martes, marzo 22, 2011

ODISEA DEL AMANECER: LA GUERRA CONTRA GADAFI


Hay que evitar el combate en lugar de vencer en él. 
Hay triunfos que empobrecen al vencido, pero no enriquecen al vencedor.

Juan Zorrilla de San Martín (1855-1931)
Periodista, ensayista y poeta uruguayo.

El rock and roll ya ha empezado. Los aviones ya surcan los cielos de Libia y lanzan sus pepinos hight technology sobre objetivos preseleccionados; las fuerzas marinas refuerzan los raids aéreos con sus temibles tomahawks, misiles de largo alcance, silbando por los aires. Pero, por más que digan, eso del pim pam pum fuego y todos para casa es un mal chiste que solo funciona en las películas yanquees. No estamos ante un nuevo escenario de Blitzkrieg (Guerra Relámpago) donde en un plis plas un ejército se apodera de un país; en los territorios orientales las incursiones militares suelen ser largas, duras, costosas y terriblemente psicológicas y quien diga lo contrario no lee los libros de historia y subestima el poder táctico de los jeques de los desiertos. Eso lo sabe el jerarca libio que es un avispado zorro de las arenas.

La guerra es la forma violenta de demostrar ciertas capacidades y recursos humanos en un espacio tiempo concretos pero también muestra las debilidades, los errores y los perfiles de los contendientes; ahora bien, para que las guerras sean efectivas nunca deben ser previsibles sino más bien sorpresivas, es decir, coger el enemigo por sorpresa y desorganizado para asestarle un jaque mate pérdidas imperceptibles; dar tiempo al adversario es darle facilidades para que pueda volar o preparase mejor para defenderse y contraatacar. Cuando más peligroso es un gato es cuando se siente más acorralado. No hay duda que los aliados son superiores en lo estrictamente militar pero la ventaja del adversario estriba en usar la destreza y táctica del débil así como las ventajas de conocer su propio medio.

El gran problema de occidente, sobre todo de EEUU, es meterse siempre donde no le llaman, y encima se le alargan los conflictos. Las guerras largas traen consecuencias negativas y terminan por generar mala prensa. El golpe rápido y contundente es la mejor forma de resolver los conflictos. Pero la prepotencia occidental de creerse los avaladores de los derechos y valores democráticos del mundo suelen volcar los acontecimientos en una doble moral que muchas veces se vuelve en contra; todo eso de la democracia y la paz de las Naciones Unidas es un cuento chino, porque pelean y hacen negocios al mismo tiempo allí donde meten el talonario y la bayoneta.

¿Quieren cargarse a Gadafi y provocar un cambio de poder o sólo parar la represión hacia los rebeldes y dejar que el líder libio siga en su reinado? Todavía me cuesta entender cuáles son los verdaderos motivos de esta intervención militar en Libia: que beneficios trae, que consecuencias traerá. Dicen que esta guerra es sirve salvar vidas rebeldes, alzar las banderas de la libertad, la democracia y acabar con la explotación de un dictador. No me lo creo. Toda esa propaganda sirve para justificar legalmente el ataque; es el humo que impide ver realmente al monstruo que devora las criaturas. Según Michel Chossudovsky, profesor de Economía (Emérito) de la Universidad de Ottawa y director del Centre for Research on Globalization(CRG), Montreal, el objetivo de la operación militar no es la protección de civiles, sino que el cambio de régimen y la desintegración del país, como en Yugoslavia, es decir, la partición de Libia en países separados. La formación de un Estado independiente en el área productora de petróleo del oriente libio ha sido contemplada por Washington desde hace muchos años.

Si bien es cierto que Gadafi es un cabronazo que explota y reprime a su pueblo, no cabe duda de que detrás de esta nueva farsa hay otros cabronazos que huelen suculentos intereses económicos y estratégicos. Pero … cabe preguntarse … ¿es lícito –sin entrar en valoraciones éticas- que las fuerzas de otros países eliminen o hagan caer a un líder extranjero con el que incluso se han hecho grandes negocios durante 40 años? Para una coalición de 18 países apadrinada por la Organización de las Naciones Unidas, la Unión Europea y la Liga Árabe (Emiratos, Iraq, Jordania, Marruecos y Qatar), parece que sí:

El coronel Gadafi ha arrancado el apoyo y el dinero de todos los gobiernos europeos que ahora se lanzan sobre él. No se explica cómo se pueden seguir haciendo negocios con dictadores. Gadafi no será el último. El dinero no entiende de moral.

Albert Montagut
Directo diario ADN

Pero yo me pregunto si se ganaba tanto dinero con este tipejo de estrafalarios trajes y verborrea chulesca, ¿por qué ahora se le está bombardeando sus feudos?. Es una postura que no me cuadra, huelo a gato encerrado. Soy de los que opino que esta guerra no es conveniente porque los problemas de cada país deben resolverlos los propios interesados del mismo a no ser que haya claras referencias que lo justifiquen. En el caso de Libia se podía haber actuado de otra manera y no meterse en una  guerra abierta arrastrando a todos los países en ella. Inmiscuirse en casa ajena no es propio de países que se jactan de democráticos.

Existen muchas formas eficaces de doblegar y derrotar a un enemigo sin disparar ni una sola bala: por ejemplo, la caída de un gobierno por aislamiento y ahogamiento económicos. La economía sostiene a naciones y gobiernos, a industrias y operaciones comerciales, sin posibilidad de comprar ni vender el sistema económico se viene abajo; muchas naciones han caído de esta manera, sobre todo a causa de las acciones realizadas por los llamados sicarios económicos, tipos o grupos especializados que asesinan las economías de ciertos países. Si esto no funciona existen otras formas menos éticas pero efectivas como la creación de revueltas internas o las guerras civiles; y como extremo total restan los comandos especiales que se cargan a un presidente o grupo de personas clave simulando accidentes o enfermedades. Suena duro pero así juega la realidad de los gobiernos, en lo que se denominan operaciones encubiertas. En la historia hay miles de ejemplos.

Si durante más de 40 años se ha tolerado a Muamar El Gadafi y se han hecho suculentos negocios con el, como es posible que ahora y de repente el magnatario libio se ha convertido en el enemigo público número uno. Gadafi siempre ha sido un  tipo extravagante, un pirado más que juega a ser el dios de los desiertos aun así los gobiernos extranjeros han tratado con el durante años.

Por su parte, España no está para guerras, pero parece que estemos obligados a entrar en ellas quizás por presiones externas y sacar alguna tajadilla de las mismas. España debería seguir el ejemplo de Alemania que no entra directamente en el conflicto. Recemos para que esta intervención extranjera en Libia no suponga un acercamiento del radicalismo islámico a Gadafi el cual quedará resentido hacia el mundo occidental porque le ha dado la espalda, o que Al Qaeda no aproveche la situación para reabrir sus operaciones terroristas en los países participantes de la intervención o en el seno de la propia Libia. No olvidemos que los fantasmas de las guerras siempre planean sobre los dirigentes occidentales; Irán y Corea son otros posibles polvorines que están al rojo vivo y que de momento aun permanecen a la espera mientras siguen creciendo sus propios programas nucleares. El día que despierten y decidan zar el zarpazo … mejor nos escondamos bajo tierra.

KarlFM.-

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