domingo, septiembre 02, 2012

LOVECRAFT, MIEDO A LO DESCONOCIDO (DOCUMENTAL COMPLETO)


Hace casi un siglo, un hombre viajó fuera de la vida, en busca de los sueños que había perdido el mundo. Poco se ha escrito del nombre y del lugar que habitó ese hombre, pero se dice que ambos fueron muy oscuros. Basta saber, que existió en una ciudad de altos muros donde reinaba la estéril penumbra y que durante el día escribía entre sombras y agitaciones diversas, rodeado siempre por un halo de misterio, propio de las noches de luna llena, cuando los aullidos de los hijos de la noche retumban hasta resquebrajar los huesos de cualquier paseante distraído.

Según atestiguan los escasos que llegaron a conocerle, se trataba de un ser muy raro, sombrío, más bien feo, de rostro cabruno o tal vez de pescado; un genio que, incapaz de luchar con el ritmo de su tiempo, encerró su existencia en el seno de viejas casas húmedas, lúgubres y tenebrosas, donde casi enloqueció, dejando tan sólo, como único legado, el valioso recuerdo de su pluma escalofriante. Vivía de noche, sumergido en la oscuridad donde nadie podía verle; entonces incluso se atrevía a salir a la calle, a pasear con la cabeza inclinada; era el misterio de Providence. Era Howard Phillps Lovecraft, el extraño morador de los sombras.

Vivió siempre sumido en la pobreza, dedicado a corregir el estilo de cuentos de terror; se casó con un mujer que le recordaba a su madre y por esa misma razón pronto se separó de ella; paseaba sólo, leía con voracidad y adoraba los dioses de la Grecia Clásica. De haber seguido por el camino de sus años de anquilosamiento, habría vivido a semejanza de los mortales más oscuros, y seguramente habría dejado esta vida como sus padres, encerrado en las blancas paredes de un hospital para enfernos mentales. No obstante, logró despertar a tiempo y, poco a poco, pudo reconciliarse con la raza humana. Finalmente, murió joven, aquejado de un cáncer de intestinos, y de cansancio. Por todo ello, los que vigilan desde el tiempo no olvidarán nunca su fugaz paso por este mundo. Lo demás hay que sentirlo en sus obras.

KarlFM.-


Si leemos a Lovecraft es porque, mediante su lenguaje barroco, desquiciado, confuso y aglomerado, consigue expresar y transmitir parte de sus vivencias numinosas. Lo válido en Lovecraft no es la forma, sino el terrible contenido universal y arquetípico que ofrecen suss obras. Leer a Lovercraft no es, pues, distraerse para no pensar, sino bucear por el mundo sin luz del inconsciente colectivo.

Es traspasar los umbrales del otro mundo y mirar a la cara de las oscuras y amorfas divi- nidades de los orígenes. Es dar de vacaciones al ego y liberar el caos sin forma de nuestras profundidades abismales.

Es anular temporalmente nuestros esquemas cotidianos de pensamiento racional y represivo y reactivar estructuras que de puro arcaico nos resultan nuevas. Leer a Lovecraft es una aventurd peligrosa, pues equivale a hacer un viaje con LSD; no es una evasión, sino más bíen una invasión ...

El viajero ha de trasponer las puertas del mundo inferior, guardadas por el dragón iniciático que simboliza el terror a los abismos y a la propia disolución del ego ...

Una vez traspasada esta puerta ... la percepción se desintegra, aparecen aullidos que son silencio, perfumes y músicas que son colores, luces en un espectro inexistente en la tierra, ángulos y planos pertenecientes a geometrías ajenas y dotadas de vida.

Las piedras se deshacen, se pudren y huelen como carroña. Los oídos quedan taponados como tras un despegue supersónico. Las montañas están vivas y echan a andar ... Al conjuro de Lovecraft, las fuerzas más oscuras de nuestro abismo interior se agitan. pugnan por librarse de sus cadenas, amenazan con irrumpir en nuestra zona consciente y anegarla, cosa que al final consiguen ...

Pero para un hombre civilizado y sano, este viaje y esta invasión sólo son cine. El viajero los contempla desde 1a butaca de su propio escepticismo, protegido por su propia razón adulta, distanciado por su consciencia de estar Ieyendo un relato de ficción ...

Leer a Lovecraft es hacer un viaje turístico al paraíso perdido, a ese paraíso primordial que es también, a la vez, infierno y que limita, al fondo, con el inefable gran vacío de la vida fetal prehumana ... Teóricamente el retomo del viaje está siempre garantizado; el billete es de ída y vuelta, naturalmente, pero ... cuidado!, a veces pueden producirse fatales accidentes.

Rafael Llopis

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