



Ver una ciudad de 16 millones de habitantes vacía, impresiona. Eso si, en cada esquina, había un tanque, y entre seis y diez soldados. El espacio aéreo estuvo cerrado, el metro no funcionaba. Los soldados incluso llevaban pañales para evitar tener que salir de la formación en caso de urgencia. La revolución china acaba de cumplir hace poco su 60 aniversario.Uniformes de todos los colores, mujeres soldados con minifaldas rosas, un martilleante repiqueo de botas negras golpeando el suelo de Tiananmen, el temible zumbido de las máquinas de la muerte: tanques, misiles, aviones, todo un escaparate armamentístico de última tecnología al servicio del socialismo amarillo, en su mayoría de diseño y fabricación nacional.
Lo vimos en la tele, salió en la prensa y en las revistas, y nos quedamos petrificados como estatuas de hielo; el ejército de los ojos rasgados es un perfecto engranaje de sincronización, una maquinaria fulminante de férrea disciplina, de movimientos compactos y simétricos, como si de un inmenso ejército de hormigas se tratase, toda una amalgama estética al más puro estilo hitleriano o soviético. Uff!!! Sinceramente para temblar pero también para admirar dada su impecable ejecución y estética.
2,3 millones de soldados, 72 navíos de combate, 60 submarinos nucleares, 2000 aviones de combate, 400 armas nucleares, 70.000 millones de dólares en presupuesto militar, son los números que mueve el ejército chino, para demostrar al mundo que son aun más que los Usa Boys.
Tras esa demostración prepotente de fuerza y poder, se esconde un país donde las personas apenas cuentan como individuos ya que son tratados como formas de producción sin límites. La carencia de libertades, de derechos laborales, la explotación a límites insospechados, la alienación y la represión, son sólo algunos de los elementos emergentes de esa sociedad aparentemente opulenta y desafiante.
Probablemente las bolas yanquees -movidas por los intereses propios y el afán exclusivo del protagonismo imperialista- son, en gran parte, responsables que ciertas lenguas digan que el socialismo murió hace tiempo como sistema. Tras varios años de lecturas diversas, personalmente creo que el socialismo como ideología permanece necesariamente presente y vivo aunque con ciertas aperturas y variaciones. La prueba es que naciones como Cuba y China siguen aun en pie a pesar de las continuas embestidas del monstruo capitalista norteamericano.
La capacidad de mutación del socialismo chino ha sido tan sutil que han conseguido que su sistema evolucionara en el tiempo y adoptase formas más adaptables al medio hostil reinante; han sido capaces de mantener su ideología simbólica intacta pero han aprendido del capitalismo salvaje para elevar el desarrollo de su país a una elevada potencia, una combinación mortal que estremece hasta los huesos. Esa fuerza da dado la vuelta el mundo estos días.
Si primero fue la Revolución Cultural de Mao Tse Tung, luego ha sido el Desarrollo Económico y Tecnológico; ahora los chinos son la tercera potencia del mundo y probablemente pronto superen ese margen. Los mass media han dejado bien patente su atronadora presencia.
El crecimiento chino fue impulsado por las autoridades del país a partir del análisis de las economías capitalistas así como la evaluación de los efectos negativos de las economías capitalistas, a fin de evitarlos. Con ello los jefazos amarillos vieron que la implementación de profundas reformas, principalmente las relacionadas con el neoliberalismo, provocaría efectos negativos y desoladores en la mayoría de la población china, por esta razón, nunca han permitido una privatización completa ni una desigualdad profunda; ni tampoco han tolerado la libre competencia, variables que dejarían a los más pobres y débiles en completo abandono.
A partir de esa incorporación de políticas económicas, en China, se manifestó, por primera vez en la historia, la peculiar economía socialista de mercado. Esta se caracteriza por las iniciativas del Estado a optar por una mayor descentralización de sus funciones y una reducción de los controles de distinta índole, sumado a una relación más abierta con el mercado mundial.
Con respecto al progreso colectivo, observamos que no se manifiesta en la totalidad de la población china, ya que no todos los habitantes ni todas las regiones gozan de los beneficios producidos. En este contexto de la economía socialista de mercado, en el proceso de transformación económica, las autoridades chinas otorgaron prioridad al establecimiento del capitalismo en sus áreas litorales, reforzando así las ya existentes desigualdades económicas.
Así, se profundizaron las divergencias territoriales. Por un lado, la China Oriental, pujante, industrializada, dinámica e integrada al mercado global, en la que vive la mayoría de la población prevaleciendo la etnia han. Y, por el otro, la China Occidental, pobre y rezagada con respecto a la Oriental, y en la que prevalecen las minorías étnicas dedicadas esencialmente a la cría de ganado.
Los chinos, intensamente nacionalistas y orgullosos de su pasado, anhelan llevar a su país a la par de las potencias mundiales. Para lograr el progreso, su gran cualidad fue saber, en una acción de asombroso realismo, transformar la necesidad en virtud.
Como dijo Esteban Lazo, vicepresidente de Cuba, Cuba y China han demostrado con creces el valor de haber hecho revoluciones verdaderamente autóctonas y populares. Hemos resistido y derrotado similares presiones y agresiones, sobrevivimos a décadas de bloqueo y enfrentamos con dignidad las burdas campañas mediáticas que se orquestan contra nuestros pueblos·
Saludos.-
KARLFM.
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