La vida podría ir mejor si todos nos detuviéramos a pensar y cambiar de dirección, pero nadie sabe como parar la rueda, mejor dicho, no se quiere. Vivimos sobre una cuerda floja y mientras intentamos mantener el equilibrio fuertes vientos nos empujan a caer al abismo. Esa incertidumbre entre caer y mantenerse es lo que hace que la gente tenga miedo y el miedo frena todo bienestar.
Si en tiempos de nuestros padres la vida se construía en base a proyectos de largo plazo hoy en día a duras penas podemos mantener un objetivo inmediato. Por ejemplo, hay millones de personas que sufren mientras trabajan y eso envilece la vida. Las personas, piezas fundamentales de toda sociedad, se han vuelto piezas numeradas con una fecha de caducidad, instrumentos de usar y tirar; da igual lo que seas y hagas, actualmente nadie está seguro en ninguna parte, hoy estás y mañana eres parte de la historia, así de simple, y lo peor es que al poco tiempo de irte ya nadie de acuerda del ti.
La sociedad actual, inserta en una competitividad cada vez más feroz, busca generar individuos egoístas, completamente abyectos, que sean capaces de trabajar o morir sin importar los medios para conseguirlo ni los derechos que se pierdan. No importa que el sujeto tenga una vida personal, que tenga capacidades como ciudadano, necesidades personales, que piense, que sufra, lo único que se valora es su capacidad de producción., de trabajar para el sistema. La sociedad globalizada y capitalista anula a las personas hasta convertirlas en masas de pizza, económicas y fácilmente rellenables. El trabajo es un medio para domesticar a las personas.
El otro día alguien cercano a mí y con cierto cargo en una empresa me remitió un video que me dejó sumergido en el más puro blanco mental; cuando me puse a sincronizar de nuevo mis circuitos saqué todo tipo de carambolas neuronales; parece ser que donde trabaja se ha puesto de moda, desde hace poco tiempo, cierto remix de técnicas que parecen más bien sacadas de una fusión entre código militar y drama cinematográfico. ¿Recordáis la famosa Chaqueta Metálica de Stanley Kubrick? Recordemos por si acaso….
La despersonalización o técnicas de destrucción del yo, son, asimismo, sistemas que se han usado desde tiempos inmemoriales para adiestrar ejércitos despiadados y comandos militares con el fin de obtener auténticas máquinas de matar y de morir sin cuestionarse nada. Hoy en día estas técnicas militares han sido también extrapoladas al mundo trabajo, entre otros. El objetivo es lograr individuos dispuestos a conseguir todo sin pensar en los porqués, máquinas obedientes e imparables dispuestos a cualquier sacrificio por la causa empresarial. ¿Cómo se logra eso? Mediante sugestivas técnicas de manipulación psicológica. Comparemos el sargento cabrón de La Chaqueta Metálica con el entrenador de ventas del siguiente video.
La manipulación es la habilidad de tratar a una persona o a un grupo de personas como si fueran objetos maleables con el fin de dominarlos fácilmente y obtener de ellos cualquier tipo de respuesta. El manipulador no habla a la inteligencia, no respeta la libertad ni la autoestima de sus objetivos, su función de destruir la personalidad del otro para lograr el máximo control del mismo.
En el “Mundo Feliz” de Aldous Huxley, por ejemplo, las personas viven, a través de mensajes hipnopédicos, es decir, completamente manipuladas para creerse felices y obedecer a los intereses del Estado; estos mensajes quedan grabados en las mentes de los individuos de tal manera que se aceptan como verdades inamovibles. La televisión, sin darnos cuenta, nos va hipnotizando hacia tipos de mensajes concretos. Ese es el futuro que nos aguarda: una sociedad donde los trabajadores produzcan sin cesar, donde los ciudadanos no pidan, no protesten, sacrifiquen sus derechos y vida personal y ejecuten, sin rechistar, los guiones establecidos.
Los manipuladores cotidianos son esas personas que pasan por nuestra vida imponiéndonos su visión del mundo y su forma de hacer y sentir. Quienes manipulan devalúan y desprecian, intimidan e inhiben, porque mediante sus amenazas de castigo intentan demostrar poder y fuerza, exigen, critican, remarcan defectos, amenazan y generan sentimiento de culpa. Nada bueno puede salir del maltrato. Quien haya visto La Chaqueta Metálica ya sabe como termina la historia:
Los que miran con recelo, los que elevan su voz más de lo normal, los que no respetan, no escuchan, imponen si razonar, los que usan malos modos, humillan, los que encuentran que todo trabajo es defectuoso, los que propagan chismes, los que no confían en los demás, forman parte de una fauna social que usa la violencia como estrategia. Parece que hoy en día estos métodos se han puesto de moda en muchos curros.
El Informe de la OIT (Organizacion International del Trabajo), revela el aumento de la violencia en los lugares de trabajo en la mayor parte del mundo, siendo especialmente indicado la violencia psicológica y el aumento el autoritarismo laboral. Esta realidad empresarial marca el fin del compañerismo produciendo la quiebra solidaria de los trabajadores y la aparición de actitudes muy individualistas.
En algunas empresas suele darse el caso que, ciertos personajes que han subido de categoría, de repente empiezan, sin ton ni son, a experimentar cambios de personalidad mostrando incluso formas inauditas de comportamiento; si antes del ascenso eran afables, solidarios y con sentido del humor, el cambio los convierte en personas irascibles, nerviosas, intermitentes, lunáticas, e incluso a veces esperpénticas, los casois más graves incluso destruyen toda capacidad de relación. Son personajes que no asimilan el nuevo menú y se ahogan en su propia indigestión.
Sin lugar a dudas se trata se lideres donde la falta de empatía se intenta suplir mediante la afirmación de un autoritarismo rígido y distante. No escuchan, viven obcecados en sus trece, provocando tensas relaciones que, a la larga, terminan en rupturas o bajas laborales. Son los clásicos que imponen "a usted se le paga por trabajar, no por pensar", "aquí se hace lo que yo digo, y al que no le guste, a la calle", "el que no está conmigo, está contra mi", etc. Se trata, sin lugar a dudas, de distintas formas de abuso de poder.
También es cierto que en muchas empresas hay personas que tienen mayor probabilidad de ser envidiadas por sus características personales, sociales o familiares, por su éxito social, inteligencia, apariencia física, forma de ser en general. Estas personas suelen caer bajo las redes de manipuladores, envidiosos y acosadores, una conducta muy frecuente en nuestra sociedad actual sobretodo en los puestos de trabajo. Generalmente las personas pacíficas suelen ser víctimas de jefes desaprensivos quienes enmascaran sus propias debilidades bajo ese disfraz de autoridad extrema.
En otras ocasiones el acoso laboral o mobbing aparece como consecuencia de estas relaciones de manipulación psicológica. No es violencia física, sino más bien un acoso psicológico persistente que suele afectar a trabajadores perfectamente válidos, capaces, bien valorados y creativos. Las víctimas frecuentemente son personas superdotadas que suelen ser los mejores de la organización. Suelen ser sujetos con elevada ética, honradez y rectitud, así como con un alto sentido de la justicia. Personas con alguna característica que los distingue, personas altamente capacitadas. Personas populares, líderes natos. Personas con una elevada capacidad empática, sensibilidad o comprensión del sufrimiento ajeno. Personas con situaciones personales o familiares altamente satisfactorias. Como dijo recientemente Michel Lebouf en su libro El Gran Secreto de la Motivación, “dirigir no es mandar sino conducir la gente al éxito”. EVITEMOS CONVERTIRNOS EN CHAQUETAS METÁLICAS.
Saludos.-
Texto KarlFM.-
Ilustración: www.conexionbrando.com
Si en tiempos de nuestros padres la vida se construía en base a proyectos de largo plazo hoy en día a duras penas podemos mantener un objetivo inmediato. Por ejemplo, hay millones de personas que sufren mientras trabajan y eso envilece la vida. Las personas, piezas fundamentales de toda sociedad, se han vuelto piezas numeradas con una fecha de caducidad, instrumentos de usar y tirar; da igual lo que seas y hagas, actualmente nadie está seguro en ninguna parte, hoy estás y mañana eres parte de la historia, así de simple, y lo peor es que al poco tiempo de irte ya nadie de acuerda del ti.
La sociedad actual, inserta en una competitividad cada vez más feroz, busca generar individuos egoístas, completamente abyectos, que sean capaces de trabajar o morir sin importar los medios para conseguirlo ni los derechos que se pierdan. No importa que el sujeto tenga una vida personal, que tenga capacidades como ciudadano, necesidades personales, que piense, que sufra, lo único que se valora es su capacidad de producción., de trabajar para el sistema. La sociedad globalizada y capitalista anula a las personas hasta convertirlas en masas de pizza, económicas y fácilmente rellenables. El trabajo es un medio para domesticar a las personas.
El otro día alguien cercano a mí y con cierto cargo en una empresa me remitió un video que me dejó sumergido en el más puro blanco mental; cuando me puse a sincronizar de nuevo mis circuitos saqué todo tipo de carambolas neuronales; parece ser que donde trabaja se ha puesto de moda, desde hace poco tiempo, cierto remix de técnicas que parecen más bien sacadas de una fusión entre código militar y drama cinematográfico. ¿Recordáis la famosa Chaqueta Metálica de Stanley Kubrick? Recordemos por si acaso….
La despersonalización o técnicas de destrucción del yo, son, asimismo, sistemas que se han usado desde tiempos inmemoriales para adiestrar ejércitos despiadados y comandos militares con el fin de obtener auténticas máquinas de matar y de morir sin cuestionarse nada. Hoy en día estas técnicas militares han sido también extrapoladas al mundo trabajo, entre otros. El objetivo es lograr individuos dispuestos a conseguir todo sin pensar en los porqués, máquinas obedientes e imparables dispuestos a cualquier sacrificio por la causa empresarial. ¿Cómo se logra eso? Mediante sugestivas técnicas de manipulación psicológica. Comparemos el sargento cabrón de La Chaqueta Metálica con el entrenador de ventas del siguiente video.
La manipulación es la habilidad de tratar a una persona o a un grupo de personas como si fueran objetos maleables con el fin de dominarlos fácilmente y obtener de ellos cualquier tipo de respuesta. El manipulador no habla a la inteligencia, no respeta la libertad ni la autoestima de sus objetivos, su función de destruir la personalidad del otro para lograr el máximo control del mismo.
En el “Mundo Feliz” de Aldous Huxley, por ejemplo, las personas viven, a través de mensajes hipnopédicos, es decir, completamente manipuladas para creerse felices y obedecer a los intereses del Estado; estos mensajes quedan grabados en las mentes de los individuos de tal manera que se aceptan como verdades inamovibles. La televisión, sin darnos cuenta, nos va hipnotizando hacia tipos de mensajes concretos. Ese es el futuro que nos aguarda: una sociedad donde los trabajadores produzcan sin cesar, donde los ciudadanos no pidan, no protesten, sacrifiquen sus derechos y vida personal y ejecuten, sin rechistar, los guiones establecidos.
Coronel: ¡Marine! ¿Qué es esa chapa que llevas ahí?
Bufón: Un símbolo de paz, ¡señor!
Coronel: ¿Y qué llevas escrito en tu casco?
Bufón: Nacido para matar, ¡señor!
Coronel: Nacido para matar en el casco y una insignia de paz en la solapa ...
¿Qué significa?
Bufón: No lo sé, señor!
Coronel: No lo sabes muy bien, ¿verdad?
Bufón: Uh ... No ...
Coronel: ¡¡Pues no te hagas la picha un lío que te meto un paquete que te cagas!!
Full Metal Jacket – La Chaqueta Metálica
Stanley Kubrick
Bufón: Un símbolo de paz, ¡señor!
Coronel: ¿Y qué llevas escrito en tu casco?
Bufón: Nacido para matar, ¡señor!
Coronel: Nacido para matar en el casco y una insignia de paz en la solapa ...
¿Qué significa?
Bufón: No lo sé, señor!
Coronel: No lo sabes muy bien, ¿verdad?
Bufón: Uh ... No ...
Coronel: ¡¡Pues no te hagas la picha un lío que te meto un paquete que te cagas!!
Full Metal Jacket – La Chaqueta Metálica
Stanley Kubrick
Los manipuladores cotidianos son esas personas que pasan por nuestra vida imponiéndonos su visión del mundo y su forma de hacer y sentir. Quienes manipulan devalúan y desprecian, intimidan e inhiben, porque mediante sus amenazas de castigo intentan demostrar poder y fuerza, exigen, critican, remarcan defectos, amenazan y generan sentimiento de culpa. Nada bueno puede salir del maltrato. Quien haya visto La Chaqueta Metálica ya sabe como termina la historia:
Los que miran con recelo, los que elevan su voz más de lo normal, los que no respetan, no escuchan, imponen si razonar, los que usan malos modos, humillan, los que encuentran que todo trabajo es defectuoso, los que propagan chismes, los que no confían en los demás, forman parte de una fauna social que usa la violencia como estrategia. Parece que hoy en día estos métodos se han puesto de moda en muchos curros.
El Informe de la OIT (Organizacion International del Trabajo), revela el aumento de la violencia en los lugares de trabajo en la mayor parte del mundo, siendo especialmente indicado la violencia psicológica y el aumento el autoritarismo laboral. Esta realidad empresarial marca el fin del compañerismo produciendo la quiebra solidaria de los trabajadores y la aparición de actitudes muy individualistas.
En algunas empresas suele darse el caso que, ciertos personajes que han subido de categoría, de repente empiezan, sin ton ni son, a experimentar cambios de personalidad mostrando incluso formas inauditas de comportamiento; si antes del ascenso eran afables, solidarios y con sentido del humor, el cambio los convierte en personas irascibles, nerviosas, intermitentes, lunáticas, e incluso a veces esperpénticas, los casois más graves incluso destruyen toda capacidad de relación. Son personajes que no asimilan el nuevo menú y se ahogan en su propia indigestión.
Sin lugar a dudas se trata se lideres donde la falta de empatía se intenta suplir mediante la afirmación de un autoritarismo rígido y distante. No escuchan, viven obcecados en sus trece, provocando tensas relaciones que, a la larga, terminan en rupturas o bajas laborales. Son los clásicos que imponen "a usted se le paga por trabajar, no por pensar", "aquí se hace lo que yo digo, y al que no le guste, a la calle", "el que no está conmigo, está contra mi", etc. Se trata, sin lugar a dudas, de distintas formas de abuso de poder.
También es cierto que en muchas empresas hay personas que tienen mayor probabilidad de ser envidiadas por sus características personales, sociales o familiares, por su éxito social, inteligencia, apariencia física, forma de ser en general. Estas personas suelen caer bajo las redes de manipuladores, envidiosos y acosadores, una conducta muy frecuente en nuestra sociedad actual sobretodo en los puestos de trabajo. Generalmente las personas pacíficas suelen ser víctimas de jefes desaprensivos quienes enmascaran sus propias debilidades bajo ese disfraz de autoridad extrema.
En otras ocasiones el acoso laboral o mobbing aparece como consecuencia de estas relaciones de manipulación psicológica. No es violencia física, sino más bien un acoso psicológico persistente que suele afectar a trabajadores perfectamente válidos, capaces, bien valorados y creativos. Las víctimas frecuentemente son personas superdotadas que suelen ser los mejores de la organización. Suelen ser sujetos con elevada ética, honradez y rectitud, así como con un alto sentido de la justicia. Personas con alguna característica que los distingue, personas altamente capacitadas. Personas populares, líderes natos. Personas con una elevada capacidad empática, sensibilidad o comprensión del sufrimiento ajeno. Personas con situaciones personales o familiares altamente satisfactorias. Como dijo recientemente Michel Lebouf en su libro El Gran Secreto de la Motivación, “dirigir no es mandar sino conducir la gente al éxito”. EVITEMOS CONVERTIRNOS EN CHAQUETAS METÁLICAS.
Saludos.-
Texto KarlFM.-
Ilustración: www.conexionbrando.com