jueves, mayo 13, 2010

EN EDUCACIÓN TODA EUROPA MIRA A FINLANDIA ... ¿POR QUÉ SERÁ?


¿Por qué lo habitual en Finlandia donde se existen tres idiomas (finlandês, sueco y sami) un adolescente normal termine Secundaria con notas excelentes, hablando un perfecto inglés y leyendo un libro a la semana, y aquí en España muy pocos consiguen algo remotamente parecido? Lo típico para un español será acabar sus estudios obligatorios aprobando por los pelos, chapurreando cuatro palabras en inglês, si llega, y sin el menor interés por la lectura.

No es casualidad que la educación finlandesa sea la mejor del mundo. El país nórdico también es el primero en los índices de bienestar. Pero no siempre fue así. En los años 90 Finlandia vivió una durísima recesión económica con un paro muy elevado. El Gobierno decidió hacer una apuesta trascendental para poner a la nación en órbita. Invertir en educación, investigación y tecnologia, justamente lo que nunca se hace en España. Las consignas para lograrlo son claras: respeto al profesor, seriedad, cultura del esfuerzo… Sólo faltaba el dinero. Y el hundimiento de la Unión Soviética sirvió para transvasar fondos del presupuesto de defensa a colegios y universidades, al no sentirse tan amenazados por el oso ruso. Funcionó. Finlandia pasó a ocupar los primeros puestos del mundo en riqueza y bienestar en menos de diez años. Algo parecido al resurgimiento de Japón después de la guerra. Y eso que la educación obligatoria comienza más tarde que en España: a los siete años. Pero aprovechan el tiempo. La Administración también ayudó a las empresas a adaptarse a la era tecnológica. El caso más llamativo es el de Nokia. Sólo era un pueblecito donde había una fábrica de botas de goma. Pasaron a fabricar televisores. Hubiera sido más sencillo seguir haciendo botas, pero fueron audaces. Sindicatos y directivos se aliaron. De los televisores saltaron a la telefonía móvil, y de ahí a liderar el mercado mundial de las telecomunicaciones, por delante de japoneses, alemanes y americanos.

Finlandia no tiene muchos recursos naturales. El himno nacional dice: ... “somos un país pobre, que no tiene oro. El recurso que tenemos es nuestro pueblo”. Así, los finlandeses invierten en su pueblo. Toda persona tiene que recibir formación y educación para ir tan lejos como su capacidad lo permita.

No es suficiente que una sociedad posea algunas personas muy capacitadas. Toda la sociedad tiene que tener la posibilidad de formación durante toda la vida. No basta con que un niño pobre reciba alguna formación cuando es pequeño. Tiene que poder estudiar cuanto quiera. Y Finlandia es uno de los países mas competitivos en las estadísticas internacionales con sólo 5 millones de habitantes. Imagine lo qué haría con 190 millones.

Si un país busca inspiración para enfrentar dos de sus principales problemas (educación y corrupción), difícilmente podría dejar de visitar un lugar más apropiado que Finlandia. La presidenta finlandesa, Tarja Halonen, adelanta algunas palabras-clave:

“Fuerte inversión en educación (6% del PIB en Finlandia, sin contar investigación); transparencia en el gobierno y fidelidad partidária. Es muy importante tener el coraje de reservar los recursos para la educación básica”.

Un pueblo educado sabrá elegir a dirigentes honestos y competentes. Estos elegirán los mejores asesores. Un pueblo inteligente y educado no permite corruptos ni incompetentes. Un pueblo ignorante desperdicia sus recursos y se empobrece. Un pueblo ignorante vive de ilusiones. Un pueblo educado sabe muy bien diferenciar un discurso serio de una prédica demagógica. Un pueblo educado prospera también en condiciones adversas. Finlandia posee una economía altamente industrializada, con producción “per capita” mayor que la del Reino Unido, Francia, Alemania e Italia.

El patrón de vida finlandés es elevado. El sector clave de su economía es la industria - principalmente maderera, metalúrgica, ingeniería, telecomunicaciones (se destaca Nokia) y productos electrónicos. El comercio exterior es importante, representando cerca del 1/3 del PBI. Con excepción de la madera y de varios minerales, Finlandia depende de importaciones de materias primas, energía, y algunos componentes de bienes manufacturados.

El pensamiento de la Presidenta de Finlandia difiere bastante con el de las autoridades internacionales actuales, que piensan que cuanto más ignorante sea el pueblo, más van a perdurar ellos y más enriquecimientos ilícitos habrán. La corrupción siempre estará presente porque es el negocio de los sinvergüenzas y de los malos políticos. Un pueblo ignorante es terreno abonado para la demagogia.

HABLAN LOS PROFESORES FINLANDESES

«Ser profesor es una de las profesiones con más prestigio y sueldo del país». Jussi Otsomaa, subdirector de la escuela.

«Las pruebas para ser maestro son durísimas. Necesitas un nueve en bachiller y reválida. Sólo lo logran los mejores. Pero no basta con ser muy bueno en tu materia. Debes destacar también a la hora de saber transmitir tus conocimientos.». Veli-Matti Ojalainen, profesor de Humanidades.

«Es importante que los alumnos aprendan buenos modales. Exigimos respeto, pero también respetamos a los estudiantes». Tuija Yrjö-Koskinen, profesora de inglés.

«No pierdes la ilusión ni te quemas. Te dedicas a enseñar, no a imponer orden. Basta una mirada para que atiendan». Rectta Annala, profesora de educación para la salud. Rocio, profesora de Español.

«Los alumnos no vienen al colegio a pasárselo bomba. Es un trabajo. Pero saben que todos tienen las mismas oportunidades. Da igual a la escuela que vayan, en el centro de Helsinki o en un pueblo del Ártico. Todas tienen el mismo nivel». Kari Kajainen asiente”. Päivi Junkkari, profesora de inglés,.

«Nos centramos en que la mayoría de los alumnos sean muy competentes. Que el nivel medio sea alto. No es una educación elitista. Preferimos que todos saquen aprobados y notables; que haya alumnos de matrícula no es una prioridad. Y, sobre todo, cuando vemos que alguno tiene problemas, le asignamos enseguida un profesor de apoyo. Tiene clases extra. Estamos muy pendientes y no dejamos que se retrase.». Kari Kajainen

En el interior de las escuelas finlandesas, la limpieza resalta aún más. No hay garabatos en los pupitres ni en los aseos. Todo parece recién estrenado. Saarnilaakson es una escuela pública, como el 97 por ciento de los centros finlandeses, a diferencia de España, donde el 35 por ciento son privados. Por supuesto, es gratuita. Pero el equipamiento es el de un colegio caro en nuestro país. Las aulas disponen de un televisor con pantalla gigante de plasma, acuario de 200 litros con pececitos de colores, cocina con fregadero, medios audiovisuales, aire acondicionado, muchas plantas. Hay un ordenador por cada dos alumnos. Una docena de máquinas de coser en la clase de costura, aparatos de soldar, herramientas de carpintería, esquíes… Un gimnasio cubierto, un auditorio para las clases de teatro y un comedor con autoservicio. Todo en perfecto estado de revista. Los libros de texto son gratis (en España hay que pagar más de 300 euros), el material escolar es gratis, la comida es gratis. No parece demasiado apetitosa y los estudiantes reniegan, pero la comen. Al Ayuntamiento le cuesta 65 céntimos cada menú: un plato caliente, leche y fruta.

Si un niño quiere estudiar, puede llegar a ser médico, juez o ingeniero, lo que se proponga, si se esfuerza, aunque su familia sea pobre. “La educación de cada finlandés le cuesta 200.000 euros al Estado, desde que entra en la guardería hasta que sale de la universidad con su título. Es el dinero mejor empleado de nuestros impuestos. La presidenta del país, Tarja Halonen, se licenció en Derecho y proviene de una humilde familia de clase obrera. El Estado ayuda a los chicos a emanciparse con subvenciones para alquilar una vivienda y una paga. Todo el sistema está montado para que los finlandeses se acostumbren a ser autónomos desde bien pequeñitos y se vayan a vivir por su cuenta a los 18 años”.

El sistema educativo finlandés hace un hincapié obsesivo en los buenos modales. Los alumnos tienen un respeto reverencial a los profesores, un respeto mutuo que se gana día a día. Los deberes son sagrados. Y está muy mal visto que alguien copie, incluso por los mismos alumnos. Que alguien saque una chuleta es impensable. «En nuestra cultura son muy importantes dos valores: la honradez y el trabajo», comenta Päivi Junkkari. No es casualidad pues que Finlandia encabece también las estadísticas de transparencia y menos corrupción pública. Kari Kajainen apunta otra peculiaridad nórdica. No hay repetidores. En España el 43 por ciento de los alumnos de Secundaria ha repetido curso alguna vez. Kajainen pone cara de asombro. «Aquí sólo tienes una oportunidad para aprobar un examen por la misma razón que la vida sólo se vive una vez. Y hay que aprovecharla. Si no apruebas, te quedas una hora más en clase hasta que demuestres que te lo sabes y si no, estudias en verano, pero la promoción es automática».

¿Dónde aprietan más las tuercas? «Sin duda, en la enseñanza de la lengua materna. Somos los primeros del mundo en ciencias y los segundos en matemáticas, pero el mayor reto de enseñar matemáticas es conseguir que los alumnos comprendan lo que leen, el enunciado de los problemas. Por eso lo fundamental es que lean. Y también es muy importante la enseñanza de lenguas extranjeras. El finés es una lengua minoritaria. Los alumnos también estudian sueco e inglés obligatoriamente. Y alemán, francés o italiano como optativas. Pero tienen una gran ventaja. Las películas y series de televisión extranjeras no están dobladas. Todas se pasan con subtítulos. Los niños se acostumbran desde pequeños a escuchar otros idiomas y, además, adquieren destreza lectora. Hay que leer rápido los subtítulos para no perder el hilo del programa», apunta Tuija Yrjö-Koskinen, profesora de inglés.

La jornada es intensiva, de 8 de la mañana a 3 de la tarde. Pero las clases son muy breves: 45 minutos. Hay un recreo obligatorio al aire libre y una pausa de media hora para comer. Todo el horario está salpicado de breves descansos que hacen llevadero el día. Terminan frescos. No se los abruma con una montaña de materias. Las carteras son livianas. Se estimula el razonamiento crítico antes que la memorización. Hay clases distendidas, como baile de salón, teatro, arte digital, peluquería, artes marciales, hockey sobre hielo, esquí de travesía, cocina. También primeros auxilios, carpintería, soldadura o música. Los alumnos tocan el violín, la guitarra eléctrica u otros instrumentos, según sus preferencias. Y, sobre todo, se estimula el pensamiento crítico. Se invita a discutir. El sistema español margina el debate y la expresión oral. El alumno toma apuntes pasivamente, bosteza.

Saili, un alumno, cuando vuelve a casa, juega un rato al hockey y hace los deberes. «Tardo de una a dos horas. Luego cuido de mi hermano Joel o cocino si no hay nadie más en casa. A las siete hemos cenado. Me conecto un rato al Messenger si mi padre no está trabajando en el ordenador. O juego a videojuegos de rol y de estrategia. Luego, me acuesto y me quedo leyendo hasta las once. Mis libros preferidos son las novelas de Julio Verne y todos los de Harry Potter. El último lo voy a leer en inglés».

Finlandia presume del mayor índice de lectura de libros y prensa de Europa. Tres veces por semana la familia toma la sauna en casa. «Lo hacemos juntos. Es el lugar donde se comentan las preocupaciones y los proyectos, donde se planean las vacaciones. Siempre buscando el sol. Hemos ido a Madeira, París y Túnez», explica Leena, su madre. Saili todavía no tiene claro qué quiere ser de mayor. «Químico, veterinario o diseñador de videojuegos.» Cuando se le pregunta si es feliz, responde sin pestañear que sí.

A pesar de ser la envidia del planeta, los finlandeses son escépticos con los resultados del informe Pisa. «¿Somos realmente los mejores?», se pregunta Kari Kajainen. "Los profesores no tenemos estrés porque no superamos las 21 horas lectivas semanales. No pierdes la ilusión de enseñar por convertirte en un policía del aula. No hay apenas bullying y en los institutos la emigración es anecdótica y no ralentiza el ritmo de las clases". Sin embargo, nada es perfecto. Los padres se interesan por los exámenes, vigilan los deberes. Pero Finlandia es una sociedad cerrada, donde cuesta mucho que la gente se relacione. Si añadimos que existe un problema de consumo de alcohol entre los jóvenes, que no hacen botellón en la calle porque hace frío pero beben en casa, o que el índice de depresiones es de los más altos de Europa, o que 21 de cada 100.000 chavales se suicidan (6 en España) y que en Finlandia circulan libremente un millón y medio de armas, es lógico que los finlandeses hagan examen de conciencia y piensen que aun no están en la cota más alta de perfección. Pero … ¿qué país es perfecto? Desde luego España ni se acerca en lo más básico. En Finlandia toda la sociedad se vuelca para conseguir lo que se proponen, incluso los medios de comunicación social están también implicados en la educación. La sociedad finlandesa destaca por su alto nivel de cohesión social y sus altos índices de igualdad social y equidad.

En Finlandia hay una decidida vocación sociopolítica inversora en educación y su piedra angular es la coordinación de las tres estructuras sociales educativas; la familia, la escuela, las estructuras socioculturales de apoyo educativo y los buenos profesores que tiene con su enorme capacidad para transmitir lo que saben.

En Finlandia domina el valor luterano de la responsabilidad y disciplina sobre la propia vida. La familia finlandesa se considera la primera responsable de la educación de sus hijos. En los hogares finlandeses, los niños observan como padres y madres son ávidos lectores de periódicos y libros, y acuden con ellos a las bibliotecas con frecuencia. Por otra parte existen mecanismos del Estado que garantizan la compatibilidad laboral y la vida familiar, especialmente para las mujeres. Las ayudas a la infancia y a la familia permiten que sólo el 4% de los niños finlandeses vivan en situación de pobreza (12% en España). No se trata sólo de gastar más en educación (que también), sino de gastar mejor.

Saludos.-
KarlFM.-

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