Suelo rascarme a menudo la cabeza, no por falta de higiene, manías o reacciones alérgicas, sino porque suelo ser el responsable directo de que mis habitantes neuronales se dinamicen y no se tumben en la azotea del ático. Por tanto cada día que pasa, cada día que vivo, procuro descubrir cosas nuevas que eviten un colapso vago o unas posibles vacaciones neurológicas.Desde hace mucho tiempo, todo nuestro mundo está regido por mentiras, mentiras enormes, grandes, medianas y pequeñas, todo un sutil sistema mentiroso cuya única finalidad estriba en saber vender motos para que todo el tinglado siga en pleno funcionamiento y rentabilidad. Da igual lo que hagas o digas, si estás abajo y haces algo incorrecto caes como una bola hacia el agujero del inodoro, si estás arriba, la cosa cambia y aunque la cagues, te limpian la mierda y prosigues tu glotonería con pañales nuevos, limpio y reluciente, como si nada hubiera pasado.
Vivimos pues tiempos extraños, tiempos de lo complejo, de lo irracionalmente posible y de lo racionalmente imposible; los ejes de la lógica y la coherencia se han invertido, nada es lo que debería ser porque la vida se ha convertido en una pesada chepa en la espalda.
Dicen que la distancia más corta entre dos puntos, origen y destino, es una línea recta, pero eso no es posible cuando tratamos con la dinámica humana. El ser humano es una geometría asimétrica, una ingeniería insostenible que se cae ante cualquier brisa como un castillo de naipes. Cuanto más observas esa dinámica más interrogantes se te plantean ante las narices y es que el mundo donde vivimos es una auténtica jauría de grillos y depredadores. Complicamos todo porque somos complicados y las cosas se complican para que nadie las entienda y otros, sin embargo, puedan hacer de las suyas.
Solo hay un guión establecido: trabajar, trabajar, trabajar, y trabajar más que nunca porque mientras haces eso no puedes hacer otra cosa y menos pensar. Trabajas para mantener el edificio, la fábrica de hacer billetes, de los cuales tú no ves ni uno, solo alguna calderilla que te cae para que sigas sudando y puedas seguir pagando las toallas que usas. La vida está montada así, de arriba abajo, no de otra manera.
Hablamos de Justicia pero no se aplica como tal, el peso de la ley siempre cae de pleno sobre el más débil y cuando afecta a políticos y personajes de alta alcurnia todo se diluye tras una espesa cortina de humo, solo hay que ver y leer algunos de los muchos casos que a diario salen en la prensa diaria y que demuestran en qué tipo de país y mundo vivimos.
A pesar de conocer nuestras grietas y debilidades, nos empeñamos en seguir en la espiral de lo irremediablemente mal hecho. Sabemos que las cosas se hacen mal pero pasamos de ellas, sabemos que los políticos son chupópteros pero seguimos votándoles, lamentamos muchas cosas pero seguimos haciéndolas o tolerándolas. Cuanto más analizas la vida que tenemos, más incomprensible parece cualquier cosa. Nuestra vida está llena de contradicciones, errores, cosas mal hechas, desorganizadas, dejadas a su suerte, aplicadas sin sentido, etc.; es un vademecum lleno de pequeños aciertos y grandes porquerías.
Por suerte existen algunas mentes que intentan hacer que las cosas sigan un camino correcto, luchan por enderezar el árbol torcido pero los vientos de la ambición soplan tan fuertes que matan toda esperanza; es la reencarnación de un nuevo Sísifo que a pesar de sus intentos siempre termina bajo el desfiladero.
Todo lo que se hace, por breve o pequeño que sea, se convierte en algo tedioso, complejo y excesivamente lento y jerárquico. Toda gestión pasa a ser un verdadero quebradero de cabeza, con mucho tiempo de inversión y mogollón de gastos impresionantes; al final uno piensa que todo es así porque interesa que sea así y no de otra forma.
Me cuesta creer que la inteligencia humana aplicada a las cosas de la vida se plazca en buscar siempre el camino más torcido y complejo para resolver cualquier situación. Yo me inclino más a pensar que lo fácil, que casi siempre es posible, no es rentable, al menos para quien cree que eso es así; sin embargo, yo pienso que lo simple es más llevable, controlable, y por tanto, reduce gastos, tiempos y complicaciones; además lo simple es rápidamente entendible por todos, quizás por eso no interesa que sea así. Cuanto más inaccesible es algo, más distante es la barrera que nos separa de los que poseen las riendas del poder.
Pero el tiempo no se puede detener, ni siquiera cuando te mueres, porque nadie sabe si ese tiempo ajustado a ti mismo prosigue su cuenta en otra parte prosiguiendo su jodienda. Tampoco se detiene porque tú decidas tomarte calma para ver las cosas en estado de quietud. Pase lo que pase el mundo sigue en movimiento, complicando lo simple, taponando sus salidas, su comprensión. Ningún rincón del planeta se queda vacío de contenidos, descubrimientos, calamidades o abusos; somos elementos muy activos y dónde se cuecen humanos se fraguan acontecimientos, tramas y problemas.
La vida ya es de por si compleja como entidad biológica, inalcanzable como origen de momento, pero parte de simples células que siguen un proceso lógico y coherente. El ser humano insiste en hacer las cosas a su manera, a contra corriente, inventando procesos complejos que ni el mismo entiende, ni es capaz de seguir ni cumplir. Una cosa es la vida en si y otra la naturaleza humana. Las múltiples contradicciones y dialécticas en la sociedad muestran cuan estúpido es el ser humano, bien porque algunos pretenden ser más que otros y otros porque aceptan vivir sin mover ni un ápice de nada. Nada hay peor que vivir aborregado en la cuerda floja siguiendo las corrientes de lo absurdo, monotono e incoherente; el dejarse arrastrar a lo anodino es vaciarse como alma y deshidratar la vida propia.
Vivir, por tanto, es lograr que todo sea más fluido, sólido o transparente, pero siempre compacto, ético y consecuente, con sus variables abiertas al crecimiento positivo, procurando abrirse hacia lo simple e inteligible para controlarlo de manera más eficaz. Complicar la vida, los procesos, los trámites, las relaciones, los deseos, los estados de escape, los sentimientos, el trabajo, los quehaceres cotidianos, incluso un viaje o un transporte público, denota escasa capacidad para gestionar la vida. Tener un poco de sentido común no es algo que esté vedado a todos los seres humanos. Se supone que somos una especie civilizada alejada ya de los cavernícolas cazadores.
Saludos.-
Texto KarlFM.-




