No es un título de novela, obra de teatro o cine, es una paranoia grafica medioambiental montada en las cabezas creadoras de una pareja nada convencional. Robert y Shana ParkeHarrison, son un matrimonio real y una sociedad fotográfica cuyos trabajos son tan inclasificables, raros y extraordinarios que es muy difícil catalogarlos dentro de un estilo fotográfico general; yo lo he llamado fantasías gráficas medioambientales.
Los que trabajamos en el mundo del arte estamos acostumbrados a ver extrañas aportaciones que te dejan boquiabierto, cosas que te provocan un vuelco en el corazón, te hacen desatar carcajadas histriónicas o te inundan el núcleo del sistema cerebral de interrogantes indescifrables.
Los artistas somos una élite adictiva hacia todo aquello que vemos fascinante, bello, inquietante o provocador, es decir, sentimos una especie de hipnotismo extremo hacia todo aquello que nos puede sorprender y generar una percepción de una realidad distinta; por eso muchos nos tildan de locos o inadaptados, porque dejamos abrir las puertas de nuestro inconsciente para que fluyan todas las monstruosidades propias o de la realidad que nos envuelve; el arte despierta la curiosidad y permite transgredir las normas para liberar, denunciar, renovar, cambiar y enriquecer.
Robert ParkeHarrison y su esposa Shana ParkeHarrison son norteamericanos. Sus obras han dado la vuelta al mundo en varias ocasiones lo que los convierte ya en íconos de la fotografía moderna. Su libro The Architect’s Brother fue nombrado, por el diario New York Times, como uno de los diez mejores libros de comunicación fotográfica del año 2000.
Estos dos artistas plasman, de manera muy personal, un mundo contaminado con inquietantes y crudas fotografías monocromáticas que sintetizan historias cual de ellas más extraña; la mayoría de su trabajo parece sacado de épocas pasadas o rescatadas de algún lúgubre museo; a mi entender son imágenes que cuentan, en un principio, historias de pérdida, de lucha con el medio y de exploración personal dentro de los paisajes marcados por la tecnología y su uso en exceso, pero cuando más ahondas en los elementos que las componen, te percatas de que las imágenes son como sueños o pesadillas dignas de un profundo estudio psicoanalítico. El uso del blanco y negro genera un dramatismo casi expresionista que inquieta el alma del espectador. Como modelos los autores utilizan sus propias personas y las fotos resultantes se montan posteriormente en complejos collages donde incluso añaden ceras y pinturas; todo el proceso puede llevarles meses de preparación, lo que convierte a las imágenes en verdaderas obras de ingenio.
Al matrimonio ParkeHarrison les preocupa el medio ambiente y la manera en la que la gente lo trata. Sus fotografías intentan reflejar cómo será ese medio acribillado si no hacemos nada por conservarlo; por ello sus fotos nos obligan a reconsiderar lo que hemos hecho y lo que estamos haciendo respecto la tierra donde vivimos, un mensaje subliminal que deja en el espectador enojo, caos y confusión. Las imágenes hablan por sí mismas, os dejo pues con las fantasías medioambientales de Robert y Shana ParkeHarrison.
Texto KarlFM.-
Texto KarlFM.-









































