viernes, agosto 14, 2009

¿DERECHOS O CUESTIÓN DE PRINCIPIOS?

"Cuando los que mandan pierden la vergüenza,
los que obedecen pierden el respeto".

Georg Christoph Lichtenberg (1742-1799)
Profesor de física y científico alemán.


Este verano es fácil ver chicas con el combi bikini superior y el mini short super ajustado abajo, o con vestidos playeros cortísimos que muestran parte de las nalgas o con marcadas transparencias mostrando bikini completo debajo, así como ver hombres de todas las edades en bermudas, chanclas y torsos desnudos, todos paseando tan panchos por las calles céntricas de Barcelona, no solo eso si no que, también los hay que van con esas prendas manchadas de la humedad salina y con los pies y piernas llenos de arena pegada con restos aun de cremas solares. He visto incluso a chicas sin nada debajo de los playeros marcando pezones y rajita del culo. Hay tipos que entran en el metro con el torso desnudo y sudado a horas punta cuando los vagones van cargados hasta los topes teniendo que compartir tu recién lavada y planchada camisa de verano con la piel grasienta del turista guarro.

Soy liberal, progresista, con la mente siempre en upload, pero hay registros humanos que no los comparto, simplemente porque una cosa es libertad y la otra es libertinaje, groserismo, guarrería, mal gusto y mofa. Esto parece el país del cachondeo y los de afuera lo saben porque para eso vienen.

No solemos tener los turistas de nivel alto, tipo Polinesia o Seychelles, nuestros turistas son de low cost, vienen con cuatro euros y vuelos charters que incluyen la room, la paella barata, sangría y copas a granel por un tubo y visitas pack por los rincones más típicos de la ciudad. Andan semidesnudos por nuestras calles porque se creen que esto es la tierra de la fiesta eterna. Desde hace un tiempo nuestro querido país se ha convertido en el paradero de todo lo peor salvo algunas excepciones y por respeto no citaré ciertos colectivos que los medios de comunicación citan a menudo.

Por muy interesante que sea a recrearse la vista viendo culitos monos, pechuguitas a la brasa, muslos adobados y torsos en su jugo, a mí personalmente no me divierte ni me estimula semejante gastronomía cavernícola. Si tras 21 siglos de cultura hay que volver a los taparrabos es que realmente los circuitos de están invirtiendo. Hay momentos y zonas donde uno puede lucir, compartir, ver e incluso usar, los atributos físicos tanto femeninos como masculinos. Disponer de cierta ética flexible es una cualidad evolucionada de culturas abiertas ya que de lo contrario caemos en el primitivismo más arcaico. El gran problema de nuestra sociedad es que pasamos de las represiones a los libertinajes con una facilidad pasmosa; parece ser que no sabemos encontrar el punto medio de las cosas y cuando lo intentamos nos vemos atrapados en medio de un torbellino de contradicciones legales.

Pues bien, hay quienes ya están montando el pollo por tales cuestiones y en parte tienen razón. Los hoteleros, las asociaciones vecinales y otros colectivos de ciudadanos, han denunciado el hecho de ir semidesnudo por las calles de Barcelona, por tanto la polémica ya está servida…

¿Debería prohibirse la tendencia a ir desnudo o semidesnudo por las calles de una ciudad?

De momento los que van desnudos al completo son poquísimos y varios los que pasean semi. La legislación española es clara al respecto, el nudismo completo no está prohibido en plena calle si no implica intencionalidad sexual. Esta normativa legal queda respaldada con el curioso hecho de que cada día pasan dos tipos en completa pelota picada por delante de mi trabajo sin que las autoridades puedan hacer nada al referente. ¿En serio? Pues si, y no solo en verano si no incluso en invierno.

Curiosamente parece que con el paso de los tiempos la gente se ve más capaz de despojarse de sus atavíos textiles y dejarse ver lo que antes se ocultaba con excesivo pudor. Y en ciertos sentido la mujer es quien más se ha atrevido a quitarse de ciertos tabúes. Por ejemplo del traje de baño hasta los pies, se pasó a los más ligeros, luego a los bikinis, al topless y a los tanguitas de hilo. Quizás el próximo paso sea nada. Curiosamente los hombres en las playas pasaron de los monos enteros de agua, a los calzones, luego a los slips, a los bermudas ajustados, muy pocos a los tangas y ahora está plagado de bermudas anchos y largos; a los tipos no les importa despelotarse íntegramente pero en cambio les cuesta mucho ponerse prendas de escaso material textil quizás porque piensan que eso los convierte en posibles candidatos al afeminamiento. Los hombres están plagados de manias.

También se ha puesto de moda este año el hecho de compartir las mismas playas nudistas y vestidos y es legal; te guste o no debes aceptar que a tu lado pueda ponerse un tipo de 60 años con el pito colgando y a tu izquierda una nena monísima con el culito al aire mostrando sus morenitas cavidades. Personalmente me encanta el naturismo y siempre que puedo voy a playas donde todos, absolutamente todos, estamos sin textiles que nos aprieten las interioridades y nos dejen marcas. Pero que yo quiera ir como Adán antes de morder la manzana no implica que tenga que imponer mi derecho sobre aquel que tiene su derecho de ir con la bufanda puesta. Así de simple. El punto medio en este caso seria que cada uno de ambos personajes estuviera en su lugar correspondiente y así todos contentos. Hay playas suficientes para todos.

El respeto es una cualidad humana que se comparte por partes iguales no un elemento que se impone desde una sola dirección. Quien impone los respetos siempre es quien más lo incumple. "El respeto mutuo implica la discreción y la reserva hasta en la ternura, y el cuidado de salvaguardar la mayor parte posible de libertad de aquellos con quienes se convive" (Henry F. Amiel (1821-1881) Escritor suizo).

A veces nos gusta complicarnos la vida imponiendo lo que creemos a los demás porque pensamos que es lo justo. Pensamos que nuestra visión de las cosas o nuestro comportamiento es universal. Hoy en día hay una clara tendencia en pensar “yo hago lo que quiero y a quien no le guste que se vaya a tomar viento”. Si uno quiere vivir a su bola lo normal es que se vaya a una isla desierta y viva como un solitario. Allí podrá hacer lo que le venga en gana siempre y cuando los leones, las serpientes o los tiburones se lo permitan porque vayas donde vayas siempre hay quien no está de acuerdo con nuestra presencia. Son los límites a nuestro libre albedrío.

Generalmente la ley debería ser justa y lógica pero no lo es. Suele ser muy complicada, ambivalente y decantable según más convenga y encima los legisladores que hacen las leyes a veces no se enteran ni de la misa a la mitad entrando en contradicciones absurdas y carentes de sentido común. En el tema que nos ocupa la ley, tal como se ha dicho anteriormente, entra al choque con los principios de la ética, la moralidad y la educación prácticamente compartida por la gran mayoría de ciudadanos.

Por ejemplo, en 1989 la ley española eliminó del Código Penal las consideraciones de tipo moral que pesaban sobre el nudismo bajo delito de escándalo público y que había llevado a autorizar espacios especiales para el nudismo; este hecho entraba en contradicción con la Constitución española de 1978, por ello, posteriormente, en 1995, el nuevo Código Penal suprimió esta consideración considerando tan solo como delito el acto y conducta exhibicionista y de provocación estrictamente sexual ante menores o deficientes mentales. Es por ello que actualmente no existe ninguna norma estatal que limite o prohíba qué, dónde, cuánto y cómo deben vestir las personas.

Los ciudadanos, por lo general, suelen ser tolerantes con los estilismos ajenos aunque haya quien siempre mire de reojo según que atavíos, sin embargo se muestran más contrarios cuando la semidesnudez o desnudez afecta a los espacios públicos, no por pudor ni estética para según quienes, sino más bien por cuestión de higiene, sudor, respeto e imagen para otros. “Estamos en una ciudad no en un zona de playa”, aluden los opositores a tales conductas. El sociólogo Salvador Giner comenta que “en las grandes ciudades europeas no se permite ir semidesnudo o desnudo por las calles no porque sea una falta de progresismo si no porque es una falta de educación y respeto. Si el civismo no funciona entonces hay que aplicar un reglamento”.

El vicepresidente de la Asociación de Vecinos de Barcelona, Jordi Giró, considera que “la ciudad debe encontrar un término medio entre la prohibición y el descontrol. Debería recomendarse a los visitantes de las ciudades a mantener las formas y a vestirse con ropa de calle y no de playa. Hay que poner coto a estas conductas antes de que sea demasiado tarde”.

A nivel municipal sería posible regular la desnudez o vestimenta en las vías públicas pero el Ayuntamiento de Barcelona (ciudad) descarta este posibilidad después de haber aplicado recientemente normativas contra el consumo de alcohol en la calle, cierta prostitución, los juegos molestos y orinar en la vía pública, la venta ambulante, los grafitis, etc. Sin embargo el Ayuntamiento de Sitges (localidad de la provincia de Barcelona), adoctrina con su Pacto Cívico del 2008, del uso correcto de los váteres públicos, no hacer ruido por las noches, respetar la vegetación externa y vestir con decoro en plazas, tiendas, locales, calles y paseos marítimos. Por ejemplo, ir sin camiseta está prohibido y quien lo hace primero es avisado y si persiste en su conducta es multado con 350 €.

Además la ropa no solo tapa, protege y moraliza a las personas si no con buen gusto favorece a éstas, estiliza muchos cuerpos y ofrece valores añadidos de personalidad, diferenciación, seducción, encanto,elegancia, estilo y satisfacción, tanto para los que la llevan como para los que la ven. Por supuesto hay quien ni vestido tiene gracia por lo que desnudo o semi desnudo peor aun. La ropa suele ser fiel a las perchas y a las personas pero también es una sabia correctora de muchos defectos corporales.

No hay excusas pues que valgan para ir desnudo o semidesnudo por las calles de una ciudad, bien sea por calor reinante, por comodidad, por libertad, por importación migrada de otros países u por otras causas; las personas debemos mantener cierto código de conducta, de lo contrario las ciudades se convertirían en autenticas jaurías de hacer lo que venga en gana.

Los hombres de los desiertos van tapados hasta la cabeza pero no solo porque sus leyes se lo indican si no incluso por higiene, protección contra el sol y las tormentas de arena. Curiosamente ocurre lo contrario en otras zonas del mundo, como por ejemplo, en la África negra donde muchas tribus van completamente desnudos por las selvas y en sus poblados. Vayan como vayan uno y otros hay un código de conducta común a todos, es decir, o van tapados o van desnudos, pero nunca mezclados. No tiene sentido irse a una playa nudista y estar en bañador como tampoco lo tiene ir en pelotas por una ciudad donde todos van vestidos. No es cuestión de derechos porque si partimos de ese principio también existe el derecho de tirarse pedos o eruptos en público o de bajarse los pantalones en la esquina de la avenida Diagonal con Granvía y dejar un regalito oloroso y marrón como los perros. Por supuesto luego sacar la bolsita de plástico y tras recoger la "ensaimada" depositarla en el contenedor de basuras biológicas no fuera que viniera el guardia de turno y nos multase por no recoger la boñiga.

Saludos.-

Texto KarlFM.-

Fotos: Barcelona desnudos (Google images)

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