sábado, octubre 01, 2011

LOS CUERPOS LASCIVOS DE JAN SAUDEK


No estoy seguro de qué significa erotismo, si son desnudos, intenté captarlos nada más hacerme fotógrafo, entonces me inspiraba en Lewis Carroll, en la actualidad en nadie; estoy chapado a la antigua: trabajo solo con carretes y papel. Con cámaras digitales únicamente he hecho pruebas. 

No creo que mi obra sea diferente del trabajo de otros fotógrafos. Yo lo llamo kitsch, pero hay quien dice que es porno blando. Fotografía erótica, pornografía …. No existe esa distinción. Está en el ojo del espectador. Creo que una fotografía erótica debe  despertar la libido.No tengo la posibilidad de retratar la vida de otras personas. Retrato la mía propia. 

El cuerpo humano me excita, el femenino sobre todo, pero soy bastante tímido y cobardón, y ese ha sido siempre el principal problema en mi trabajo. Tuve una infancia y una juventud desafortunadas, pero ahora, cumplidos los setenta, soy absolutamente feliz. Lo único que se puede hacer con esta cámara es cargar la película, apretar el botón y hacer la foto; y eso es exactamente lo que he hecho hasta 1963. 

Mi trabajo pretende capturar todas las cosas que conozco y amo, pero sobre todo me gustaría dejar una huella del tiempo en que he vivido, por eso fotografío escenas de su realidad. Para mí, una buena modelo no es perfecta. Las encuentro en todas partes, pero ahora más que nunca, gracias a Internet, recibo cada día ofertas de muchachas dispuestas a posar. Internet es extraordinario, ha traído más compradores, más modelos, y eso significa más dinero de los primeros para pagar a los segundos.

 Logró sobrevivir su poder creativo frente a décadas de represión comunista y postcomunista, como a las continuas negativas de críticos de arte de Europa Occidental y de los Estados Unidos. En Praga lo forzaron a trabajar clandestinamente en un sótano para evitar a la policía secreta que perseguía los temas de la libertad erótica personal. Más tarde, en reconocimiento a la trayectoria artística, las autoridades comunistas le permitieron abandonar en 1984 su trabajo en la fábrica y que se asociara a la Fundación de Artistas visuales Checoslovacos, lo que equivalía su reconocimiento profesional como artista. En 1990 fue nombrado Caballero de la Artes y las Letras por el Ministerio de Cultura de Francia y en 2006 fue galardonado en su propio país con el Premio Artis Bohemiae Amicis, junto a Milan Kundera y Vladimir Körner por contribuir a la reputación artística de la República Checa.

Friedrich Nietzsche dijo en cierta ocasión, "tenemos el arte para que la verdad no nos mate". La fotografía es un arte mucho más antiguo que el cine pero su evolución ha tenido un auge vertiginoso desde su invención. Las imágenes más innovadoras y fascinantes, salvo contadas excepciones en nuestros días, se siguen viendo en la fotografía. El cine de los grandes maestros parece ahora una reliquia de un pasado lejano y glorioso que alcanzaba entonces grandes metas visuales y aspiraba a convertirse en el arte del futuro; su eco, en estos tiempos, resulta imprevisible. Es muy probable que si la industria no se hubiera inmiscuido como lo ha hecho en el mundo del séptimo arte, hoy, seguramente, no veríamos una y otra vez la misma película repetida hasta la saciedad. Algo o alguien truncó la evolución del cine. La fotografía, sin embargo, posee una esplendida salud artística, y sigue utilizando la fascinación como elemento indispensable de su desarrollo. Jan Saudek es ese tipo de fotógrafos que provocan adhesiones incondicionales o un rechazo visceral, pero nadie cuestiona dos evidencias; es el fotógrafo checo más conocido, y su trabajo posee una singularidad indiscutible.

Jan Saudek es sin duda uno de los fotógrafos más impresionantes e influyentes de la historia de la fotografía. Nació en Praga, capital de la antigua Checoslovaquia, el 13 de mayo de 1935 y a los 15 años ya recibió su primera cámara fotográfica, una Kodak Baby Brownie. Estudió la profesión en la Escuela de Fotografía Industrial de Praga, y fue intercalando su arte  fotográfico con numerosos oficios, en el campo como en numerosas fábricas.

Empezó a trabajar en el sótano donde vivía. En ese reducido espacio que contaba solamente con una pequeña ventana, su mundo comenzó a configurarse y a edificarse en una paleta colorida que contrapuntea el aspecto mohoso y desconchado de las paredes. Así, transporta su mundo a su propio espacio, es decir, libera su imaginación en su propia habitación, por la que apenas si hay un hueco para ver al exterior.

El sótano de Saudek se ha vuelto el símbolo de su obra fotográfica, en donde sus sueños se hacen presentes y siguen las leyes de su propio mundo, de tal manera que al mirar una de sus obras, el espectador se ve inmerso y tocado por un acto estético que sublima el espíritu humano. Se nota que Saudek le dio la espalda al mundo y se recluyó en su micromundo, al parecer, para evitarse el dolor de una realidad agresiva y mordaz, aunque de vez en cuando se percibe, sutilmente, que el horror se coló por la lente de la cámara, ese que hiere el alma y le deja una impronta al hombre, aunque afortunadamente algunos logran hacer grandes obras de arte a partir de sus heridas.

Mujeres obesas, mujeres delgadas, estrías, celulitis, pechos caídos y miradas lascivas, son las constantes de Saudek. "Su mirada es compleja, oscura, perturbadora en todos sus aspectos. Sexo, deseo, muerte, inocencia, lujuria, ironía, belleza, envejecimiento, se mezclan y compiten en su obsesiva figuración de realidades filtradas de emociones. Introducirse en las imágenes de Saudek resulta una experiencia inquietante, un ir y venir entre la atracción y la repulsión, entre la conciliación y la confrontación. Sus fotografías evocan verdades que se evaden cotidianamente, desde sus más amargas perspectivas, o desde la más intestina nostalgia. La vulnerable sensualidad de sus cuerpos es al mismo tiempo grotesca crueldad y enajenación. Imágenes de la alegría y la esperanza en constante conflicto con las de la tragedia y la desesperación, en ocasiones dentro de una misma obra. Su combinación es implacable y provocadora. El conflicto y la interna fragmentación que trasmite resultan dolorosas. Reiteradamente permite descubrir los más profundos deseos, la dulzura y el placer, pero sin alejarse del recuerdo, del sufrimiento, de la mezquindad del mundo. Sus imágenes pretenden afirmar que la belleza, el amor y la compasión existen, pero a su vez que acaban siendo ilusorias y transitorias, que nada es suficiente, que la soledad, el tiempo, la desesperación o la muerte son inevitables (Vicent Fic, doctor de Filosofía en Arte, Universitat de Aarhus, Dinamarca).

La desnudez femenina y su belleza es una de sus principales fuentes de inspiración, aunque en sus desnudos encontramos más de un personaje masculino. La perfección de las formas no importa, de ahí que la mayoría de sus fotografías tengan un aspecto inquietante, sexual hasta llegar a puntos obscenos, y algo grotesco. Hace hincapié en las texturas y en el ambiente de sus decorados, creando climas cerrados de aspecto ruinoso que envuelven las escenas en un asfixiante clima de violencia y extrema expresividad.

Hay muchas lecturas en el trabajo de Saudek. Sin duda la parte sexual de sus imágenes ocupa un primer plano en la percepción de su obra, pero esta contiene elementos que nos acercan a enfoques más diversos, como su amor por la familia, las relaciones hombre-mujer, la edad madura y la juventud así como una constante dosis de humor e ironía que se entrecruzan constantemente para crear escenas llenas de simbolismo. De la misma forma, sus fotografías con varios personajes, las posturas imposibles de muchos de ellos o las escenas donde los retrata primero vestidos y luego desnudos, son otra de las características de su obra. Siempre hizo hincapié en las texturas y en el ambiente de los decorados que rodeaban a los personajes de sus fotos. Siempre hay algo turbador en muchas de sus obras, un efecto ruinoso que las envuelve de una violencia y una expresividad incomparables. No hay que olvidar que vivíó en un país comunista y quizá lo opresivo de su propia vida le empujó a idear escenarios cerrados, una constante que ahogaba a sus actores.

Jan Saudek rompe también con el erotismo y el desnudo clásico de nuestro siglo. Su mujeres presumen de la abundancia de sus carnes, y Saudek las convierte en verdadera belleza, a la vez que en su marca de identidad. Coloreadas a mano y escenificadas como tarjetas victorianas, sus voluptuosas fantasías son una oda al físico más habitual en la vida cotidiana y menos representado en el arte contemporáneo: el de la mujer con apetito. A pesar de haber sido tachado duramente como kitsch y obsceno, Saudek siguió trabajando sin importarle las críticas, y aunque en su país fuera mal visto, en el mundo se le admira.

Algo muy característico en la obra de este artista es su extraña negación de la realidad, ya que en sus escenas, delimitadas por un marco espacial importante, reducen a los personajes a un escenario que pareciera oprimirlos, como si no hubiera libertad de movimiento. Dos años después, Saudek comenzó a colorear sus imágenes, lo que le añadió a éstas un aire más irreal. A diferencia de sus colegas contemporáneos norteamericanos Joel-Peter Witkin e Irving Penn, Saudek no pretende provocar ni de retratar la realidad, su trabajo es intimista, consecuencia de sus visiones al más estilo del escritor inglés William Blake, en las que sus modelos se vuelven sus camaradas de juego, se desnudan literal y metafóricamente, y posan para provocar la lente.

 

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