domingo, agosto 30, 2009

NO SOMOS LO QUE PARECE.

Cuando abandonamos nuestro mundo privado y entramos a formar parte de la dinámica exterior solemos transformar nuestras pautas de conducta olvidándonos a menudo que existen otras personas a nuestro alrededor. Da igual en que condiciones vayamos, si a pie o en vehículos, cuando somos muchos y coincidimos todos, nos volvemos auténticos energúmenos. Según las leyes de la progresión geométrica probablemente si seguimos a este ritmo las ciudades se convertirán en grandes campos de batalla y sus consecuentes cementerios de almas muertas.

Cada día son más los momentos en que te encuentras metido en el centro de situaciones desagradables, tensas o de choque o por cuestión de azar recibes sus efectos colaterales. La vida es un duro golpe que alguien te asesta desde alguna parte y a veces no puedes reaccionar como deberías. Existen momentos donde decides pensar que todo parece el acto jocoso de algún bromista sideral porque las piezas no encajan en la maquinaria porque no dispones de las herramientas necesarias. Eso se debe en parte a que vivimos en el seno de una sociedad que nos vapulea constantemente y se olvida a menudo de sus principios éticos en pos a un profundo egoísmo de sus integrantes. Esta forma de vivir suele disociar las buenas formas de comportamiento que terminan por convertirse en conductas muy insolidarias, negativas e incluso violentas. Las transformaciones que sufren las personas en plena calle son un claro ejemplo y dignas de llevar a la gran pantalla. NO SOMOS LO QUE PARECE.

Muchos pensaréis que soy muy crítico con la sociedad, llevo tiempo dándole caña, pero es que realmente la merece y más cuando conoces esa realidad social que te engulle hacia sus oscuras entrañas. 

El mundo es una gigantesca bola Gruyere con bacterias Roquefort y gusanos de Cabrales pero gira como un huevo podrido en su canasta de paja. “Si te ríes cuando los otros ríen y lloras cuando los otros lloran, en ese caso tienes que prepararte para morir como ellos mueren y para vivir como ellos viven. Eso significa estar en lo cierto y llevar la peor parte al mismo tiempo. Significa estar muerto cuando estás vivo, y estar vivo sólo cuando estás muerto” (Henry Miller, Trópico de Capricornio).

La vida se convierte pues en un espectáculo a medida que se produce, es bella si tienes la suerte de estar en el lado guai de si misma pero es una terrible si te encuentras en su lado más jodido. Por tanto tus valoraciones en torno a la vida dependen del anclaje que te ate a su andadura. La vida es un cúmulo de situaciones que te hacen oscilar entre los vaivenes del tiempo, siempre en distintos niveles de abajo o arriba. Hay gente que sufre indebidamente más de lo que imaginamos y gente que vive como auténticos dioses sin merecerlo. La vida es una putada pero con el armamento adecuado puede convertirse en un sendero equilibrado o tolerable.

Como la vida no es fácil para nadie, ni siquiera para muchos de los multimillonarios que envidiamos, hay que procurar tomarse la vida de la mejor manera posible y procurar mejorar en todo lo que podamos nuestra existencia así como aportar distintos granos de arena para que el conjunto sea menos ácido y amargo.

Nunca se tiene todo y cuando tenemos algo deseamos más o cambiar. Los ricos tienen dinero pero suelen tener otras carencias que muchas veces inútilmente intentan comprar. Comer todos los días langosta al horno o solomillo Paris, cansa, por lo que terminas soñando con los boquerones de la abuela o el bocata de fuet. Ricos, medios, pobres o lumpens, todos al final terminan en el mismo agujero, tanto si acudes a a la cita con abrigo de visón y Rólex de oro o con alpargatas y rastas de okupa.

Por ello siempre he pensado que hay mucha gente que se complica la vida innecesariamente y se busca problemas por las cosas más banales como es el caso de la convivencia diaria básica en las ciudades. Mala leche, frialdad, indiferencia, introversión, distanciamiento social, etc., son algunos de los elementos que están presentes cada día por las calles de nuestras megapolis. 

El mundo actual es una olla a presión; hay mucha desconfianza por todos lados. Antes la gente era más amable, más conversadora, más amigable, más hospitalaria. Ahora somos enemigos, competidores, gente de poco fiar. La verdadera escuela de la vida no está en los libros sino en la misma calle que pisas todos los días, ese extraño lugar donde se dan cita todas las almas humanas.

Existen muchos estudios que nos alertan de todos esos comportamientos de la vida humana, disciplinas dispares que intentan descifrar los jeroglíficos e interrogantes de las sociedades humanas. La Psicología por su parte nos advierte de los peligros para la mente, la Ciencia de los problemas para nuestra salud, la Sociología sobre los constantes handicaps sociales que zarandean nuestra vida, la Economía sobre las oscilaciones de los mercados, la Demografía del incesante crecimiento de la población y del agotamiento de los recursos. Vivimos tan inmersos en las grandes concentraciones humanas que olvidamos a menudo que somos demasiados y eso genera tensiones de altísimo standing; pero si logramos observar a los habitantes de dichos hormigueros notaremos que a ciertas horas las “termitas” humanas salen de sus agujeros y rugen como marabuntas para hacerse un hueco en su propio espacio vital; piensan que la ley está hecha a su medida y el resto no tiene importancia. 

Los “seres humanos” somos así, nos machacamos unos a otros y aun siendo parecidos nos creemos diferentes a los demás, hacemos todo lo imaginable para alcanzar los olimpos soñados, al precio que sea. Por suerte existen buenas personas que hacen cosas que mantienen cierto equilibrio en las sociedades, pero muchos buscan nutrirse a toda costa. De los políticos, banqueros y multinacionales ni hablemos, son el más puro reflejo de esa realidad tan decadente y responsables de los males que azotan el mundo. SOMOS PEORES DE LO QUE PARECE.

En la calle te encuentras todas las formas de la demencia, dos mil años de esta historia nos han insensibilizado con respecto a la imbecilidad que constituye la ida diaria de las personas. Por ejemplo, sabemos que los conductores de vehículos actúan como auténticos depredadores urbanos, incluso podríamos colocar en el coleccionable de cromos a ciertos ciclistas salvajes, motoristas descerebrados, patinadores y skaters arrolladores, que con sus vehículos son capaces de aplastar a cualquiera que anda por su espacio. ¿Pero qué sabemos de los que sólo andan?, ¿de esos que tan solo con dos patas parecen inofensivos pero siembran el caos con su móvil prepotencia?. Sin lugar a dudas son parte del reflejo de esa sociedad mutilada de principios.

Este tipo de personajes, caminantes y motorizados de corte homicida, van por donde quieren, no respetan ni señales ni semáforos, y menos carriles, cruzan por cualquier parte, zigzaguean o se paran donde más estorban o les place; pasan de sus semejantes, les importan un carajo, ocupan asientos sin concesiones a las personas más necesitadas, ni a viejos, ni a embarazadas ni a sobrecargados, enfermos o con muletas. 

Los que solo andan roen todo lo que pillan a su paso, escupen, orinan en cualquier zona, ensucian, tiran montones de desperdicios, algunos huelen mal, contaminan, rompen cosas, nunca se apartan aunque otros tengan preferencia, dan golpes, incluso, a veces, buscan bronca si se les dice algo; pasean por el carril de bici, y si van en grupos, invaden todo el espacio como si fueran una manada de elefantes. Pocos van por su derecha, si te descuidas te comprimen o aplastan como una lata, especialmente cuando se movilizan por los pasillos subterráneos del metro, terminas andando y dando eses como un borracho. Son un colectivo anormativo y en consecuencia se creen los propietarios de las aceras y de cualquier espacio que pisan. Cuando llueve casi te sacan los ojos con sus paraguas descontrolados. No admiten consejos pero critican a los que van sobre ruedas mostrando verdadera impiedad frente a ciclistas, coches, motos, patines y monopatines, entre más artilugios móviles. Tienen sus derechos y razones, por supuesto, pero son intransigentes cuando ellos fallan, que es muy a menudo; entonces pierden el norte e imponen sus normas y te machacan si les llevas la contra. Observad una gran concentración humana y sabréis de qué hablo.

Yo por ejemplo, voy todos los días al trabajo en bicicleta, me gusta evitar en lo que puedo el stress del tráfico motorizado, hago deporte y encima ahorro y no contamino en ese sentido. Consciente de que voy en un vehículo de dos ruedas y a veces no tengo más remedio que compartir aceras con supuestas personas, soy de los que procuro cumplir con las normas establecidas para tal fin, cuestión de principios; si fuera por mi, viviría en una isla tropical con la menor gente posible; por desgracia no es así y veo cada día montones de trenes humanos desfilando por todas partes, entre ellos gran cantidad de peatones que infringen sus propias normativas de circulación peatonal desconociendo su propia normativa de tráfico. 

Cuando las aceras tienen unos anchos concretos y la calzada resulta peligrosa las bicicletas pueden circular por las aceras. A pesar de ello, los ciclistas solemos ser el blanco de muchas iras por lo que no hay día que, por tocar el timbre -como aviso de precaución- o por circular por las aceras permitidas, no recibas broncas o incluso insultos, algunos de ellos muy graves. Recuerdo que hace unos días una pareja de “personas” que rondaba los 60 y pico paseaba tan pancha por el carril de bici cuando tenía su propio espacio para hacerlo; les avisé de mi presencia con un toque de timbre y a cambio recibí, ipso facto, un aluvión de insultos entre los cuales el más fuerte fue hijo de p… De buena gana me hubiera parado en seco y le hubiera asestado un puntapié a los viejos, pero mi ángel interior me paró diciéndome que no merecía la pena increpar a un grotesco mal educado ya senil así que les esquivé y proseguí mi camino. Evidentemente ellos no se apartaron del carril bici y siguieron andando por el mismo gesticulando ademanes de cabreo enloquecido. Siempre he pensado que si las personas llevasen pistolas o ametralladoras láser mientras transitaran por las calles éstas estarían sembradas de cadáveres. Hay tanta agresividad contenida en la sociedad que resulta peligroso moverse por el exterior, nunca sabes que te puede pasar. Lo mejor es pasar de los demás y seguir tu camino.

La gente no es lo que debería ser, antes se paseaba con calma y las personas eran más educadas, en las calles y en las aceras de las ciudades. Solían levantarse de su asiento para ceder su espacio a una embarazada o a un señor mayor. Los automovilistas solían ceder su paso y los ciudadanos conversaban con esmero cuidado y no estallan como un saco de TNT cuando se producía un pequeño incidente. Eran personas en ciertos sentidos.

Hoy en día somos salvajes, puros escorpiones con las colas levantadas y los aguijones relucientes. Hablamos de educación pero la olvidamos a cada momento que demonios es eso. Deambulamos con nuestros caretos agrietados y aislamiento ajeno. Si alguien nos dice algo ya pensamos bajo ecuación negativa. En cuestión de micronésimas de segundos nos ponemos a la defensiva y somos capaces de engullir cualquier víctima que se pare ante nuestras narices. La vida ha cambiado tanto que se está volviendo intolerante y extraña. Veamos un curioso experimento.

Hace pocos días dos periodistas observaron en seis zonas muy transitadas de Pamplona cuántos peatones infringían ciertas normas de circulación. El estudio se realizó el día 12 de julio del 2009 y los periodistas permanecieron en cada lugar 20 minutos. En apenas 120 minutos un total de 184 personas cruzaron la carretera por lugares no permitidos o cuando el disco estaba en verde para los vehículos. Cada 1,5 minutos se cometió una infracción peatonal. Por tanto hay que tener presente que en muchas ocasiones son los mismos peatones quienes cometen infracciones que desembocan en siniestros leves o graves.

Con todo esto quiero decir que en esta vida hay quien sabe comportarse y hay quien se pasa por el forro cualquier código de conducta basada en el respeto de las normas, vayan a pie o en cualquier vehículo; la educación y savoir faire están desapareciendo y si los políticos y empresarios no son capaces de dar ejemplo ¿cómo vamos a exigir ética, moral y buenas costumbres al resto de los ciudadanos?. No tiene sentido y por ello las ciudades se están convirtiendo en espeluznantes campos de Bramante. La prueba es que ni tan siquiera se acepta que en las escuelas pueda impartirse una asignatura tan lógica como necesaria que se llama Educación para la Ciudadanía. Recuerdo que en mi infancia en la escuela estudiaba lo que en aquel entonces se llamaba Urbanidad y era una especie de cuaderno estilo Comic que te mostraba las principales conductas de respeto y educación para con los demás.

Hasta hace poco tiempo los viandantes no solían tener normativas que marcasen su forma de proceder; no obstante, debido a muchos abusos y consiguientes accidentes y salidas de olla, ahora ya se sanciona a muchos peatones que infringen los códigos de circulación, una acción que a mi juicio es coherente. Lo que me parece mal es que en su afán de recaudación de fondos hay ayuntamientos que se pasan de rosca al sancionar ciudadanos a pié por correr por ciertas calles, por saltar vallas, incluso por subir el perro con el ascensor, entre otras múltiples exageraciones. Con todas esas nuevas sanciones los ayuntamientos se embolsan una jugosísima cantidad de extras monetarios que les vienen anillo al dedo para cubrir sus necesidades y obtener sus beneficios. No creamos pues que todo lo que se hace oficialmente es por el bien de la comunidad. La razón oficial de estas sanciones son una excusa legal para justificar la obtención de recaudaciones millonarias que realmente constituyen la verdadera finalidad de todo el proceso. 

Cierto es que tenemos capacidad para poder vivir en sociedades armónicas, bien planteadas, ecuánimes y centradas en el bienestar común; podríamos construir equilibrios, controlar los espacios y y repartir las riquezas para que todos pudiéramos vivir bien y sin carencias, se podría hacer eso y mucho más si las personas fueran honestas, solidarias y legalmente comprometidas por las causas sociales, pero no es así, nos domina el negro corcel de la perversión, del egoísmo, de la ambición, del poder, del tener más que nadie, por lo que en lugar de generar totalidad generamos diferencias y cada vez más profundas. No somos pues tan inteligentes como creemos ser, somos esclavos de nuestros propios demonios. Si sopesáramos en una gigantesca balanza las conductas humanas veríamos que la zona negra es la más abultada y pesada. Como dice la voz de la experiencia, “cuando te mueves entre termitas humanas alerta tus sentidos porque tarde o temprano puede ser que te devoren lo poco que aún te queda de humano”.

“La tierra no es una meseta árida de salud y comodidad, sino una gran hembra tumbada con torso de terciopelo que se hincha y se eleva con las olas del océano; se retuerce bajo una diadema de sudor y angustia … . A veces es como una cierva, una cierva que ha caído en una trampa y que espera con el corazón palpitante que estallen los címbalos y ladren los perros. Amor y odio, desesperación, piedad, rabia, hastío … En los años transcurridos desde que apareció la última alma devoradora, el último hombre que conoció el significado del éxtasis, ha habido una decadencia constante, en el pensamiento, en la acción. El mundo está acabado: no queda ni un pedo seco. ¿Quién puede sentir el menor respeto hacia estos gobiernos, leyes, códigos, principios, ideales, ideas, tótems y tabúes existentes?... Si hubiera un hombre que se atreviese a decir todo lo que pensaba de este mundo, no le quedaría ni un metro cuadrado de suelo en que plantar los pies. Cuando aparece un hombre, el mundo cae sobre él y le rompe la espalda. Siempre quedan en pie demasiados pilares podridos, demasiada humanidad infecta como para que el hombre florezca. La superestructura es una mentira y el fundamento un inmenso miedo trémulo … Si de vez en cuando encontramos páginas que explotan, páginas que hieren y estigmatizan, que arrancan gemidos y lágrimas y maldiciones, sabed que proceden de un hombre arrinconado, un hombre al que las únicas defensas que le quedan son sus palabras y sus palabras son siempre más resistentes que el peso yacente y aplastante del mundo, más resistentes que todos los potros y ruedas de tormento que los cobardes inventan para machacar el milagro de la personalidad. Si algún hombre se atreviera alguna vez a expresar todo lo que lleva en el corazón, a consignar lo que es realmente experiencia, lo que es verdaderamente su verdad, creo que entonces el mundo se haría añicos, volaría en pedazos, y ningún dios, ningún accidente, ninguna voluntad podría volver a juntar los trozos, los átomos, los elementos indestructibles que han intervenido en la construcción del mundo”.

(Henry Miller, Trópico de Cáncer)

Os dejo con esta curiosa canción y letra de Def Con Dos que define al dedo a esa extraña especie llamada Humanos.

http://www.youtube.com/watch?v=bI48zu24jek

Saludos.-

Texto KarlFM

Ilustración: Google images

domingo, agosto 23, 2009

BAJO LA PLAGA DE LAS TERMITAS HUMANAS

Digan lo que digan las ciudades son gigantescas masas de entes y estructuras que en nada se diferencian a muchas de las llamadas sociedades insectívioras; las calles de cualquier gran ciudad son hervideros de puntos en movimiento sin cesar, auténticas marabuntas que arrasan todo equilibrio natural y racional; cada vez somos más y cada vez veo a la gente más nerviosa. Salir fuera de casa es toda una aventura, con riesgo incluido. Si vas en coche ni te cuento, te vociferan como gorilas, te machacan a claxons, insultos incluidos; es la jungla del asfalto, la ley del más fuerte, el mundo de las termitas humanas.

Por más que nos quieran hacer ver, vivimos bajo una durísima tensión flotante y eso se manifiesta de forma muy contundente en cualquier parte. Hagas lo que hagas, vayas con que vayas, y no te digo ya con quien, nunca estás a salvo, porque no hay día donde prácticamente alguien no te despedace con sus palabrotas, gritos, malas caras o simplemente con un gesto de irte a tomar por culo. Eso es una situación que se va acumulando durante la semana y al final revienta como un globo lleno de pintura. Vivir en la ciudad pues se ha convertido en un verdadero quebradero de cabeza, salvo contados días.

Si a eso le sumamos que hay días o ciclos en que todo parece salir mal y que los proyectos que tenías en marcha se joden, entonces entramos en la peor de las fases críticas por lo que no es de extrañar que tras una Día de Furia (recordar la película de Michael Douglas) algunos se cortocircuitan y decidan cortar por lo sano y mandarlo todo a la mierda, pase lo que pase.

Yo creo que se hace más difícil vivir, la mejor prueba la ves todos los días, en la misma calle o dejándote llevar por la corriente de las noticias. Algunos nos hacemos fuertes a eso, quizás porque nuestra biopsicología y formación cultural no nos permite adaptarnos a ese primitivismo urbanita reinante, la edad nos incita a reflexionar mucho y sobretodo a desear y amar la calma; queremos sentir que la vida es útil y positiva y merece la pena vivirla aun que a veces cueste llevarla a término. Pero aunque se logre sintonizar con los ejes vitales de la sociedad no hay lugar a dudas de que a veces muchos tenemos la sensación de vivir dentro de un enjambre de revolucionadas “termitas” que van hacia un final trágico.

(Las termitas son insectos sociales extraordinariamente complejos que por su estructura social y eficacia son un ejemplo de trabajo tenaz y sumiso. En la naturaleza cumplen su función degradando la madera, pero en nuestras casas y ciudades se convierten en una plaga por los terribles daños que causan).

Los humanos se comportan parecidamente y más si en cierta logramos alejarnos mentalmente de sus enjambres. Por ello, de vez en cuando es necesario alejarse de su bullicio cotidiano y ver, a modo de zoom psicológico, como se dinamizan; tomar cierta perspectiva y distancia ayuda a comprender sus problemas, las situaciones que generan, las causas que los provocan, sus circunstancias específicas, desarrollos y posibles soluciones. Estar demasiado inmerso en el meollo del conjunto, afecta y puede distorsionar la percepción del mismo. Es lo que en psicoanálisis se denomina distanciamiento del sujeto analizado para obtener una interpretación objetiva de los hechos.

Por otra parte, cuanto más nos alejamos de los hormigueros humanos más vemos lo diminutos que se hacen sus inquilinos, hasta tal punto que dejan de parecer lo que son y se convierten en otra cosa, en millones de pequeños puntos moviéndose frenéticamente como si de una fuerza devastadora se tratara pero a su vez parecen tan insignificantes y tan expuestos que cualquier amenaza puede barrerlos como una gigantesca aspiradora se tragaría un nido de “termitas” en microsegundos.

Por ello una cosa es ver a una persona frente a frente o a un grupo de personas con los que puedes entender que son almas que piensan, sienten, sufren, etc, pero cuando la gente se aleja de tu cercania y adquiere una perspectiva muy alejada, entonces todas esas personas se convierten en simples números o puntos facilmente controlables por quienes ostentan los poderes para manipularlos.

No son paranoias, ni estoy bajo la resaca de psicotrópicos ni preso de desvaríos de la edad, es simplemente una proyección imaginativa y sublimada de lo que son las sociedades urbanitas de hoy en día: enormes enjambres cada uno de ellos entregados a su función alocada y con sus respectivos habitáculos y habitantes. Las metrópolis hoy en día son centros insostenibles para cualquier alma humana en busca de equilibrios.

No obstante, aunque parezca imposible, dentro de esa eléctrica vorágine diaria hay, por suerte, algunas grietas y coladeros que permiten encontrar vías de adaptación y escape; es lo que los expertos en psicología social denominan rutas y adaptaciones inteligentes al medio hostil, que, al fin y al cabo, son base de toda supervivencia psicológica.

Pero no siempre es posible sortear los riesgos y acariciar las alternativas, a veces no es fácil ver esas rendijas del sistema y poder colarse a través de ellas hacia oasis deseados; además no todo el mundo tiene la capacidad de ver la botella medio llena y encontrar recursos que permitan mover la maquinaria propia para que funcione con las mejores garantías; hay mucha gente que suele ver la botella medio vacía y se precipitan inevitablemente hacia las roturas psicológicas.

La vida actual exige que las personas tengamos que reajustarnos constantemente para poder sobrevivir al variado bombardeo de contrariedades que la sociedad nos entrega diariamente como menú. Debemos entender que la sociedad difícilmente va a cambiar según los sueños de nuestros tatarabuelos, porque la ambicionitis y la dineromanía, son enfermedades demasiado extendidas como para renunciar a los “cómodos” placeres que ambas otorgan a quien los crean o padecen; los amos del cotarro saben que la tierra es un gran chollo que permite excentricidades de todo tipo y mientras la vaca siga dando leche muchos seguirán mamando hasta que la vaquería de leche.

Todo está estudiado, perfectamente enguionado para que la gran producción esté controlada. Las “termitas” trabajan sin cesar para que las reinas hagan honor a su condición de aristócratas eternas y vivan rascándose la espalda. Los tipos del puro se encargan de que la gente siga adicta e hipotecada para que no toquen las pelotas y sigan produciendo leche.

Pero a veces las cosas se crispan, ya que toda forma trabajadora se cansa, se agota y llega un momento que precisa desconectarse del sistema y darse un respiro. La desconexión es aparente porque no hay nada que no esté conectado al sistema. Por tanto la única salida aparente para reparar fuerzas son lo que yo llamo como balnearios psicológicos, que son esos espacios alternativos o centros de recuperación interna que uno mismo crea para sentirse mejor según las exigencias y expectativas de cada persona.

El desgaste es muy grande y para recuperar el pleno rendimiento del motor (puesta a punto según los mecánicos) no basta con descansar bien sobre un colchón de más de 1.500 euros, ni asociar tu metabolismo a una gastronomía variada y equilibrada, o practicar ejercicio físico, o mantener la cabeza en armonía con el entorno y uno mismo; para poder mantener todo el engranaje sin fallos hace falta más gasolina, auténtico combustible de aviones, porque no todos los días descansas bien, porque los alimentos ya no son naturalmente lo que eran (todos llevan agentes tóxicos que contaminan nuestro organismo), porque no puedes ir todos los días al gym, a la pool, al footing o al bicing, porque ese día no estás para yogas ni para ostias alternativas, simplemente estás desajustado porque la química propia no reacciona a tus problemas y deambulas perdido en un mar de interrogantes; la mente está en blanco y el alma en negro; es como si todo estuviera en huelga general, a la contra fueras nada ni nadie es capaz de ofrecerte ni tan siquiera un salvavidas.

No somos Terminators, ni Lisbettes Salenders, ni Caballeros Jedi ni Dark Vaders, tampoco tenemos a un Señor Lobo (Pulp Fiction) que nos solucione los problemas, eso está bien para los héroes de las películas pero las personas somos básicamente agua y materia que muere día a día hasta que nada queda. Cuando la maquinaria se desajusta, ese día necesitas un milagro para soportar a Matrix y ese milagro se llama vitaminas y felicidad de choque alternativa. Hay quien se encierra en una burbuja, otros pasan de todo. En estos instantes de bajada una buena dosis de Espirulina, bayas de Goji y Ginkgo Biloba, junto a una sesión de Offspring (The Kids Aren´t Alright), hace maravillas, y la verdad es que a mi, desde que lo integro a mi biosistema me tomo la vida con gran energía y cromática más variada.

Pero a pesar de la medicina alternativa y los mp3 en los pabellones auditivos, la vida no es ni Rock And Roll ni Nirvana Lounge!!! Cuando ninguno de los potajes mencionados dan con la combustión necesaria y la vida no te sonríe de cara, la cosa se pone fea. Los vampiros deambulan alrededor de nuestros cuellos dispuestos a dejarte sin el preciado néctar de la vida. La vida externa es pura electricidad, física y química en lucha por reestablecer los principios de la supervivencia. No existe acelerador de partículas capaz de poner el ser humano en la órbita correcta porque nadie sabe cuales son las coordenadas reales. Somos puro choque de masa y átomos y nuestro élan vital se mueve en torno a variables de ruido, riesgos y constantes aciertos y peligros; el mundo es ese enorme chupóptero que te deja seco en lo que menos canta un gallo, por lo que no es fácil moverse a través de esa jungla asfáltica. Como dijo Henry Miller en su extraordinario Trópico de Capricornio:

"En todas partes ocurre lo mismo: hambre, humillación, ignorancia, vicio, codicia, extorsión, trapacería, tortura, despotismo: la inhumanidad del hombre para con el hombre: las cadenas, los arneses, el dogal, la brida, el látigo, las espuelas. Cuanto mayor es la calidad de un hombre, en peores condiciones está. Hombres que caminaban por las calles con aquel maldito traje degradante, los despreciados, los más viles de los viles, que caminaban como alces, como pingüinos, como bueyes, como focas amaestradas, como asnos pacientes, como jumentos enormes, como gorilas locos, como maniáticos dóciles mordisqueando el cebo colgado, como ratones bailando un vals, como cobayas, como ardillas, como conejos, y muchos, muchos de ellos estaban capacitados para gobernar el mundo, para escribir el mejor libro jamás escrito".

Saludos.-
Texto KarlFM.-

HACIA LAS SOCIEDADES INCIVICAS


Mientras que el frío invierno recluye a muchas personas, a volverlas más serias y aburridas, el calor del verano tiende a sacarlas fuera, a desinhibirlas y a volverlas más descaradas y ruidosas. ¿Qué está pasando en las sociedades que se vuelven tan incívicas? 

El tema de hoy es conflictivo, es una reflexión difícil porque depende de lo que cada uno entiende por libertad, educación y civismo, con lo cual se puede llegar a malas interpretaciones y a líneas de pensamientos dispares aunque a decir verdad creo que la mayoría de todos nosotros estaremos de acuerdo en que hoy en día nuestra sociedad es un gran ejemplo de mala educación e incivismo. 

En mis múltiples paseos por la ciudad veo cada día cosas que me sorprenden y me dejan pensativo con un interrogante en la cabeza; la vida en la calle es un continuo espectáculo pero aunque haya cosas divertidas, curiosas, espeluznantes, o tristemente desagradables, hay situaciones que por su naturaleza y hechos dificultan la convivencia en nuestro país. 

Estamos en el siglo 21, caminando ya hacia el 22, hay cosas que ya deberían pertenecer a la vieja historia, sin embargo, renacen y se vuelven cada vez más persistentes día a día. Nuestro bagaje cultural y experiencia en la vida debería colocarnos en un nivel de altísimos logros de convivencia y bienestar social en lugar de volvernos a estados bárbaros. Jamás entenderé porqué es tan imposible lograr que la gente pueda vivir en paz, respeto, educación y civismo. Quien no es capaz de hacer mínimamente eso no merece la pena presumir de “ser humano”. 

No se trata de ser o no, tolerantes, indulgentes, permisivos, hospitalarios o simplemente idiotas, creo que los españoles somos un poco de todo; se trata de ser humanos y sobretodo disponer de principios que permitan la convivencia respetuosa, seas blanco, amarillo, negro, mestizo, fifty-fifty, indígena, ex soviético, capitalista, okupa, radical, baturrico, catalán, mallorquín, inglés, gabacho, latino, valenciano o la madre que te parió. 

Ser civilizado, comportarse correctamente según la lógica humana, es saber estar y vivir en convivencia, respetar la tierra que te acoge y que te da la posibilidad de vivir, trabajar y divertirse; es cuestión de agradecimiento, de corresponsabilidad, de ser educado y de entender qué es libertad y donde finaliza ésta, conceptos que se olvidan fácilmente y valores que deben ser aprendidos en la infancia; son principios y acciones que funcionan en cualquier parte y su carencia o deficiencia convierte a los humanos en verdaderos trogloditas. 

Sin lugar a dudas “en todas partes se cuecen habas" pero a mi lo que me afecta directamente es lo que se cuece en mi caldero. Aunque nos cueste admitirlo España no es ya ningún paraíso como algunos intenten hacer ver; en los últimos años, España se ha desprestigiado y ha perdido peso internacional. Ni peperos ni sociatas han logrado transformar el país en una sociedad influyente y puntera. Acciones tales como las regularizaciones masivas de inmigrantes, la falta de cooperación con nuestros aliados, la carestía absoluta de marcas y productos number one en el ranking internacional, el orgullo de tener una educación que no esté en el punto más alejado de la cola europea, el no saber idiomas porque no somos capaces ni tan siquiera de respetar que entre regiones existan lenguas diferentes, y un largo etcétera, han convertido a la nación española en un socio poco fiable de la UE. Con la sinceridad en la mano, los españoles somos un cachondeo. 

Siento verdadera tristeza, rabia e impotencia de comprobar, día a día, como mi tierra ya no es lo que era, ese lugar único donde las formas de convivencia eran ejemplares. Aquel viejo dicho de que “en España se vive bien” actualmente deja mucho que desear. No voy a hablar de los problemas de nuestro “querido” país que lo único que sabe hacer es enfrentarse constantemente; todos quieren tener la sartén por el mango y vivir como dioses. España es un gigantesco cenicero donde se apagan todas las colillas de los españoles, incluidas las de los puros. Pero para hablar de los “desastres nacionales” existen otros días, hoy se precia hablar de un tema muy picante que últimamente parece que, a causa de los calores, escuece las calientes posaderas de los habitantes de este país. 

Nuestra amada piel de toro ha sufrido muchas invasiones a lo largo de su historia pero, más o menos, de casi todas ha sido victoriosa. Desde hace tiempo el turismo ha sido una de las principales industrias del país aunque dicen los expertos que últimamente ya no es lo que era. Cuando algo bueno decae es porque no se ha cuidado lo suficiente para mantenerlo o incluso hacerlo crecer. España debía ser un lugar privilegiado para practicar el turismo de alto standing como lo es la Polinesia, Seychelles u otros lugares de ensueño. Desgraciadamente no es así y sufrimos las consecuencias del denominado turismo low cost con las consecuencias negativas que ello conlleva, como por ejemplo los comportamientos incívicos. 

Lo mismo pasa con otro tipo de invasión, la emigratoria, que al margen de sus posibles beneficios y el derecho de poder moverse entre fronteras, se ha conducido pésimamente y ha generado problemas gravísimos en el seno de muchas comunidades del país. Las conductas incívicas se han disparado también a causa de este fenómeno. 

Los españoles tampoco se salvan, de sus actitudes educadas y cívica han pasado a un alarmante incivismo que han revolucionado a los Ayuntamientos hasta el punto de tener que tomar serias medidas al respecto y obligar a gastar millones de euros para intentar contener la situación. 

Turistas, emigrantes, ciudadanos españoles, forman una enorme vorágine que “asesina” las costumbres cívicas que hacen que nuestras ciudades, unas más que otras, se hayan convertido en sucias, mal olientes, dejadas y objeto de los depredadores vandálicos. No somos Mad Max, ni tan siquiera una sociedad post nuclear, no vivimos para volver a la ley del más fuerte, a los códigos callejeros de las bandas importadas, etc, quien rompe, mea, caga, destroza, ensucia las calles o joroba a los demás, es un perfecto inútil que debería que reeducarse o sancionar muy seriamente según los casos. 

Desde hace unos años, Catalunya como en gran parte de España, se ha convertido en un espacio donde la vida se ha vuelto complicada e insegura, no solo por la invasión migratoria de ciertos colectivos, por turistas de baja estofa o españoles insensatos, sino por la dejadez de las autoridades pertinentes, por la debilidad del sistema legislativo y por todos los problemas que definen la idiosincrasia actual de todo el país. 

Existe una gran parte de gente autóctona y emigrante que no respeta ni casa propia y ni casa ajena; hay mucho malestar por eso, tanto, que no hay día en que los medios de comunicación no dediquen algunos comentarios al respecto. Por suerte hay gente extranjera (turistas y emigrantes) que respetan o se ha adaptado correctamente e incluso otros han estrechado lazos de cariz diferente; pero existe una parte, desgraciadamente amplia, que no cumple los requisitos mínimos de buen comportamiento; no me refiero a los grupos que cometen delitos (eso es otro tema), sino a simples ciudadanos de aquí o de allá que joroban la cotidianidad cívica del país. Si no empezamos a reeducar bien mal vamos de cara al futuro.

Las ciudades con mar y playa, como Barcelona, son muy relajantes durante las estaciones frías pero en verano se convierten en polvorines sociales, es decir, en núcleos ruidosos, inseguros y repletos de basuras. Cada fin de semana se retiran en el barrio de la Barceloneta de Barcelona más de 15 toneladas de desechos. Eso al cabo del año supone un desgaste y gasto impresionante y degrada los espacios urbanos. 

“Cada año viene más gente de turismo y las fiestas en la playa están de moda, lo que se traduce en más delincuencia, ruidos y orines”.
(Manel Moscat, presidente de la asociación de vecinos de la Barceloneta).

“Estamos hartos de padecer las consecuencias de que Barcelona se haya abierto al mar y el Ayuntamiento la haya vendido al turismo y a los bares”
(Norberto Maier).


Que la inquilina de un bajo enferma de asma –ha de dormir con la ventana abierta– padezca cada noche los efluvios de las micciones de los fiesteros de la playa, no es sólo culpa del Ayuntamiento de Barcelona sino de la conducta incívica de turistas, emigrantes y barceloneses que van a esas fiestas. Ni los turistas ni los barceloneses pueden acostumbrarse a dejar las latas para que las recojan los servicios de limpieza de la ciudad. El civismo es responsabilidad de todos y la solución no pasa por limpiar más, sino por educar mejor. 

“Los comportamientos incívicos en la ciudad de Barcelona
son bastante o muy habituales (79,4%), poco o nada habituales (19’1%)”
(encuesta para EL PERIÓDICO, realizada por el Gabinet d’Estudis Socials i Opinió Pública (GESOP).

No es una cuestión de dinero pues, sino de actitud. Veamos un claro ejemplo real: Sábado noche, un suizo orina en una palmera mientras su amigo pregunta por una discoteca (dice: “Es que hemos bebido cerveza”, probablemente en su país ni se le ocurriría hacerlo). Otro ejemplo: Unos estadounidenses se marchan de la playa dejando tras de sí varios cartones de pizza y una veintena de latas compradas a los pakistaníes que las venden hasta el alba. 

El otro día fui a la playa con unos amigos y cual fue nuestra sorpresa que, tras asentarnos en un lugar espaciado más o menos tranquilo, al poco tiempo quedamos completamente rodeados de latinoamericanos, especialmente de ecuatorianos y peruanos; en cuestión de dos horas éramos los únicos españoles que había en un diámetro de unos 25 metros aproximadamente. Pero la cosa no termina aquí, se amontonaron casi encima de nosotros, sacaron sus carros de compra, llenos de comida, platos y toda clase de artilugios como flotadores, colchonetas, barcas hinchables, todos ellos inflados a base de pulmón libre; llevaban neveras, grandes parasoles que dispusieron juntos para formar una especie de tienda a modo de kibbutz improvisado en cuyos lados colgaron telas, toallas, etc. Otros extendieron sus toallas y sillas plegables, hamacas. Nos quedamos boquiabiertos porque aquello parecía un campamento nómada. 

Lo peor del caso es que no fueron solo los vecinos de la derecha o de la izquierda sino que a medida que ibas alejando la vista, el panorama era similar, cada uno con sus características propias pero todos montando su particular “Fort Apache”. Además no iban dos ni tres sino toda la macro familia con suegros, tíos, cuñadas, hermanos, niños, amigos. Una vez aposentados como si una invasión colonial se tratara, empezaron el gran show: reggaeton a tope, gritos, risas histriónicas, los niños corriendo por todos lados y salpicando arena. Dentro de sus habitáculos había gente tumbada, evitando el sol, alguno dormía tan pancho. Llegó la hora de la comida y por Dios !!! sacaron platos y cazuelas, mucha cerveza y botellones de litro y empezaron a comer arroz con carne o pollo con los dedos, para postre un melón y sandía gigantescos que fueron cortando y devorando, al final, se fueron a la orilla del mar a enjuagarse las manos justo al lado de otros bañistas. Patético. No pudimos aguantar más, nos levantamos y nos largarnos pitando. 

Pero es que aparte de los latinos abundaban los lateros paquis y dominicos; estos son otro espectáculo. Cuando llegan lo primero que hacen es clavar una sombrilla y cavar con las manos un profundo hoyo en la arena; al cabo de unos minutos llegan los porteadores con enormes bolsas y neveras repletas de bebidas; en un cerrar de ojos colocan las bolsas llenas en el hoyo y luego lo tapan con la nevera encima y otras cosas; así mantienen frescas las bebidas; estos puntos son los centros de distribución de los cuales parten los vendedores. Pintoresco no? 

Luego están los negros africanos (la mayoría trabajan en la zona agrícola del Maresme o en el top manta) pero algunos suelen moverse por la playa vendiendo bisuterías, gafas y pañuelos; finalmente están las chinas que hacen masajes en la playa que por una cierta cantidad te masajean el cuerpo con no se raro aceite que llevan; por suerte ni lateros, ni africanos ni chinas son gente ruidosa y suelen ser educados y tranquilos. No tengo nada contra los emigrantes, hay gente muy educada y respetuosa, legal, pero ciertos colectivos son inaguantables por sus incívicas conductas. Sin educación no mereces estar en ninguna parte.

"Los barceloneses piden más mano dura con las conductas incívicas. Más de tres cuartas partes mantienen que el Ayuntamiento es blando con los infractores. El 57% asegura que la ordenanza del civismo no ha modificado las actitudes que quería combatir”.
(El Periódico de Catalunya)

Hay países que destacan por su ejemplar comportamiento cívico porque desde pequeños, en familias, escuelas se les educa según estos principios; el Estado además exigen que el país sea un modelo de comportamiento y bienestar común; Austria, Suiza, Noruega, etc, son ejemplos allí de conducta cívica. 

“Más del 79% de los barceloneses consideran que los comportamientos incívicos son bastante o muy habituales en su ciudad. Los comportamientos incívicos de los demás, claro. Con el afán reglamentista que últimamente nos invade, esta ciudad se dotó el 23 de diciembre del 2005 de una llamada ordenanza cívica que metió en el mismo saco desde el botellón de los jóvenes hasta la prostitución callejera, pasando por los skaters, ciertas formas de mendicidad, las pintadas o las meadas en la vía publica. Las sanciones iban –y van– de los 30 a los 3.000 euros”.
Javier Belmonte, periodista

España es Hispalywood, en el sentido irónico de la palabra. De ser un país con cierto glamour se está transformando en un lugar donde la chabacanería, el horterismo, la vulgaridad, la falta de respeto, la inseguridad, la gente que se mofa de la ley y de los principios cívicos, definen su personalidad actual. Y lo malo de todo esto es que llega un momento que te acostumbras a ver la realidad así y se relajan las acciones para reconducirla. Según los medios de comunicación la emigración española es la más conflictiva de Europa. Por ejemplo, inmigrantes rumanos, los más conflictivos de toda europa, mendigan en España y compran mansiones de lujo en Rumanía. Hay tanta mala fe, vandalismo, incivismo, agresividad, que se nota incluso en la circulación de vehiculos.

La educación está en crisis y las personas con principios son cada vez más escasas, las sociedades se están volviendo cada vez más salvajes y anárquicas y de ahí la necesidad que tienen de control y prohibiciones; en vez de educar parece que se pretenda deseducar para poder reprimir, crear pandemias para luego vender vacunas. En el fondo es lo que siempre he dicho que busca el sistema; recuerdo aquella famosa frase que en cierta ocasión dijo la economista Naomí Klein en La Doctrina del Shock, “la sociedad neocapitalista genera primero la inseguridad para luego vender la seguridad”. El futuro pinta mal a no ser que espabilemos antes de que sea demasiado tarde.

Saludos.-

viernes, agosto 14, 2009

¿DERECHOS O CUESTIÓN DE PRINCIPIOS?

"Cuando los que mandan pierden la vergüenza,
los que obedecen pierden el respeto".

Georg Christoph Lichtenberg (1742-1799)
Profesor de física y científico alemán.


Este verano es fácil ver chicas con el combi bikini superior y el mini short super ajustado abajo, o con vestidos playeros cortísimos que muestran parte de las nalgas o con marcadas transparencias mostrando bikini completo debajo, así como ver hombres de todas las edades en bermudas, chanclas y torsos desnudos, todos paseando tan panchos por las calles céntricas de Barcelona, no solo eso si no que, también los hay que van con esas prendas manchadas de la humedad salina y con los pies y piernas llenos de arena pegada con restos aun de cremas solares. He visto incluso a chicas sin nada debajo de los playeros marcando pezones y rajita del culo. Hay tipos que entran en el metro con el torso desnudo y sudado a horas punta cuando los vagones van cargados hasta los topes teniendo que compartir tu recién lavada y planchada camisa de verano con la piel grasienta del turista guarro.

Soy liberal, progresista, con la mente siempre en upload, pero hay registros humanos que no los comparto, simplemente porque una cosa es libertad y la otra es libertinaje, groserismo, guarrería, mal gusto y mofa. Esto parece el país del cachondeo y los de afuera lo saben porque para eso vienen.

No solemos tener los turistas de nivel alto, tipo Polinesia o Seychelles, nuestros turistas son de low cost, vienen con cuatro euros y vuelos charters que incluyen la room, la paella barata, sangría y copas a granel por un tubo y visitas pack por los rincones más típicos de la ciudad. Andan semidesnudos por nuestras calles porque se creen que esto es la tierra de la fiesta eterna. Desde hace un tiempo nuestro querido país se ha convertido en el paradero de todo lo peor salvo algunas excepciones y por respeto no citaré ciertos colectivos que los medios de comunicación citan a menudo.

Por muy interesante que sea a recrearse la vista viendo culitos monos, pechuguitas a la brasa, muslos adobados y torsos en su jugo, a mí personalmente no me divierte ni me estimula semejante gastronomía cavernícola. Si tras 21 siglos de cultura hay que volver a los taparrabos es que realmente los circuitos de están invirtiendo. Hay momentos y zonas donde uno puede lucir, compartir, ver e incluso usar, los atributos físicos tanto femeninos como masculinos. Disponer de cierta ética flexible es una cualidad evolucionada de culturas abiertas ya que de lo contrario caemos en el primitivismo más arcaico. El gran problema de nuestra sociedad es que pasamos de las represiones a los libertinajes con una facilidad pasmosa; parece ser que no sabemos encontrar el punto medio de las cosas y cuando lo intentamos nos vemos atrapados en medio de un torbellino de contradicciones legales.

Pues bien, hay quienes ya están montando el pollo por tales cuestiones y en parte tienen razón. Los hoteleros, las asociaciones vecinales y otros colectivos de ciudadanos, han denunciado el hecho de ir semidesnudo por las calles de Barcelona, por tanto la polémica ya está servida…

¿Debería prohibirse la tendencia a ir desnudo o semidesnudo por las calles de una ciudad?

De momento los que van desnudos al completo son poquísimos y varios los que pasean semi. La legislación española es clara al respecto, el nudismo completo no está prohibido en plena calle si no implica intencionalidad sexual. Esta normativa legal queda respaldada con el curioso hecho de que cada día pasan dos tipos en completa pelota picada por delante de mi trabajo sin que las autoridades puedan hacer nada al referente. ¿En serio? Pues si, y no solo en verano si no incluso en invierno.

Curiosamente parece que con el paso de los tiempos la gente se ve más capaz de despojarse de sus atavíos textiles y dejarse ver lo que antes se ocultaba con excesivo pudor. Y en ciertos sentido la mujer es quien más se ha atrevido a quitarse de ciertos tabúes. Por ejemplo del traje de baño hasta los pies, se pasó a los más ligeros, luego a los bikinis, al topless y a los tanguitas de hilo. Quizás el próximo paso sea nada. Curiosamente los hombres en las playas pasaron de los monos enteros de agua, a los calzones, luego a los slips, a los bermudas ajustados, muy pocos a los tangas y ahora está plagado de bermudas anchos y largos; a los tipos no les importa despelotarse íntegramente pero en cambio les cuesta mucho ponerse prendas de escaso material textil quizás porque piensan que eso los convierte en posibles candidatos al afeminamiento. Los hombres están plagados de manias.

También se ha puesto de moda este año el hecho de compartir las mismas playas nudistas y vestidos y es legal; te guste o no debes aceptar que a tu lado pueda ponerse un tipo de 60 años con el pito colgando y a tu izquierda una nena monísima con el culito al aire mostrando sus morenitas cavidades. Personalmente me encanta el naturismo y siempre que puedo voy a playas donde todos, absolutamente todos, estamos sin textiles que nos aprieten las interioridades y nos dejen marcas. Pero que yo quiera ir como Adán antes de morder la manzana no implica que tenga que imponer mi derecho sobre aquel que tiene su derecho de ir con la bufanda puesta. Así de simple. El punto medio en este caso seria que cada uno de ambos personajes estuviera en su lugar correspondiente y así todos contentos. Hay playas suficientes para todos.

El respeto es una cualidad humana que se comparte por partes iguales no un elemento que se impone desde una sola dirección. Quien impone los respetos siempre es quien más lo incumple. "El respeto mutuo implica la discreción y la reserva hasta en la ternura, y el cuidado de salvaguardar la mayor parte posible de libertad de aquellos con quienes se convive" (Henry F. Amiel (1821-1881) Escritor suizo).

A veces nos gusta complicarnos la vida imponiendo lo que creemos a los demás porque pensamos que es lo justo. Pensamos que nuestra visión de las cosas o nuestro comportamiento es universal. Hoy en día hay una clara tendencia en pensar “yo hago lo que quiero y a quien no le guste que se vaya a tomar viento”. Si uno quiere vivir a su bola lo normal es que se vaya a una isla desierta y viva como un solitario. Allí podrá hacer lo que le venga en gana siempre y cuando los leones, las serpientes o los tiburones se lo permitan porque vayas donde vayas siempre hay quien no está de acuerdo con nuestra presencia. Son los límites a nuestro libre albedrío.

Generalmente la ley debería ser justa y lógica pero no lo es. Suele ser muy complicada, ambivalente y decantable según más convenga y encima los legisladores que hacen las leyes a veces no se enteran ni de la misa a la mitad entrando en contradicciones absurdas y carentes de sentido común. En el tema que nos ocupa la ley, tal como se ha dicho anteriormente, entra al choque con los principios de la ética, la moralidad y la educación prácticamente compartida por la gran mayoría de ciudadanos.

Por ejemplo, en 1989 la ley española eliminó del Código Penal las consideraciones de tipo moral que pesaban sobre el nudismo bajo delito de escándalo público y que había llevado a autorizar espacios especiales para el nudismo; este hecho entraba en contradicción con la Constitución española de 1978, por ello, posteriormente, en 1995, el nuevo Código Penal suprimió esta consideración considerando tan solo como delito el acto y conducta exhibicionista y de provocación estrictamente sexual ante menores o deficientes mentales. Es por ello que actualmente no existe ninguna norma estatal que limite o prohíba qué, dónde, cuánto y cómo deben vestir las personas.

Los ciudadanos, por lo general, suelen ser tolerantes con los estilismos ajenos aunque haya quien siempre mire de reojo según que atavíos, sin embargo se muestran más contrarios cuando la semidesnudez o desnudez afecta a los espacios públicos, no por pudor ni estética para según quienes, sino más bien por cuestión de higiene, sudor, respeto e imagen para otros. “Estamos en una ciudad no en un zona de playa”, aluden los opositores a tales conductas. El sociólogo Salvador Giner comenta que “en las grandes ciudades europeas no se permite ir semidesnudo o desnudo por las calles no porque sea una falta de progresismo si no porque es una falta de educación y respeto. Si el civismo no funciona entonces hay que aplicar un reglamento”.

El vicepresidente de la Asociación de Vecinos de Barcelona, Jordi Giró, considera que “la ciudad debe encontrar un término medio entre la prohibición y el descontrol. Debería recomendarse a los visitantes de las ciudades a mantener las formas y a vestirse con ropa de calle y no de playa. Hay que poner coto a estas conductas antes de que sea demasiado tarde”.

A nivel municipal sería posible regular la desnudez o vestimenta en las vías públicas pero el Ayuntamiento de Barcelona (ciudad) descarta este posibilidad después de haber aplicado recientemente normativas contra el consumo de alcohol en la calle, cierta prostitución, los juegos molestos y orinar en la vía pública, la venta ambulante, los grafitis, etc. Sin embargo el Ayuntamiento de Sitges (localidad de la provincia de Barcelona), adoctrina con su Pacto Cívico del 2008, del uso correcto de los váteres públicos, no hacer ruido por las noches, respetar la vegetación externa y vestir con decoro en plazas, tiendas, locales, calles y paseos marítimos. Por ejemplo, ir sin camiseta está prohibido y quien lo hace primero es avisado y si persiste en su conducta es multado con 350 €.

Además la ropa no solo tapa, protege y moraliza a las personas si no con buen gusto favorece a éstas, estiliza muchos cuerpos y ofrece valores añadidos de personalidad, diferenciación, seducción, encanto,elegancia, estilo y satisfacción, tanto para los que la llevan como para los que la ven. Por supuesto hay quien ni vestido tiene gracia por lo que desnudo o semi desnudo peor aun. La ropa suele ser fiel a las perchas y a las personas pero también es una sabia correctora de muchos defectos corporales.

No hay excusas pues que valgan para ir desnudo o semidesnudo por las calles de una ciudad, bien sea por calor reinante, por comodidad, por libertad, por importación migrada de otros países u por otras causas; las personas debemos mantener cierto código de conducta, de lo contrario las ciudades se convertirían en autenticas jaurías de hacer lo que venga en gana.

Los hombres de los desiertos van tapados hasta la cabeza pero no solo porque sus leyes se lo indican si no incluso por higiene, protección contra el sol y las tormentas de arena. Curiosamente ocurre lo contrario en otras zonas del mundo, como por ejemplo, en la África negra donde muchas tribus van completamente desnudos por las selvas y en sus poblados. Vayan como vayan uno y otros hay un código de conducta común a todos, es decir, o van tapados o van desnudos, pero nunca mezclados. No tiene sentido irse a una playa nudista y estar en bañador como tampoco lo tiene ir en pelotas por una ciudad donde todos van vestidos. No es cuestión de derechos porque si partimos de ese principio también existe el derecho de tirarse pedos o eruptos en público o de bajarse los pantalones en la esquina de la avenida Diagonal con Granvía y dejar un regalito oloroso y marrón como los perros. Por supuesto luego sacar la bolsita de plástico y tras recoger la "ensaimada" depositarla en el contenedor de basuras biológicas no fuera que viniera el guardia de turno y nos multase por no recoger la boñiga.

Saludos.-

Texto KarlFM.-

Fotos: Barcelona desnudos (Google images)

martes, agosto 11, 2009

LOS TRÁGICOS MUNDOS DE TRAVIS SMITH

Todos los artistas tienen en común la experiencia de la distancia insondable que existe entre la obra de sus manos, por lograda que sea, y la perfección fulgurante de la belleza percibida en el fervor del momento creativo: lo que logran expresar en lo que pintan, esculpen o crean es sólo un tenue reflejo del esplendor que durante unos instantes ha brillado ante los ojos de su espíritu.

Juan Pablo II (1920-2005) Papa de la iglesia católica

Travis Smith es un ilustrador y diseñador gráfico norteamericano de San Diego que tiene un don especial para llevarte a la oscuridad de las emociones. Se trata de un artista con una amplísima proyección hacia el mundo de las music covers donde ha plasmado su poder creativo bajo un estilo art dark con bandas metaleras como Psychotic Waltz, Katatonia, Opeth, Devin Townsend entre muchos otros. El mismo se autodefine de la siguiente forma:

Todo mi trabajo depende de la tecnología ya que más allá de cómo empiece cada cosa siempre tengo que unirla y darle vida con la computadora. Es la única manera en que puedo poner lo que veo en mi cabeza en imagen. No tengo un modo estándar para hacer cada cosa. Empiezo cada obra de una manera particular y experimento con distintas cosas hasta que desarrollo la forma correcta en que la pieza debe realizarse. Algunos de mis artistas favoritos son Dave McKean, Niklas Sundin, Ashley Wood, Steven Gammel, Hugh Syme ... Por ejemplo mi trabajo Diabolical Masquerade (“Death’s Design”) es básicamente la historia de alguien o de muchas personas que están marcadas por la muerte. Ya sea por destino o por accidente. Todos nosotros tenemos un tiempo y, en última instancia, estamos viajando hacia el mismo final, algunos más pronto que otros.

Los trabajos de Travis son proyecciones anímicas muy intensas sobre sentimientos que oscilan entre el sufrimiento, la decadencia, la crítica, la soledad, la alienación, el misterio y la muerte. Tiene trabajos realmente impresionantes, de esos que te dejan hiper conectado a un estado hipnótico con seres que surgen de frondosos espacios, que te engullen hacia mundos tenebrosos, rostros que te erizan la piel, fantasmas que aparecen de la oscuridad o de la luz y se meten dentro del alma, ambientes de pesadilla urbana con una clara influencia del psicoanálisis. Utiliza colores monocromos y dualtonos con alguna pincelada policromática, pero la tónica general de sus obras se basa en colores concretos como el rojo, el negro, el azul lunar y los ocres, una tónica general en los artistas de corte oscuro o tenebrae. Maneja y compone simbologías que emiten mensajes iconográficos de los que se pueden obtener distintas lecturas según quien los mire e interprete; los mensajes son tan contundentes que resquebrajan el alma de quien las contempla. 

En algunos de sus trabajos hay cierta tendencia al goticismo tenebroso, es decir, paisajes atmosféricos con cráneos, perros siniestros, carnes en estado putrefacto, criptas, huesos, formas antropomorfas sin definir, otros, en cambio, evolucionan hacia universos psicopáticos o kafkianos, mientras que en ciertos momentos el artista tira hacia lo estrictamente surrealista. Es un artista duro, que muta sus emociones o intuiciones hacia el lado trágico de la vida pero con una clarísima racionalización simbólica de lo que siente e imagina; en definitiva Travis Smith es un talento underground que roza los límites entre diversos estilos, un maestro de lo posiblemente oscilante entre lo sobrenatural y el urbanismo subterráneo. Disfrutad pues de esta selección que he realizado de sus mejores trabajos:

Texto KarlFM.-
Imágenes Travel Smith.-

Saludos.-