sábado, agosto 08, 2009

EL SONIDO QUE ESTREMECIÓ AL MUNDO


Con la invención de la bomba atómica he llegado a ser la muerte, el destructor de mundos. Al utilizar por primera vez este tipo de armas nos alineamos con los bárbaros de las primeras edades.

Julius Robert Oppenheimer

Físico estadounidense (1904-1967) padre de la bomba atómica
Director cientifico del Proyecto Manhattan

Expresó su pesar por el fallecimiento de víctimas inocentes
cuando las bombas nucleares fueron lanzadas contra los japoneses en Hiroshima y Nagasaki.

Este caluroso verano he sentido la necesidad de repasar lecturas que muestran el lado más perverso del ser humano, quizás porque suelo reflexionar sobre las cosas que suceden y comprender que realmente no imagino pepinos o elefantes rosas volando; necesito contrastar que mis sospechas están en el buen camino y que, dado lo que veo y leo todos los días en los medios de comunicación, ciertamente la Humanidad camina hacia un futuro muy negativo donde los valores, las buenas conductas, los códigos morales serán reliquias del pasado.

Hechos históricos como el Holocausto judío, la matanza de San Bartolomé, Hiroshima y Nagasaki, los Gulajs de Stalin, las fosas de Katin, unidad japonesa 731, las carnicerías de los Khemer (Cambodia), la limpieza étnica de los Balcanes, la quema en vivo de los habitantes de Batak (Bulgaria), el genocidio turco a los armenios, la revuelta de Sta. María de Iquique (Chile), las persecuciones cristianas, los gases de Kurdistán, la esclavitud negra norteamericana, el exterminio de los indios nativos americanos, la Santa Inquisición, las matanzas de la colonización española de América, así como montones de otras barbaries, violaciones en masa, torturas, asesinatos, exterminios, etc., no son sucesos aislados en un momento dado sino consecuencia de un comportamiento que parece ser excesivamente repetitivo en todas las épocas de la Humanidad y demuestra la capacidad obsesiva que tiene el ser humano por matar y obtener cualquier cosa a cualquier precio. Fuera pues de algunos avances y buenas cosas que hemos logrado hacer, conviene recordar siempre todo aquello que nos ensucia como raza “inteligente” a fin de evitar en todo lo posible que hechos tan dantescos sigan manchando esa sobrestimada Humanidad.

Justamente este 6 de agosto del 2009, se acaban de cumplir 64 años que la ciudad nipona de Hiroshima (1945) quedó completamente pulverizada como si de un café instantáneo se tratara. Harry Truman fue el Presidente norteamericano que dio luz verde a que 70.000 almas humanas fueron barridas en escasos segundos de la faz de la tierra, algunas ni siquiera se enteraron de lo que estaba pasando, los pillaron en su vida cotidiana como se dice popularmente. Tres días después, 9 de agosto de 1945, Estados Unidos arrojó otra bomba (Fat Man, Hombre Gordo) en Nagasaki. Hubo 70 mil muertos. Había gente que estaba durmiendo, que esperaban sentados en el parque, niños jugando en las calles, mujeres con las bolsas de compra, era un día normal como si fuera de nuestra ciudad.

De repente, en menos de lo que canta un gallo, todos los relojes de la ciudad se pararon a la misma hora, a las 8,15, fue la hora más terrible de la Historia. Un cegador resplandor cegó la ciudad y todo quedó engullido en una gigantesca alfombra de muerte. La bomba denominada cinicamente Litle Boy (Niño Pequeño) lanzada por el avión B52 norteamericano Enola Gay estalló a una altura de 580 metros sobre el centro de Hiroshima y fulminó a unas 70.000 personas al instante. La onda expansiva, a unos 6.000 grados de temperatura, no dejó edificio en pie y carbonizó los árboles a 120 kilómetros de distancia. Varios minutos después, la seta atómica se elevó a unos 13 kilómetros de altura y expandió una lluvia radiactiva que condenó a muerte a miles de personas que habían escapado del calor y de las radiaciones iniciales. Dos horas después habían muerto unas 120.000 personas, 70.000 habían resultado gravemente heridas y el 80% de la ciudad había desaparecido. Así de simple, como un Flash!!! Y luego …. nada.

Según Wikipedia, el área inmediatamente afectada fue de 5 kilómetros cuadrados densamente poblados. Hubo miles de casos de incineración súbita, carbonizaciones parciales y quemaduras de personas expuestas hacia el hipocentro del estallido, a más de 10 km de la zona cero. ¿Os imagináis dentro de ese horror?

Pero el horror no había terminado. Días después de que la bomba atómica destruyera la ciudad, los médicos comprobaron atónitos que la gente seguía muriendo en forma enigmática y aterradora:

"al principio los médicos y cirujanos trataban las quemaduras como cualquier otra, pero los pacientes se licuaban por dentro y morían. Ningún médico había visto nada igual … Los médicos japoneses inyectan vitaminas a los heridos pero la carne de los enfermos se pudría al contacto con la aguja".

Hibakusha (persona bombardeada) fue el término con que los japoneses designaron a los supervivientes de la catástrofe nuclear. Oficialmente hubo más de 360.000 hibakusha de los cuales la mayoría, antes o después, sufrieron desfiguraciones físicas y otras enfermedades tales como cáncer y deterioro genético.

Muchos de los hibakusha fueron víctimas dobles: de los norteamericanos y de sus propios compatriotas japoneses ya que le discriminaron durante años debido a que la radiación se creía contagiosa. “La gente normal no dejaba acercarnos -explicaba uno de los hibakusha años después- algunas víctimas de las bombas ocultaron lo ocurrido y pudieron encontrar trabajo pero en cuanto se les declaraba alguna de las mil y una dolencias derivadas de la radiación, eran fulminantemente despedidas".

El día 10 de Agosto de 1945, menos de 24 horas después del estallido de la segunda bomba en la ciudad japonesa de Nagasaki, Yosuke Yamahata, fotógrafo del ejército japonés, llegó a la ciudad de Nagasaki con el encargo de documentar los efectos del "nuevo tipo de arma". Yamahata caminó durante horas entre los escombros del escenario más dantesco que jamás hubiera imaginado. Sus declaraciones y fotografías son una de las pruebas más desgarradoras de la monstruosidad humana:

Un viento caliente comenzó a soplar en todos lados se veían pequeños incendios, como antorchas apagándose: Nagasaki había sido totalmente destruida … tropezábamos con cuerpos humanos y de animales que yacían a nuestro paso … era en verdad el infierno en la tierra. Aquellos que apenas pudieron sobrevivir la intensa radiación -con los ojos quemados y la piel calcinada y ulcerada- deambulaban apoyándose en palos para poder sostenerse esperando ayuda. Ni una sola nube amortiguaba los rayos del sol de ese día de agosto, brillando inmisericorde en ese segundo día después del estallido”.

La bola de fuego puede alcanzar temperaturas que superan los trescientos millones de grados centígrados, superior a la mismísima superficie del sol, e incluso a la de los rayos. Si alguien ha visto Dragon Ball entenderá perfectamente la esencia de estas palabras. La onda expansiva es acompañada de vientos fortísimos y rachas huracanadas caloríficas de velocidades de vértigo que disuelven la pintura y convierten en escombros polvorientos todo lo que se interponga en su camino. Los incendios espontáneos, incluso con casos de carne derretida, son muy comunes tras la detonación. En Hiroshima y Nagasaki hubo una lluvia radioactiva a los pocos segundos del estallido, donde cayó literalmente ceniza de los cuerpos vaporizados. Fue un espectáculo dantesco.

Lo que vais a ver a continuación a través del enlace que os facilito es el testimonio de la más horrible destrucción causada por el ser humano, una recopilación de fotografías que ponen la piel de gallina. Aquellos que no estén preparados o solo sientan el impulso del morbo, mejor que vayan al Messenger. Los demás, pasad esta visión con respeto y con ojos críticos ya que el único objeto de esta entrada es evitar que la ignominia caiga en el olvido y pueda volver a repetirse y más cuando leo en las noticias que todavía existen en el mundo 30.000 cabezas nucleares activas.

Fotos:
http://hiroshima45.blogspot.com/
http://www.youtube.com/watch?v=Wtfw5KiI_Qg

Videos:
http://www.youtube.com/watch?v=Xs3JE4WRL-8
http://www.youtube.com/watch?v=3iJKPDg209M
http://www.youtube.com/watch?v=jYIjizhn8zA

Veinte años después, el 6 de agosto de 1965, cuando se recordaba el vigésimo aniversario del bombardeo a Hiroshima, Yamahata enfermó súbitamente. A los 48 años de edad le fue diagnosticado cáncer terminal de duodeno, probablemente debido a los efectos radiactivos residuales recibidos en Nagasaki en 1945. Murió el 18 de abril de 1966 y fue enterrado en el cementerio de Tama en Tokio.

Las bombas de Hiroshima y Nagasaki acabaron con la vida de más de 250.000 personas en un plis plas dejando un legado de horror que aún perdura en nuestros días. Las autoridades estadounidenses ordenaron, como de costumbre, la destrucción de centenares de fotografías y prohibieron la difusión de cualquier testimonio de la masacre. Se prohibió asimismo a la población japonesa cualquier comentario sobre los bombardeos o las informaciones que pudieran “alterar la tranquilidad pública”. Pero con los años fueron saliendo a la luz algunos de los documentos clasificados como “alto secreto”.

“El bombardeo aéreo despiadado contra civiles en poblaciones sin defensas en el transcurso de las hostilidades ha producido dolor y muerte a millares de hombres indefensos, mujeres, y niños, han afectado a los corazones de cada hombre y producido una profunda sacudida en la conciencia de la humanidad.”

Se me estremece la garganta con tan solo imaginar que sería del mundo si algún país decidiera apretar el fatídico botón de las lanzaderas nucleares. Mejor no imaginarlo pero si recordar Hiroshima y Nagasaki y, sobretodo, reflexionar mucho, algo que no suele hacerse en los tiempos que corren.

Saludos.-

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