. Nos hemos convertido en una inmensa granja que produce alimento y riqueza para unos pocos y todo aquello que nos debería definirnos como humanos se ha convertido en áspero polvo. Este sistema no nos gusta pero desde hace siglos permitimos que funcione hasta convertirse en una temible bestia casi invencible. El mundo está desquiciado y completamente desequilibrado; las noticias del día a día cantan por si mismas.

Las personas deberían poder trabajar, asegurarse la vida, porque pagan con creces ese derecho y porque trabajando se genera la producción personal y de un país con las cuales se obtienen beneficios a todos los niveles. Las personas que no tienen aseguradas sus condiciones básicas de vida son fuente de problemas, de gastos y cuando una sociedad adquiere cotas de alerta social es porque el sistema falla; si permitimos que las cosas funcionen mal es que no sabemos hacerlo de otra forma por tanto no somos tan inteligentes como nos creemos ser o porque no queremos que funcionen de otra manera porque somos egoístas y lo ajeno nos importa un carajo; estos diatrismos sólo ocurren el seno de las sociedades humanas porque en la naturaleza real cuando existen desequilibrios nada funciona y la propia naturaleza tiende siempre a corregir sus desórdenes y desequilibrios para evitar cataclismos y su extinción.

España, ese pedazo de tierra entre Francia y África y que un día despertó de un largo sopor de 40 años de tristezas y sentimientos grises con la esperanza de encontrar un lugar donde asentarse y alcanzar sus sueños, no se escapa de esa criba porque en realidad es una peonza que ni siquiera sabe girar sobre sí misma. España, por tanto, no es Francia, Alemania, Inglaterra, los países escandinavos ni tan siquiera Italia; España no tiene esa fuerza industrial o de marca que tienen otros países porque no invierte en si mismo y en lo suyo y un país que no produce no puede pagar sus deudas, tiene que recortar los salarios, las pensiones, las ayudas sociales, las inversiones, la investigación y el desarrollo, la educación y aumentar los intereses y los impuestos para paliar los créditos, cumplir con los compromisos y asumir los gastos. España en consecuencia es un país que se arrastra a si misma intentando a toda costa no despeñarse por el abismo; eso si, hemos ganado por primera vez una Copa del Mundo de Fútbol y curiosamente gracias a tener mayoritariamente entre sus filas a jugadores catalanes, como bien dicen en Madrid, esos que no son españoles y hablan una lengua extranjera.

No cabe duda de que la crisis económica ha jorobado el mundo entero pero los países con fuertes producciones saldrán adelante mientras que otros no tendrán mas remedio que vivir con la cabeza baja y la mano extendida. La diferencia? Muy simple, hay países que funcionan y otros son repúblicas bananeras. Investigar, desarrollar y producir, generar riqueza, realizar una buena y eficaz gestión, disponer de políticos honestos y comprometidos, empresarios abiertos y actualizados, banqueros flexibles y moderados, capacidad para salir de los problemas cuando los hay, habilidad por saber invertir a tiempo y parar cuando es necesario, trabajar racionalmente, con austeridad en los gastos empezando por los organismos del Estado y sus políticos, con salarios oficiales normales y un montón de cosas que en España brillan por su ausencia.

Pero al margen de todo esto el gran problema que arrastra España es esa malsana afición de que un centro quiera imponerse al resto del país; ese pretendido centralismo, además de clara tendencia derechista y jacobina, es el causante de alimentar las ideas nacionalistas de los disconformes. España no es Madrid y las comunidades autónomas  no son los hijos tontos o pijos a los que hay que tutelar y administrar porque gastan demasiado. España, por razones culturales, sociales e históricas, es un conjunto de identidades diversas que deben aprender a vivir con sus diferencias y ayudarse mutuamente para un bienestar común y armonizado y eso parece ser que a muchos no les gusta porque quieren seguir dominado con sus privilegios y prepotencia.

Ahora incluso pretenden desde el gobierno central responsabilizar a ciertas autonomías, en especial Catalunya, de que son la gran causa del déficit económico que atraviesa el país cuando la administración central triplica la deuda de la nación y no depara en gastos a destajo. Cuando las cosas se hacen bien suelen solucionarse correctamente y se campean con sensatez.

Es una tristeza ver como un país que podría ser punta importante de desarrollos y un pilar de referencia en el mundo entero tenga que verse envuelto en estratagemas de barrio para justificar deudas conseguidas por una pésima gestión de las políticas internas. Noruega, por ejemplo, de ser una nación pobre pasó a ser un país de referencia gracias a sus pozos de petróleo cuyos beneficios han sido y siguen siendo bien invertidos para dar lugar a una sociedad equilibrada, es decir, en lugar de que políticos y empresarios se agenciaran particularmente los dineros del petróleo para convertirse en magnates multimillonarios y dejar el país en manos de Dios, han conseguido repartir las ganancias y establecer un modo de vida horizontal para todos. De tener España esos pozos de petróleo estaríamos hablando todos los días de corrupciones y sigilosas operaciones, mientras el pueblo sigue sumido en sus problemas económicos, laborales y educativos y es que España es el país de la pandereta.

Noruega lidera el Indice de Prosperidad Legatum, el único que mide mundialmente el nivel de riqueza y bienestar. Le siguen sus vecinos Dinamarca y Finlandia. Legatum, una fundación con base en Londres, afirma que el éxito de los Países Nórdicos se debe en parte a su reciente liberalización económica, ya que los gobiernos han "liberalizado sus mercados laborales y recortado el gasto público". El informe cubre cerca del 90% de la población mundial y tiene en cuenta factores que contribuyen a la prosperidad de las naciones, como nivel educativo, salud, seguridad, libertad personal y democracia. A diferencia de otros estudios que clasifican a los países por su nivel de riqueza, satisfacción vital o prosperidad, el Legatum Prosperity Indez produce clasificaciones basadas en la los fundamentos de la prosperidad: esos factores que ayudan a fomentar el crecimiento económico y la felicidad de los ciudadanos a largo plazo. El Top 15 del índice de prosperidad:

1 Noruega
2 Dinamarca
3 Finlandia
4 Australia
5 Nueva Zelanda
6 Suecia
7 Canada
8 Suiza
9 Paises Bajos
10 Estados Unidos

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