Emily Brown
(una de las expertas más consultadas sobre infidelidades de funcionarios norteamericanos).
(una de las expertas más consultadas sobre infidelidades de funcionarios norteamericanos).
Con una carrera política impecable y una bella familia, muchos ya son los políticos que han perdido todo por líos de faldas o pantalones. A veces el amor causa estragos y el sexo produce hecatombes. Y si no que se lo pregunten a los afectados.
La vida es una oscilación constante entre pulsiones ascendentes y divergentes, un subir y bajar hacia un clímax que pugna por sobrevivir entre las diversas especies animales, irracionales y racionales. Por suerte los considerados puramente animales “irracionales” se salvan de ciertas anomalías psicoculturales que adolecen las especies llamadas “racionales”, quizás porque su mente es limpia y capacitada solo para obedecer a un sistema instintivo básico. Los sujetos humanos, por el contrario, se rigen por la complejidad de sus pensamientos, sentimientos y acciones. Eso conlleva a desajustes y aciertos según la configuración de los individuos. Por tanto, dadas las circunstancias, hay muchas cosas que aprendemos a lo largo de nuestra formación que luego debemos aprender a olvidar.
Según los expertos, la infidelidad es parte de la naturaleza humana ya que el único animal que censura sus instintos sxuales es el ser humano. ¿Es eso cierto? Desde el punto de vista psicobiológico podríamos decir que la fidelidad sólo es posible gracias a la represión cultural de ciertos instintos y es consecuencia de una formación educacional concreta. Me cuesta creer que los seres humanos son fieles por naturaleza ya que eso iría contra del propio instinto de supervivencia. Puedo estar equivocado pero creo que la fidelidad es producto de una actitud cultural y aunque cueste admitirlo muchas personas, hombres y mujeres, han estado alguna vez con alguien casado o comprometido.
Las personas humanas son muy complejas y cada cultura tiene sus formas distintas de moralidad. La moralidad se adquiere con la educación, no se nace con ella. Suena duro pero es así. Cada persona es un mundo y nada ni nadie puede encerrar a todas las personas bajo unos mismos principios. De hecho la infidelidad ha sido común en todas las culturas humanas, en todas sus épocas y en cualquier pueblo de la faz de la tierra, por muy prohibida que estuviera. Pero ¿por qué la gente es infiel?
Muchas personas se sienten atraídas por lo nuevo, por el riesgo, por la aventura, por transgredir las normas establecidas o rutinarias; cuanto más se reprime más ansias se generan por transgredir. Hay personas que van y vienen según sus necesidades; otras, sin embargo, se ajustan a patrones estables de por vida, cada cual debería ser fiel a si mismo pero muchos infieles lo son por carencias importantes en sus relaciones con los demás. Otras por el contrario son infieles por otras causas.
Vista esta pequeña introducción intentemos ir un poco más allá de la normalidad aparente y cotidiana. Que las personas corrientes tengan amantes secretos o echen una canita al aire no es ninguna noticia, pasa todos los días, en cualquier parte y está asumido excepto para los directamente implicados. Podríamos decir que es simple infidelidad general porque toda la vorágine queda en la intimidad de las personas implicadas y en sus posibles repercusiones; asimismo el hecho de tener o no amantes dependerá de la forma de pensar, de proceder o, en ciertos casos, de las necesidades y carencias de las personas que los tienen o no. En estos casos, los hechos siempre quedan reducidos al ámbito personal y a veces incluso pueden ser justificables. Pero cuando los involucrados pertenecen a cierto tipo de jerarquía social, la cosa cambia. La infidelidad se torna escandalosa.
Harto sabido son los desmanes de muchos personajes del mundo de la farándula o del cine, su forma de vida, frívola la mayoría de las veces, que conlleva la gestación de este tipo de conductas “infieles”, casi siempre, toleradas y curioseadas por la gente “normal” de la calle. Pero la cosa se pone muy fea cuando los infieles son figuras públicas del entorno denominado “intachable”, es decir, aquellas personas que, dadas sus características especiales, deben mantener una imagen y proceder concretos que implican no poder saltarse ciertas normas establecidas como moralmente correctas. Me refiero a los políticos, eclesiásticos, aristócratas, realeza y diversas personas vinculadas a formas de vivir y pensar completamente tradicionales y muy vinculadas a protocolos morales muy estrictos. En estos casos la infidelidad es juzgada muy gravemente por la masa social. Al dolor de la traición se suma el de la humillación pública. Pero curiosamente muchas veces, a pesar de escarnio social, los afectados siguen al lado de los culpables apoyándoles incluso delante de todos. Es una forma de protección ante la amenaza social. Pero todo se complica aun más cuando estas personas infieles piensan y promueven públicamente conceptos morales que son incapaces luego de mantener por si mismas. Dos casos recientes son el de la primera dama de Irlanda, Iris Robinson, que despotricaba contra la infidelidad cuando ella, dado su voraz apetito sexual, le puso a menudo los cuernos a su marido, el primer ministro de Irlanda; o el caso del gobernador demócrata de New York, Eliot Spitzer, casado y furibundo detractor de la prostitución que dimitió en el año 2008 después de que se demostrara que era un cliente habitual de una red de prostitutas de lujo. Son casos de profunda hipocresía y rechazo social porque nadie puede criticar algo que luego lo hace a escondidas.
Pero hay muchos casos de escándalos sexuales entre políticos de renombre universal actual. Recordemos algunos. El caso del presidente de Israel que dimitió en 2007 porque fue acusado de acoso sexual hacia algunas subordinadas y de violación hacia otra. O el caso del diputado danés Jeppe Kofod que tuvo que dejar la cúpula de su partido en 2008 por una relación con una menor de 15 años. O el caso del gobernador Piero Marrazzo que dimitió en octubre del 2009 porque fue pillado por los carabinieri con cocaína y una prostituta transexual (al poco tiempo la transexual apareció muerta). O el caso del gobernador republicano de Carolina del Sur (EEUU), Mark Sanford, que protagonizó diversos escándalos de sexo en el 2009 al desaparecer 5 días con una amante en Argentina. O los múltiples orgías de Don Berlusconi, primer Ministro de Italia harto sabidas en su mansión privada y que los italianos parecen tolerar sin tapujos. O el reciente caso de Iris Robinson, que tan de moda se ha puesto en los medios de comunicación por tener un amante joven al que ayudó económicamente con 50.000 euros para montarse un cafetería. O la reciente recaída de Bill Clinton con su nueva amante “secreta” y la tolerancia interesada de su esposa Hillary Clinton por mantener todavía el matrimonio a pesar de los múltiples “affaires de su marido. O el escándalo que hace poco saltó a los medios sobre el abuso a menores por parte de la alta curia irlandesa con tapado y tolerancia de la Iglesia y el Estado, pero esto roza ya otro estilo de casos. La lista es interminable y sin citar todos aquellos casos que no sabemos. En España por supuesto que los hay y muchos, por ejemplo el del concejal de Palma de Mallorca llevaba dos años pagando el club de alterne con la tarjeta de crédito municipal. Y en el año 2002, el presidente de la Diputación de Córdoba dimitó por contratar a su amante con fondos públicos.
Muchos creen que los hombres son quienes más engañan a sus parejas por el simple hecho de que la testosterona domina la capacidad de control hacia el deseo sexual. Pero los engaños son altísimos entre las mujeres casadas o comprometidas oficialmente, sean de clase popular, ricachona, empresaria, política o aristocrática, La diferencia es que a muchos hombres les encanta alardear de sus conquistas mientras que la mujer es más secretista y no pavonea de sus logros masculinos; ellas han aprendido por culpa de los hombres a saber nadar y guardar la ropa.
Pero no quiero hablar de esa infidelidad general que nos atañe a todos los que estamos ajenos a las cúpulas del poder, sino más bien quiero comentar sobre esa infidelidad de altos quilates que ronronea constantemente la vida de los famosos y que muchos creen inocentemente “intachables”. Que JFK y su hermano Robert Kennedy se beneficiaran ambos a la bellísima Marilyn, que Frank Sinatra tuviera tantísimas amantes muchas de la s cuales compartía en orgías privadas con sus amigotes del Rat Pack o de la Mafia, que Clint Eastwood, según su biógrafo, fuera un as en las infidelidades, que Estefania de Mónaco se lo montara con diversos tipos, son simples ejemplos de que la carne es débil y cuando es famosa mas resuena como morbosa, excitante y chafardera. Pero cuando el poder se alía con el sexo el rechazo social se convierte en noticia de primera página.
Desde que el ser humano existe, los escarceos amorosos siempre han estado presentes, en todos los tiempos y culturas, porque las necesidades íntimas son comunes a todos los hombres y mujeres, lleven coronas, trajes de 5.000 euros, taparrabos, sotanas, o programas políticos de corte conservador. Todos los implicados tienen un pito y una rayita al que hay que darle gimnasia y eso de hacer siempre lo mismo con los mismos parece que encaja muy bien en la boca pero poco en la cabeza. El sexo como instinto no entiende de prohibiciones y cuando se reprime se pagan las consecuencias. Tal como ocurre con el hambre y la sed, cuando están amenazados el ser humano es capaz de cualquier cosa para saciarlos.
Históricamente hablando ya conocemos los desmanes de muchos reyes, príncipes, estadistas, religiosos, nobles, muchas veces consentidos por el propio sistema, el clero, sus parejas e incluso por el pueblo entero. Para ellos ese rol sexual formaba parte de su jerga de poder. Hay mogollón de libros que hablan de estos personajes y de sus aventuras, incluso en la mismísima Biblia.
El sexo no es más que un simple instinto que exige satisfacción inmediata, como el ansia por comer, beber, dormir, Son instintos que cuando se despiertan precisan respuestas. Pero curiosamente jamás he entendido porque se moraliza de forma distinta al sexo, algo que es natural y forma parte de nuestra biología, de lo que se valora el actor de comer por ejemplo. Los problemas y los escándalos relacionados con el sexo aparecen porque nuestra sociedad es intensamente represiva y no sabe encauzar la sexualidad como algo normal que precisa niveles de satisfacción, permisividad y libertad, siempre y cuando no entremos en las llamadas desviaciones sexuales, aunque algunas de ellas también serían discutibles porque en otras sociedades han sido y son toleradas o permitidas. El instinto sexual pues es un instinto que debe tener salida de forma natural y libre, dentro de sus limitaciones claro está. Pero lo que no es entendible es que a fecha de hoy la gente siga escondiéndose para hacer el amor y la practique la violencia a la luz del día, tal como afirmó en su día John Lennon.
Si mi vecina se acuesta con dos tipos al mismo tiempo no es relevante, al menos bajo mi punto de vista, cada cual hace lo que cree que debe hacer acorde a su forma de vivir y pensar; probablemente la conducta de esta mujer pasará desapercibida y prácticamente nadie le prestará atención salvo otros vecinos morbosamente curiosos; pero si la primera Dama de Inglaterra se acuesta con dos tipos al m simio tiempo eso si será terriblemente relevante porque esa mujer, a diferencia de la primera, representa los valores del Estado y desencadenará una escándalo de proporciones inimaginables. Lo lógico sería que ambas mujeres pudieran hacer lo que les viniera en gana, es su vida privada, pero mientras la primera goza de esa libertad la segunda no puede porque está sujeta a protocolos que se lo impiden y más si representa y divulga principios morales que van en contra de ese tipo de conductas libidinosas.
No sabemos dónde deben estar los límites y porque las personas tienen tanta animadversión por los temas sexuales. Curiosamente a la gente les atraen los temas más escabrosos y tabú, como las desgracias, el sexo y la vida privada ajena, cualquiera de estos temas vende noticias por un tubo todos los días.
A mi me trae sin cuidado si la señora del Primer Ministro irlandés se tira a un jovenzuelo y le va la marcha hasta dejar agotado a su amante, es humana y probablemente, aunque esté en un pedestal, tendrá sus carencias y necesidades, pero lo que si me irrita es que esta dama ataque ferozmente la infidelidad como parte de su discurso político de cara la galería y luego ella la practique a todo tren e intente suicidarse posteriormente porque el amante la ha dejado y encima le pida la devolución de la pasta por el despecho.
No se puede estar en contra de las cosas y luego practicarlas. Esas contradicciones son nefastas y demuestran la vaciedad de quienes las practican. Desgraciadamente eso también es infidelidad, no sexual, pero si moral o ideológica y nuestra sociedad se caracteriza porque estas infidelidades abundan por doquier, así el mundo va como va.
Saludos.-
